Son abandonadas en hospitales siquiátricos

Inequidad social, violencia y roles femeninos atentan contra la salud mental de las mujeres

* Faltan medicamentos y recursos para atenderlas

Aleyda Aguirre -- Ellas han llegado hasta ahí después de deambular por las calles, haber sido violadas, sufrido alguna pérdida o cualquier otra situación que abrió la puerta a la locura. A algunas las han reingresado a los siquiátricos sus propias parejas, por presentar algún signo de histeria luego de haber ejercido sobre ellas violencia sexual, física o sicológica.

Sus nombres pueden no importarle a nadie, pero sus testimonios son carne viva: "él anda con otra mujer y cuando yo me molesto por eso, me trae al siquiátrico", dice la voz agobiada de alguien a quien le han diagnosticado hipotiroidismo congénito.

Sólo están "locas", sin pasado, sin historia, y muchas veces sin futuro, pues en los hospitales donde están recluidas no reciben la atención ni los medicamentos necesarios para superar su enfermedad. Ahí también son presas de la violencia institucional, que por considerarlas insanas las deja fuera de la sociedad.

Detrás de cada una de ellas hay una historia que quizá empezó en la depresión (una de cada cinco mujeres es depresiva, por uno de cada 10 hombres) y concluyó en la pérdida del control de sí mismas. Fueron llenando sus vidas de fantasmas derivados de la inequidad social y la pobreza, de sus roles de hijas, madres y esposas, lo que en el peor de los casos las llevó a quitarse la vida

Depresivas, esquizofrénicas, alcohólicas, drogadictas, obsesivas, neuróticas, anoréxicas y bulímicas se han sumado a la lista de mujeres que no han podido soportar y acostumbrarse a los malos tratos, a los golpes, a la violencia sicológica, a su papel de amas de casa, a su triple jornada laboral, a cuidar a los hijos e hijas y a los enfermos, a los estereotipos del ser mujer...

Las exigencias de que sean abnegadas, sumisas, no reclamen ni expresen malestar; el parto, el puerperio (convalescencia de la gestación), son vistos sólo como "males de mujeres" y no son considerados con seriedad, al grado de que "ni siquiera aparecen en la Clasificación Internacional de Enfermedades". Hasta el cese de la reproducción genera conflictos en las mujeres, describen en el artículo Mujeres y salud , Mabel Burín y Janet Hayde.

Fenómenos como la feminización de la pobreza y el aumento de las mujeres jefas del hogar han taladrado la salud mental de las mujeres, pues ahora debido a su "ingreso masivo al mercado de trabajo, experimentan problemas como el síndrome de la fatiga crónica, acoso laboral, trastornos alimenticios y adicciones", reafirma la investigación Mujeres y salud mental, los espejos de la desigualdad, de Adriana Gómez y Cristina Grela.

Aunque pareciera que su desesperación e impotencia terminan cuando pierden la razón, la pesadilla continúa cuando caen en alguno de los siquiátricos del país. Según datos proporcionados por la dirección General de Rehabilitación Psicosocial, al menos cerca de 600 mujeres están condenadas a “cadena perpetua” internadas en 17 hospitales siquiátricos de la Secretaría de Salud. Conviven diariamente con su enfermedad, con la soledad, las carencias, la suciedad y el abandono tanto de sus familiares como de las autoridades.

Tienen en promedio 21 años de encierro, sin ninguna posibilidad de rehabilitación e integración a la sociedad. Incluso hay quienes llevan 58 años de aislamiento.

Después de la locura, la pesadilla continúa

El Hospital José Sáyago, ubicado en el estado de México, concentra a 320 enfermas que van de los 17 a los 94 años de edad. Muchas de ellas vagaban por las calles, en completa indigencia, y no tienen familiares. Cerca del 20 por ciento están en edad reproductiva.

En el Sáyago existen cinco pabellones, en cada uno hay un promedio de 60 internas que son atendidas por un médico siquiatra, uno general y dos o tres enfermeras, personal "insuficiente" a decir de Lurdes Rivero, directora del lugar. También hay carencias de equipo, medicamentos, ropa y utensilios de cocina. Las lavadoras están descompuestas y las cámaras de refrigeración no funcionan. Hacen falta alimentos balanceados, pues algunas internas están desnutridas y padecen diabetes. "Desde marzo del año pasado no nos han surtido medicamento sicotrópico; las usuarias se han desequilibrado por el cambio de medicamento. Nuestro presupuesto lo maneja el Instituto de Salud del Estado de México y sólo nos otorga un fondo revolvente de 10 mil pesos mensuales para emergencias", denunció Rivero.

La manutención del hospital en realidad se lleva a cabo "a través de donaciones", las Instituciones de Asistencia Privada les surten ropa, sobre todo para el invierno; toallas sanitarias y papel higiénico. Aún así, el apoyo "resulta insuficiente" y cuando las enfermas están en su periodo menstrual, tienen que usar trapos "o nada".

"Están en riesgo constante", denuncia. Por el nulo mantenimiento del lugar, hace poco tuvieron una fuga de agua, además hay muchos vidrios rotos. Por tener la podadora descompuesta, el pasto creció y se llenaron de plagas.

"Los hospitales siquiátricos están relegados, piensan que son personas improductivas. De todos los enfermos que hay en el país, quienes padecen problemas siquiátricos son los menos atendidos", expresa.

Hasta hace dos años, los índices de mortalidad en el Sáyago eran muy altos. Anualmente morían cerca de 20 mujeres. Aunque las condiciones en las que se encuentran son precarias, en algunos aspectos ha habido mejorías; hasta octubre del 2003 sólo se registraron tres decesos de mujeres adultas. "Anteriormente, en el acta de defunción sólo se asentaba que habían muerto por broncoaspiración, ahora se dice la verdadera causa de la muerte”.

Rivero asegura que "no se tiene registro de abuso sexual", pero en 1981 "eran prostituidas. Por las noches entraban hombres y mantenían relaciones sexuales con ellas", los hijos o hijas resultado de ese abuso, eran adoptados por la familia de la interna o por alguna institución.

En 1980, el Sáyago inició un programa de rehabilitación con el cual las internas pudieron empezar a salir "de paseo" acompañadas por personal del hospital. La propia directora del lugar ve como una esperanza el que se hayan empezado a proporcionar talleres de decorado de barro y costura. El material que elaboran es vendido y se les paga un sueldo de 70 y 200 pesos semanales respectivamente. Ello las ayuda a estabilizarse.

De su sexualidad, ni se habla, con tanta escasez, esas necesidades “son un lujo”. Además, la mayoría vive en el abandono y quienes visitan a sus parejas “no piensan en eso, por temor a la enfermedad".

Linda Brito, terapista ocupacional, cuenta que Tila -así le decían, porque su verdadero nombre lo desconocían- una mujer indígena, estuvo encerrada en el Sáyago hasta que murió. Al parecer, Tila no padecía de sus facultades mentales, pero la llevaron ahí porque no sabía hablar castellano. Nadie se ocupó de su caso y Tila quedó aprisionada en el hospital sin poder ser entendida por hablar una lengua distinta. En un caso similar están las mujeres que solamente por padecer epilepsia son asiladas en los siquiátricos.

La violencia es hermana de la locura

Aunque las mujeres padecen crisis severas de depresión e intentan con más frecuencia suicidarse, son más los hombres quienes lo logran, porque su tentativa es más violenta, explica Carmen Rojas, de la Subdirección de Enseñanza, Investigación y Capacitación del Hospital Fray Bernardino.

Dicho nosocomio tiene cabida para 300 personas, la mitad hombres y la otra mitad mujeres. A la consulta externa acuden de manera minoritaria los hombres; tal vez por los horarios en los que se otorga la consulta ambulatoria: de lunes a viernes por la mañana, explica.

En el área de urgencias se reciben en promedio 60 personas al día, 40 de ellas son mujeres sicóticas, con trastorno afectivo, ansiedad, pánico, epilepsia... la mayoría tienen entre 30 y 40 años.

Si un hombre padece un trastorno mental, tiene quien lo cuide, a ellas las abandonan. Existe mucho rechazo a la enfermedad siquiátrica, piensan que se pega, por ello se otorgan también pláticas semanales con los parientes de los afectados.

Irma Basurto es médica siquiatra del Fray Bernardino, trabaja desde 1994 con mujeres que padecen violencia y tienen problemas siquiátricos a consecuencia de los malos tratos.

Actualmente se reúne con 13 mujeres: “hay quienes reconocen su situación de violencia e intentan cambiarla, pero otras prefieren seguir en la dependencia aunque las golpeen; después de dos sesiones, éstas últimas se van”.

Llegan con un cuadro depresivo: mucha tristeza, baja autoestima, llanto fácil, miedo a salir a la calle, dificultad para interactuar; la mayoría son amas de casa de entre 23 y 56 años. Además de ser violentadas físicamente, las “torturan psicológicamente”, no les dan dinero, les dicen que están feas, las minimizan. En los talleres, describe, se les enseña a ser independientes, a hacer cosas sin su pareja, aunque a veces sus compañeros acuden a las terapias. Muchas veces concluyen que lo mejor para su salud mental es divorciarse y lo hacen, aunque ella no las incita a hacerlo.

Pocos son los siquiátricos que dan terapia a mujeres deprimidas por violencia intrafamiliar, que es, en muchos casos, la antesala a la locura. Incluso Basurto ha tenido que tomar cursos de perspectiva de género por su cuenta, para mejorar la atención a las mujeres con las que trata.

En el Centro de Asistencia e Integración Social (CAIS), La cascada , que forma parte de los hospitales siquiátricos del gobierno del Distrito Federal, se atiende a cerca de 390 mujeres de 18 a 88 años. La sicóloga Elizabeth Mateos, directora del lugar, dice que el 95 por ciento desconoce quiénes son sus familiares y solamente el dos por ciento tiene visitas. Un gran porcentaje de las internas, asegura, están ahí a consecuencia de la violencia. Por ejemplo, una fue brutalmente golpeada por su pareja, a consecuencia de ello sufre pérdida de la conciencia. A Patricia su marido la agredía porque no le daba para alcohol. Ella padece además de epilepsia, diabetes. Tienes dos hijos, quienes junto con su suegra, la rechazaron, lleva cuatro años en La cascada.

Las posibilidades de vida de estas mujeres, su potencial humano y su posible aportación a la vida, han quedado canceladas, no sólo por la nula atención que reciben en los siquiátricos, sino por las pocas posibilidades de ser, en un mundo que las somete.

Los números de la salud mental

Datos de la Secretaría de Salud (Ssa) revelan que en México 4 millones de personas sufren depresión severa y de éstas, el 15 por ciento manifiesta tendencias suicidas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que aproximadamente 450 millones padecen en el mundo desórdenes mentales, neurológicos o sicosociales que les provocan muerte prematura.

En nuestro país, pese a que 15 millones de personas viven con afecciones mentales, sólo existen 31 hospitales siquiátricos en los que se tienen internados a 5 mil 500 enfermos, 95 por ciento de los casos podrían ser manejados a nivel de consulta externa.