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México D.F. Domingo 7 de marzo de 2004

Reponen la obra El ornitorrinco en La Gruta del Centro Cutural Helénico

Hoy, la pareja tradicional es tan rara como el mamífero monotrema

Aún hay gente que paga su boleto por ver actores encuerados, lamenta Humberto Robles

La poligamia o bigamia puede permitirse mientras no se rompa la lealtad: Carmen Huete

MARIANA NORANDI ESPECIAL

En 1798, un naturalista inglés envía al museo de ciencias naturales británico un animal insólito y, hasta el momento, desconocido. Ese animal, de origen australiano, puso de cabeza todas las teorías naturalistas del siglo XIX debido a que ningún científico podía explicar a qué especie pertenecía el extraño ejemplar. Tenía pico y patas palmeadas como un pato, pero no era un ave; se alimentaba de larvas e insectos, pero no era un reptil; tenía mamas pero ponía huevos y, por tanto, tampoco era un mamífero típico. Finalmente, en 1886, se descubre que se trataba de un ornitorrinco, mamífero del orden de los monotremas y, aunque estrambótico, engendrado por la naturaleza.

Con este controvertido episodio de la historia natural, la obra El ornitorrinco, de Humberto Robles, traza un paralelismo entre ese peculiar animal y la sexualidad del ser humano, en donde se reafirma que, todo lo que es posible en la naturaleza, debe existir.

En el montaje, se narra la historia de Paco (Manuel Sevilla) y Ana (Laura de Ita, alterna con Carmen Huete), pareja treintañera que se plantea la posibilidad de abrir la relación a otras experiencias sexuales, donde la fidelidad pierda la connotación pecaminosa que tiene en nuestras culturas judeo- cristianas. Paco le sugiere a Ana que el concepto de pareja monogámica está caduco y va contra la naturaleza, por lo que sería más propio y enriquecedor que se relacionasen con otras personas del mismo o de diferente sexo.

Con las actuaciones del músico Ziggy Fratta (narrador), así como de Gabriel Porras y Juan Ríos alternando en el personaje de David (el amante), El ornitorrinco es una comedia desenfadada que utiliza la ironía como herramienta de análisis social. Mediante numerosas escenas de humor, el dramaturgo confronta al espectador ante los prejuicios y tabúes morales que persisten en nuestros tiempos, y hace del escenario un reflejo de las transformaciones que están sufriendo las relaciones de pareja. Codirigido por el autor y la actriz Carmen Huete, platicamos con ellos sobre esta puesta en escena que, tras una temporada en el teatro La Capilla, se restrena ahora en La Gruta, del Centro Cultural Helénico.

-¿Por qué en esta obra se decide trabajar la alternancia de actores y directores?

Humberto Robles (HR): La alternancia de actores no se planteó como algo experimental, sino práctico. La fórmula no es la ideal, porque es agotador ensayar doble y estar lidiando con visiones distintas para encontrar puntos de unión, pero es una manera de que los actores puedan trabajar en otros sitios. La alternancia de dirección sí es algo experimental.

Carmen Huete (CH): La codirección la habíamos experimentado muy poco. Al principio pensaba que iba a ser difícil, pero funcionó muy bien y, en este montaje que habla de las parejas, es interesante que esté dirigido por una pareja.

-La obra trata el tema de la monogamia como algo arcaico, caduco y que va en contra de la naturaleza, ¿están de acuerdo con ese planteamiento?

CH: Creo que hay gente que puede tener una pareja para toda su vida y ser feliz, pero ése no tiene por qué ser el caso de todos. Pienso que la poligamia o bigamia está permitida siempre y cuando la lealtad, que va más allá de la infidelidad, no se rompa.

-¿Por qué tenemos esta concepción de la pareja monogámica y heterosexual tan arraigada?

HR: Por un lado, por la familia. Como decía Engels: "la familia surge a partir de la propiedad privada y la propiedad privada a partir de la familia", en el sentido de exclusividad de la hembra, de los hijos y la sangre. Por otro lado, la herencia religiosa. Nos educan en una cultura que dice que tienes que estar con esa pareja "hasta que la muerte nos separe" y no debería ser así. El amor es como la vida, ya sabemos que se va a acabar, pero no por eso lo dejas de vivir.

CH: Y parte de la obra trata de eso, del aprendizaje para terminar las relaciones. Entender que no son eternas, pero saber la manera de cortarlas sin que sea doloroso para el otro. En esta generación se ha dado una liberación, pero en el momento de la separación hay un descontrol que te lleva a lastimar a la otra persona por falta de honestidad.

-Hablando de generación, la obra está centrada en la generación de treintañeros, ¿piensan que esa generación es la que empezó a romper tabúes sexuales?

HR: La generación de los treintañeros somos la teoría y la de los veinteañeros la práctica. Por ejemplo, la bisexualidad está mucho más asumida y practicada en la gente que hoy tiene veintitantos años, y eso es parte de una evolución natural tras tantos años de represión. Pero estos cambios y cuestionamientos sexuales todavía son como un capricho pequeño-burgués. En un país de más de 50 por ciento de pobres, sólo algunos nos podemos dar esos lujos.

-En esta obra aparecen algunas escenas de desnudos, ¿el desnudo en el escenario todavía espanta o crea morbo?

HR: Sí, todavía hay gente que paga su boleto por ver actores encuerados.

CH: Yo creo que el desnudo no asusta tanto, siempre y cuando no sea homosexual, porque ahí confrontas al público con ese tipo de relaciones.

-El director David Hevia comentaba que México tiene graves problemas sexuales, ¿están de acuerdo?

HR: Totalmente, vivimos un atraso en educación sexual impresionante.

CH: En la actualidad las personas empiezan cada vez más rápido a descubrir la sexualidad, pero sin conocimiento de causa, y eso lleva a relaciones codependientes o poco duraderas, lo cual es un indicador de que el asunto sexual no está funcionando. Por otro lado, la mujer sigue teniendo problemas para salir adelante y expresarse. Y eso de ahora, que las mujeres nos gobiernan, tampoco nos ayuda, porque son ejemplos de mujeres asexuadas, interesadas en todo menos por la pareja. El interés por superarnos nos ha llevado a abandonar esa parte femenina tan bonita del disfrute sexual. Entonces, las nuevas generaciones de chavitas de 14 o 15 años andan como caballos desbocados hacia una sexualidad sin un disfrute natural.

HR: Hoy, con instrumentos como la Internet, conseguir una relación sexual es muy fácil, lo difícil es encontrar el amor o la pareja. En los siglos XVII y XIX, el amor era lo más ponderado y nadie podía tener sexo; ahora, todos podemos tener sexo pero, ¿dónde encuentras el amor? Pienso que en este momento hay que apostar por esa búsqueda.

El ornitorrinco:

La Gruta, del Centro Cultural Helénico.

Av. Revolución 1500, col. Guadalupe Inn.

Lunes 20:30, domingos 19:00 horas.

Entrada 120 pesos

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