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México D.F. Jueves 22 de enero de 2004

Olga Harmony

ƑEn qué piensas?

El año pasado se cumplió el centenario del natalicio de Xavier Villaurrutia y este año se cumplirá el de Salvador Novo. Ambos, amigos desde la preparatoria, pertenecientes al movimiento -teatro y revista- de Ulises y de Contemporáneos, son unidos escénicamente en este montaje que Ricardo Ramírez Carnero hace de ƑEn qué piensas?, misterio en un acto del primero, lo que viene a ser un excelente puente entre las dos conmemoraciones. Es más que sabido y se repitió en los homenajes a Villaurrutia y sin duda se repetirá en los que se hagan a Novo, el hecho de que junto a otros personajes de igual valía, pugnaron porque entraran a las letras mexicanas los aires renovadores del extranjero, sobre todo Francia y Estados Unidos. Frente al nacionalismo posrevolucionario Villaurrutia -y en esto ''el grupo sin grupo" no coincide siempre- defiende la vigencia del arte por el arte. En su teatro, sobre todo en sus primeros textos dramáticos, se observa -como señalan sus estudiosos- un gran poder de abstracción y la absoluta ausencia de fundamentación de sus personajes, que nunca intentan ser personas -como sostiene Alí Chumacero en el prólogo de sus Obras completas publicadas por el Fondo de Cultura Económica- y muestra un gran desdén por el teatro realista.

Proponer la escenificación de un texto tan difícil y de un autor ya tan estudiado, no puede hacerse de manera ingenua, porque ha llovido bajo los puentes teatrales mucho desde su estreno en 1934, dirigida por Celestino Gorostiza y a pesar de su restreno en 1940 por Rodolfo Usigli. El juego que hace Villaurrutia con los tres tiempos posibles del amor e incluso de la existencia (''...pero Ƒqué son en este caso presente, pasado y porvenir, sino palabras?" dice María Luisa a sus tres galanes) y por el que sin duda calificó a su texto de misterio, puede darse de manera realista, con lo que se perdería hoy ese deliberado artificio que quiso el autor para su obra, o puede intentarse una escenificación tan artificial que resalten los propuestas de Villaurrutia aun para el más lego. Ramírez Carnero eligió este último camino, mediante un recurso muy inteligente.

En una excelente escenografía de Arturo Nava, tan realista como el vestuario del mismo diseñador escénico, que reproduce los dos espacios pedidos por el autor -estudio de Carlos y antesala-, a los que se agrega un tercero y más elevado junto a un piano en el que un hombre corpulento toca el tango, tan de moda en los años 30 y que dará el ritmo del marcaje de la obra. Un hombre más pequeño lee su manuscrito al amigo que está al piano y Carlos aparece tal y como lo pide el autor que lee, al que pronto identificamos como Xavier Villaurrutia y al amigo como Salvador Novo. Los actores que hacen estos personajes -nunca señalados en el programa de mano- y el director de la escenificación se dieron a la tarea de expurgar algunos diálogos del propio Novo tanto de A ocho columnas como de La culta dama para armar una dramaturgia paralela que permite, al tratarse de una supuesta lectura y a pesar de ciertos anacronismos en nombres de personas y lugares que no se corresponden a los inicios de la tercera década del siglo pasado, una total estilización de movimientos, gestos y enunciados muy cercana a una coreografía. La total irrealidad se acentúa con el vestuario igual -excepto al principio en que Carlos está en saco de fumador- de los tres galanes.

Alguna interrupción, como el teléfono que suena con una llamada para el supuesto Novo, los diálogos que se cruzan ambos escritores o sus desplazamientos al área del estudio de Carlos, mientras los personajes se congelan al interrumpirse la lectura, son contrastantes por realistas, con ese teatro dentro del teatro que pergeñó Ramírez Carnero. La afectación gestual de los actores varones (Manuel Sevilla como Carlos, Everardo Arzate como Víctor y Javier Guardado como Ramón, en los principales papeles) tiene su contraparte en la presencia muy fuerte de Claudia Ríos como María Luisa, con lo que se la apuntala como el eje alrededor del cual discurre la trama del pequeño misterio temporal que propone Villaurrutia y que en este montaje vuelve a ser disfrutado por la gente joven que celebra la agudeza de los diálogos y la concepción del director.

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