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México D.F. Jueves 4 de diciembre de 2003

Martí Batres Guadarrama

Los paraísos fiscales intocables

Los triunfadores electorales de 2000 se han empecinado en tratar de convencernos de que la reforma fiscal de carácter estructural es la imposición del IVA en medicinas y alimentos. Refuerzan su andanada con el argumento de que hay que terminar con los sistemas de exención fiscal y arguyen que todo bien y servicio debe estar gravado con la misma tasa, sin excepciones. Sin embargo, al observar la propuesta que formula una y otra vez el secretario de Hacienda, viejo operador de la tecnocracia priísta, se observa que no hay modificación estructural alguna que se esté planteando. Precisamente se deja intocable el conjunto de sistemas de exención fiscal de las clases opulentas, es decir, los llamados paraísos fiscales.

En el régimen fiscal mexicano observamos un conjunto de sistemas de excepción. Entre ellos se encuentran: el régimen de consolidación fiscal, el régimen simplificado, la ausencia de obligaciones fiscales en las transacciones de bolsa, el régimen fiscal para exportadores, los apoyos a la maquila, entre otros.

Estos regímenes de excepción permiten de hecho que el gran capital nacional y extranjero pague menos impuestos que los demás contribuyentes, e incluso que no pague. Por eso el gran agujero en el sistema fiscal mexicano no se encuentra en el impuesto al valor agregado, sino en el impuesto sobre la renta.

Por ejemplo, el llamado régimen de consolidación fiscal permite nivelar pérdidas y ganancias de empresas que tienen diversas filiales, de tal manera que las pérdidas se descuentan a los impuestos que tienen que pagar los grandes consorcios, y dejan de entrar así al erario alrededor de 50 mil millones de pesos cada año (beneficio que, por cierto, no tienen las empresas públicas).

Existe el régimen simplificado también para tienditas, misceláneas, transportistas de los llamados hombre camión, en fin, para aquellos pequeños negocios que por su naturaleza no pueden tener un sistema contable plenamente organizado de acuerdo con las normas generales. Este régimen, sin embargo, lo utilizan también medianas y hasta gigantescas empresas agropecuarias y transportistas, que pagan como si fueran tienditas, dejando escapar más o menos otros 50 mil millones de pesos. Las empresas destinadas a la exportación y la maquila están inscritas en otro apartado especial, que de hecho las libera de las responsabilidades fiscales, aun cuando generen amplísimas ganancias.

Otro régimen de excepción muy importante se da en el ámbito bursátil. Las grandes transacciones que se realizan en bolsa no pagan un centavo de impuestos; así sucedió, por ejemplo, hace dos años, al realizarse una transacción en bolsa por medio de la cual Banamex vendió sus acciones al Grupo Citibank, operación que implicó 12 mil millones de dólares, es decir, 120 mil millones de pesos de ingresos para los vendedores y cero centavos para el fisco. La pregunta es por qué si las pequeñas transacciones comerciales pagan im-puesto no así las grandes transacciones bursátiles.

A estos regímenes especiales tendríamos que agregar otros sistemas fácticos de evasión o elusión. Por ejemplo, si una persona física obtiene ingresos por su salario formal, sus bonificaciones, utilidades, dividendos, rentas, regalías, etcétera, generalmente sólo paga la parte proporcional al salario formal, no así la parte proporcional al resto de los ingresos reales que sí tiene, pero que no cuenta a la hora de las declaraciones y las responsabilidades fiscales. O también tendríamos que contar los mecanismos de devolución de impuestos a las grandes empresas, las condonaciones, los cálculos contables a la baja, los padrones de contribuyentes incompletos, y los numerosos sistemas de "estímulo a la producción".

Si bien la Secretaría de Hacienda reconoce que en el impuesto sobre la renta se evaden más de 200 mil millones de pesos, tomando en cuenta el conjunto de mecanismos de excepción que generan evasión o elusión institucionalizada, se puede decir que dejan de pagarse más de 500 mil millones de pesos de impuesto sobre la renta cada año.

Ninguna de estas formas de excepción, ninguno de estos regímenes forma parte de las estructuras sujetas a la reforma "estructural". De hecho, la reforma que se propone no toca ninguna estructura, es simplemente una reforma recaudatoria que no atiende por lo demás a ningún esquema de recuperación económica y menos aún aborda las principales causas de la evasión o de la elusión fiscal; simplemente se propone que el consumidor de artículos, bienes y servicios básicos pague más impuestos de los que paga actualmente. Si tomamos en cuenta que además el gobierno federal plantea reducir las tasas más altas del impuesto sobre la renta a personas físicas y morales, entonces nos damos cuenta de cuáles son los propósitos de esta supuesta reforma fiscal. No se propone una reforma de las estructuras fiscales de nuestro país, tampoco el objetivo es que crezcan los ingresos con los cuales cuente el Estado mexicano y ni siquiera se trata de terminar con los sistemas de excepción o régimen de exención que en nuestro país protegen sobre todo a los grandes poderes económicos.

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