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México D.F. Domingo 28 de marzo de 2004

Angeles González Gamio

Entonces, Mixcoac...

La vieja ciudad de México, la que se levantó sobre las ruinas de México Tenochtitlán, estaba rodeada de villas y pueblos con sus propios: gobierno, costumbres, arquitectura, tradiciones, gastronomía, santos patronos y sus correspondientes fiestas. Una de esas villas era Mixcoac, nombre náhuatl que significa "culebra de nubes". A principios del siglo XVI estuvo bajo el dominio del señorío de Coyoacán. Tras la conquista se lo adjudicó Hernán Cortés y después pasó al dominio de la orden de Santo Domingo de Guzmán. A lo largo de los siglos el actual Mixcoac perteneció a distintas municipalidades. Un tiempo a Cuajimalpa, otro a Coyoacán y por último a Tacubaya, para finalmente pertenecer a la delegación Benito Juárez.

En la segunda mitad del siglo XIX se desarrolló como lugar de veraneo de las familias opulentas que vivían en la ciudad de México, quienes construyeron magnificas casonas con generosas huertas perfumadas por el aroma de los perales, membrillos, limoneros, capulines, naranjos, huele de noche, magnolias y demás flora que crecía con profusión en las fértiles tierras bien cuidadas.

En general el desarrollo urbano fue armónico, con algunas calles amplias, plazas, templos y hermosas residencias, algunas de las cuales aún sobreviven, como la casa morisca de la familia Sarralde; la que perteneció a Irineo Paz, padre de Octavio y la de Valentín Gómez Farías, que actualmente aloja al Instituto Mora, estas dos últimas situadas en una bellísima plaza engalanada con su templo dieciochesco, que conserva su atrio jardinado, y qué decir de la Plaza Jáuregui que debe su nombre al licenciado Agustín Jáuregui, quien junto con otros vecinos reforzaron al ejército de Degollado, para hacerle frente a los conservadores; su señorial mansión, ubicada en la misma plaza, fue fábrica de paños de seda en el siglo XVII y hoy aloja una de las dependencias de la Universidad Panamericana. Otras residencias magnificas son las que después ocuparon los colegios Williams de varones y Madrid.

Resulta increíble pensar que todavía hace 50 años varios ríos cruzaban Mixcoac: el Becerra, el Mixcoac y el de la Barranca del Muerto. Los tranvías eran parte fundamental del paisaje mixcoaquense. Había diferentes rutas y de primera y segunda clases, de servicio exprés, de carga, de servicio fúnebre, góndolas y plataformas para carga. También había autobuses, pero éstos eran una tortura, ya que la mayoría de las calles no estaban pavimentadas y sobre todo en época de lluvias, los múltiples baches convertían el movimiento del vehículo en una licuadora.

Todo esto, todavía hay muchos vecinos que lo recuerdan. Con nostalgia de la vida del castizo barrio, el ingeniero Jorge Luis Castillo Tufiño se dio a la tarea de recoger testimonios entre las personas con las que convivió entre los años 30 y 50 del siglo pasado, una gran mayoría, sus compañeros en la Secundaria 10. Con este rico material se dio a la tarea de escribir un libro titulado Entonces, Mixcoac..., que acaba de publicar con el auspicio del Consejo de la Crónica de la Ciudad de México, que nos brinda una deliciosa visón de lo que era el comercio, las familias, las costumbres, como se gozaba y sufría. Con una amena prosa coloquial nos lleva al Jardín Pombo, al mercado, a las casas de las viejas familias, a los cines, a la vida estudiantil. En la botica Estela lo acompañamos a comprar vaselina perfumada, ungüento de poligonato para dolores musculares, cold cream, cafiaspirinas y glicerolado de almidón en cajitas ovaladas hechas de lajas de madera, y en la nevería Reforma nos refrescamos con paletas de tamarindo, jamaica y limón de a š10 centavos!

Como todo barrio que se respete, Mixcoac tiene buenos lugares para comer, muchos de ellos que datan de la época en que los protagonistas del libro eran estudiantes. Entre ellos podemos mencionar los restaurantes y fondas especializados en barbacoa. En la calle de Murillo y su continuación, Largilleri, se encuentran varios. Uno de los más recomendables es Los tres reyes, que ofrece el tradicional consomé que nace de los jugos del hor-neado de la barbacoa, bien picosito, con su arroz, garbanzos, verduritas y desde luego la carne del borrego, jugosa y aromática, acompañada de tortillas recién hechas en el comal para prepararse unos tacos suculentos. El festín se acompaña con alegre música en vivo.

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