Jornada Semanal, domingo 22 de febrero de 2004        núm. 468

NAIEFYEHYA
IRRACIONALIDAD E HISTERIA EN LA ERADE BUSH

JUSTIFICACIONES

¿En qué momento gente inteligente, altamente educada y medianamente sensible abandona todo atisbo de racionalidad y se entrega a la defensa furiosa de la propaganda más babeante? No sorprende que George W. Bush y su círculo interno de neocons defienda la invasión a Irak, ya que este grupo lleva planeando la conquista del Oriente próximo desde hace cuatro décadas. Pero es desolador escuchar a quienes justifican la invasión argumentando que a pesar de que haya sido justificada con mentiras, algo bueno va a resultar de la "liberación" y la eliminación de un tirano como Saddam. La ocupación de un pueblo derrotado nunca es percibida como un beneficio y como bien sabemos el odio no solamente se traduce en ataques en contra de las tropas e intereses estadunidenses, sino también contra los iraquíes hambrientos y desesperados que optan por colaborar. Esto abre nuevas heridas en el ya de por sí desgarrado tejido social de lo que queda de ese país. Esta bacanal sangrienta sólo traerá beneficios a empresas como Haliburton (la empresa de la que fue director el vicepresidente Dick Cheney y de la cual aún recibe beneficios), la empresa que ofrece una diversidad de servicios a las fuerzas de ocupación. Haliburton fue elegida sin tener que concursar con otras empresas y ya ha incurrido en numerosas irregularidades, como vender gasolina importada de Kuwait al ejército de Estados Unidos a más del triple del precio local y además de recibir sobornos.

EL COSTO DE LA OCUPACIÓN

Pero la ocupación no puede tener motivos económicos, argumentan algunos, ya que de entrada el costo militar es superior a lo que los ocupadores pueden obtener explotando los devastados pozos petroleros iraquíes, y aparte de dátiles, Irak no tiene grandes recursos materiales que puedan ser saqueados para satisfacer el enorme apetito de los vencedores. Asimismo, falta bastante para que pueda ponerse en marcha una industria medianamente operativa y segura como para abrir maquiladoras en las que los iraquíes puedan coser camisetas de Disney a precios competitivos con los cinco centavos de dólar por hora pagados en China. La falacia de que no tiene sentido gastar diez dólares para ganar uno, promovida por el Pentágono y los Think Tanks conservadores como el Council of Foreign Relations, ignora un elemento fundamental: es el pueblo estadunidense el que debe pagar diez dólares para que los haliburtons puedan ganar uno.

PERO PASANDO A UN ASUNTO
REALMENTE VITAL

Hace unas semanas, los estadunidenses fueron seriamente ofendidos y humillados cuando su confianza fue traicionada y fueron expuestos a uno de los más grandes horrores que ha conocido la humanidad. La credibilidad de Estados Unidos quedó seriamente lesionada ante la opinión internacional, debido a la actitud perversa de medios de comunicación y corporaciones mercenarias, quienes fueron los verdaderos responsables de una auténtica hecatombe moral. Por supuesto que nos referimos al vergonzoso episodio del espectáculo del medio tiempo del Superbowl, que ha pasado a los anales de la infamia como el Wardrobe malfunction episode o el desperfecto del vestuario de Janet Jackson. Como todo mundo sabe, en el momento climático de una canción, interpretada a dúo entre la hermana de un célebre cantante acusado de pedofilia y Justin Timberlake, este último le arrancó parte del vestido a Jackson exponiendo, para su supuesta sorpresa, su seno izquierdo por unos segundos –después de cinco minutos de movimientos lascivos, frotamientos viciosos y gestos sexualmente sugerentes. Paradójicamente, durante esa emisión los dos productos mas promocionados fueron cervezas y las pastillas vasodilatantes Cialis y Levitra (que como Viagra se anuncian para combatir la disfunción eréctil, pero en realidad son buscadas como "party drugs", o afrodisíacos de alta intensidad y eficiencia). El episodio del seno al aire provocó que el senado convocara audiencias para cuestionar a los ejecutivos de CBS, Viacom y la NFL. En esas sesiones tuvieron lugar apasionadas acusaciones y reprimendas, y fue revivido el espectro de la censura puritana. Mientras tanto, la revelación de que las armas de destrucción masiva iraquíes no existieron, no ha provocado gran indignación ni ha perturbado el sueño de los senadores estadunidenses.