Jornada Semanal,  22 de febrero de 2004         núm. 468

ANA GARCÍA BERGUA

POCO MUNDO

Qué vida tan intensa lleva una cuando hace la cola del supermercado. Mientras las lechugas, los jitomates y las galletas propias y ajenas se deslizan con aburrido encanto hacia la máquina registradora, una, antes que nada, lee su horóscopo del mes: "Grandes sorpresas te esperan en el área laboral-administrativa. Época favorable para los romances y la vida en pareja. Marte trae riñas con amigos o parientes." Vaya, dice una. Luego se entera de la agitada vida del jet set, ese grupo de personas ricas y famosas, la mitad de cuya vida consiste en posar para los fotógrafos de las revistas del corazón –nunca me han aclarado al corazón de quién se refieren–, mientras que la mitad restante se ocupa en huir de los mismos fotógrafos. Así, uno ve un artículo que dice, por poner un ejemplo: "Los condes de Groenlandia abren las puertas de su nueva mansión a Comment ça va!" Y el artículo está lleno de fotos de los condes con sus hijos, en la sala que ya fotografió Architectural Beauties como ejemplo de buen gusto, con sus muebles Luis xv dorados, los jardines con estatuas, el gran comedor en el que los condes reciben a mil invitados, entre ellos el rey de Groenlandia. El baño y la cocina raras veces salen en la foto, pero ni quien los quiera ver. Los condes, por supuesto, vestidos de manera impecable y elegantísima. Luego aparecerán los condes en su yate en Cannes, o paseando por un mall de Los Ángeles a Puchi, su perro preferido. Hasta ahí todo va de maravilla. Sin embargo, a los pocos números de nuestra revista resultará que los condes de Groenlandia han protagonizado un escándalo, de los cuales hay mucha variedad, a saber: o bien el conde estafó a la banca suiza, o bien la condesa de Groenlandia anduvo paseando de la mano con su cocinero –un joven rubio y bronceado, de torso atlético– en Cannes, o bien la hija de los condes de Groenlandia se desnudó en una discoteca y bailó subida en una mesa, mientras todos los asistentes palmeaban un mambo pecaminoso. Los que leemos las revistas de la caja del súper ya sabremos, entonces, lo que nos espera en los siguientes números: fotos del conde de Groenlandia escapando en un jet privado a las islas Caimán, imágenes logradas con telefoto de la condesa pellizcándole la panza a su efebo en Acapulco o de la hija paseando al perro con lentes oscuros y un enorme escote –el pie de foto no perdona: Romina Groenlandia, la que protagonizó el baile en la discoteca, pasea a Puchi en un mall de Los Angeles. Pero lo más notable será el último titular de la serie: "El pequeño hijo de los condes de Groenlandia ha tenido que ir a terapia a causa de los chismes sobre su familia. ¡Ya déjenos en paz!, claman los condes de Groenlandia" Y el artículo incluye una entrevista con el psicólogo de Ricky Groenlandia, quien revela que el niño sufre de anorexia por las preocupaciones, otra foto de la condesa de Groenlandia desnuda con el cocinero –eso sí, con un bronceado impecable–, etcétera, etcétera.

La verdad es que cada que hojeo aquellas revistas en el súper, nunca sé si quedar profundamente impresionada o deprimirme. Y no es que no quiera yo adquirir algo de mundo, por si algún día me invitan a una soirée en Los Pinos. De verdad que hago todo mi esfuerzo, pero es que no logro imaginar a quién le importa con toda seriedad la vida de la princesa Estefanía. Por ejemplo, una revista de la caja del súper dice que fue al circo a ver actuar a su ex, lo cual ha dado motivo a un sesudo artículo y fotos que tratan de pescarle alguna mirada tierna y otra de profundo odio al marido actual, y etcétera (esas revistas son puro etcétera). O el vestido que Ana de Austria llevó a la boda de los duques de Disneylandia, o el simpático estornudo del rey de Monrovia a mitad de un brindis. Nomás no le hallo, como dice la gente que no aparece en las revistas del corazón (¿habrá revistas del hígado, o del estómago?) Lo cierto es que mientras una hace la bendita cola, no hay mucho más que hacer, aparte de quitarle a la hija una verdadera colección de chocolates que ha logrado reunir en ese rato tan largo, o ver cómo la señora que va antes cancela un cuarto de kilo de faisán porque no le alcanza, y la cajera llama al supervisor y el supervisor se hace guaje, y todos miran el reloj. Yo no, yo ahora busco mi horóscopo en otra revista. Dice: "Ninguna sorpresa en el área laboral-administrativa. Pésima época para los romances y la vida en pareja. Júpiter trae pachangas con amigos o parientes."