Jornada Semanal,  domingo 22 de febrero de 2004           núm. 468

JAVIER SICILIA

Octavio Paz 
y el rostro del amor

Cuando murió Octavio Paz lamenté que después de Piedra de sol no hubiera escrito, como lo hizo T.S. Eliot con Cuatro cuartetos, su gran poema de vejez. Aunque Árbol adentro es un buen libro, no va más allá de Piedra de sol en donde Paz plasmó como en ningún otro sitio su visión del mundo. 

Debo decir ahora que me equivoqué. Paz, sí escribió su gran poema de vejez. Pero no está en sus poemas, sino en su prosa, donde Paz continuó con otros medios al poeta o, mejor, donde Paz, que pensaba como poeta –intuiciones geniales plasmadas en imágenes tan precisas como deslumbrantes que no necesitaban del amparo de la argumentación demostrativa–, fue más poeta que en sus poemas. 

Ese poema es La llama doble. En él –que Paz llamó con clarividencia su testamento–, da una vuelta de tuercas a la imagen del mundo que nos devela en Piedra de sol. Si en éste, Paz mostró el acto transgresor y la apertura al misterio que está en el eros, irrupción de lo sagrado en la oscuridad del cronos; en el segundo nos muestra el fruto de ese gran tallo: el amor. La mujer, que en Piedra de sol "tiene todos los rostros y ninguno", en La llama doble, tiene un rostro: el de la persona elegida y amada en ella, única e irrepetible. Con ello, Paz no sólo rescata la base fundamental del amor cortés –que nacido en el siglo xii e inconcebible sin la develación de la persona que trajo el cristianismo– ha señoreado desde entonces lo mejor de nuestra literatura, sino que vuelve a introducir una reflexión tan fundamental como subversiva en un mundo que no en vano Paz definió como "la edad del fango": el reencuentro con el otro.

Desde el surrealismo, ningún poeta nos había legado una teoría del amor semejante a la que nos legaron los hombres del siglo xii y los románticos. Paz lo hizo. Continuador de Breton, que en los años treinta, en función de su teoría del amor, combatió contra la frialdad comunista que destruía la vida privada y sus pasiones y contra la Iglesia, la burguesía y sus prohibiciones, Paz la emprende contra algo que si bien Breton entrevió, no pudo formular: la libertad de los libertarios.

Aunque Paz se cuidó muy mal de su condición de libertario –sus juicios en favor de la libertad a veces cayeron en la intolerancia–, uno de los grandes méritos de La llama doble es haber criticado incisivamente la destrucción del amor en nombre de la promiscuidad erótica de nuestro siglo y de su usurpación por los poderes del dinero, de la comunicación y el mercado. Si no fue enemigo de la nueva libertad –nadie en lengua española se atrevió a hablar con tanta profundidad del sentido del eros como Paz lo hizo en Piedra de sol–, se negó en La llama doble a confundirla con el amor y denunció los obstáculos que se oponen a él: la reducción de la persona a cosas manipulables y del misterio del eros a señuelos comerciales; la sacralidad de la belleza, donde la tradición encontraba a la divinidad, llevada a la plaza pública.

Por obra y gracia del mercado y su rostro libertario: la democracia, "Eros se ha convertido en un empleado de Mammon" que –como la servidumbre de los cuerpos que, a través de la prostitución, trafica con todas las razas y todas las edades– ha degradado al amor, inseparable de la persona, de la libertad y del sacrificio. 

En nuestro mundo, poblado de un hedonismo sin límites, el sueño libertino de Sade –ese sueño que estaba poblado por leyes débiles y pasiones fuertes, en donde el único derecho sería el del placer, por más mortífero y cruel que fuera– se ha transformado, después de los horrores del nazismo, "en un tornillo de la industria" o en un chip de la barbarie tecnológica que a nadie espanta. 

En la era de los derechos humanos, el amor es el gran ausente del hombre. En nombre del derecho se asesina al niño en el vientre de su madre, se manipula la vida y se llevan putas al banquete de Eleusis. El mundo, clama Paz, ha perdido su virtud fundamental y gime, extraviado en su propio fango. ¿Cómo redescubrir el amor que también es el redescubrimiento de la persona, de la libertad, del sacrificio personal y de los límites y subversión contra todos los poderes del mundo? Es la gran pregunta que nos dejó Paz a inicios del siglo xxi.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez y levantar las acusaciones a los miembros del Frente Cívico Pro Defensa del Casino de la Selva.