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México D.F. Domingo 14 de diciembre de 2003

Rolando Cordera Campos

La triste verdad

Del champurrado fiscal licuado a la última hora se pasó al aquelarre de San Lázaro donde lo único que triunfa es el bochorno: ni la patria se puso al borde del colapso ni los diputados de la oposición devinieron héroes en su defensa y salvación. El país sigue su triste marcha por el estancamiento estabilizado y el Estado viste de harapos, mientras el secretario de Hacienda y su fiel escudero encargado de la tijera presupuestaria se aprestan a continuar su tarea preferida: reducir el Estado a su mínima expresión y dejar la economía al amparo del mercado libre, sin bules para nadar y sin fuelles para resortear y ponerse a andar.

Todo es y ha sido azar en la visión y convicción del actual gobierno. El presidente Fox yerra de nuevo al amenazar con el veto, antes de que la Comisión de Hacienda se organice para salir al paso de la adversidad y la premura. Como Mambrú, el gobierno entero se va a la guerra y nadie sabe si volverá. La crisis política sigue marcando la pauta de la vida pública mexicana, pero la absurda campaña mediática por unas reformas ridículas e inconsistentes, y la agresividad de la televisión, la radio y parte de la prensa escrita nos advierten de algo más grave: la crisis política puede tornarse sin más en crisis de la política, como concepto y práctica civilizados y civilizatorios, y entonces sí que la cosa se pondrá grave. Sin lenguaje no hay política ni cultura ni razón, y a socavarlo se han dedicado en estos días los medios y muchos actores políticos que no se dan cuenta de que cavan su propia tumba.

La reforma fiscal parece ser tarea demasiado seria como para dejarla en manos de unos reformistas de ocasión que no ven más allá de sus narices. De lo único que puede estarse seguro hoy es de que por la senda propuesta por el PAN y sus amanuenses priístas no se va a ninguna parte, salvo al pantano o a perder el rumbo para morir helados como el jaguar de Hemingway. Romper la dependencia de esa senda, por la que el país ha transitado por demasiados años, es el desafío mayor de la política democrática y moderna. Quizás sea por eso que nadie hace caso del tema y los partidos mejor se dedican a partir y a partirse.

Insistir en que no hay más ruta que el IVA y sucedáneos a cual más de ridículos permite evadir la cuestión central de esta hora peligrosa de México: sin atacar la elusión y la evasión fiscales, sin globalizar ingresos provenientes de todas las fuentes, sin gravar las operaciones financieras adecuadamente y sin subsidios y protecciones subrepticios, no habrá reforma legítima y la gente se negará a ver gravado su consumo básico. La única manera de llegar a un régimen fiscal donde no priven las excepciones y todos paguemos impuestos es mediante la constatación fehaciente de que los que más tienen y ganan pagan más y de manera progresiva. Esto, que es el abc de la política fiscal, se relegó por todos los partidos que presumen de reducir las tasas impositivas a la renta mientras despojan al Estado de los recursos mínimos necesarios. Eso no es populismo sino tontería demagógica y suicida. Y en esas andamos.

De lo grotesco en San Lázaro se pasó a lo patético en Xicoténcatl. Ahí, sin el fragor de las gesticulaciones y los gritos o las señales pueriles, se religió al gobernador del Banco de México sin mayor trámite ni comparecencia y la República se perdió la oportunidad de oro de empezar a entender y enterarse de las irregularidades y abusos mil que han empedrado el camino del infierno en que resultó el rescate bancario. Arropados en la defensa de la estabilidad mortecina que ofrece Guillermo Ortiz a cambio de la confianza de "los mercados", senadores de todos los colores le dieron al salvador de la banca vía libre para conducir el banco central sin siquiera una recomendación en materia de ampliar su visión y misión para que deje de ser el inicuo cancerbero del crecimiento económico nacional.

Por fortuna, entre lo grotesco y lo patético, una muestra sencilla, coherente de dignidad. Según nota de Andrea Becerril y Georgina Saldierna, el senador Carlos Rojas "advirtió incluso que la urgencia del presidente Fox por sacar su propuesta fiscal es para pagar la deuda del rescate bancario". Rojas admitió que el rescate se hizo para sortear la peor crisis económica de la historia, pero añadió: "todos sabemos que se cometieron abusos, que se actuó con discrecionalidad y que hoy todavía no tenemos la claridad que la sociedad nos está demandando. Este es un pendiente que no podemos soslayar..." Es una pena, dijo, "que la tardanza con que Fox mandó la propuesta al Senado nos haya impedido despejar diversas preguntas que nos hacemos sobre las cuales el doctor Ortiz tiene un conocimiento amplio" (La Jornada, 12/12/03, p. 24)

Unas por otras. Quedémonos con las que nos ha ofrecido la conducta de Carlos Rojas. Se puede hacer y defender la política sin renunciar a la congruencia ni poner los principios en subasta.

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