329 ° DOMINGO  11 DE ABRIL  2004
Como máquinas en los campos
Los jornaleros mexicanos en EU,
peor que hace 50 años

TANIA MOLINA RAMIREZ

Los niveles salariales, el ambiente de trabajo y las condiciones sociales de los jornaleros en los campos estadunidenses –la inmensa mayoría de ellos mexicanos– "se mantienen prácticamente sin cambios desde hace 50 años, y en algunas áreas se han deteriorado claramente".
Un informe de Oxfam America documenta ampliamente que casi 2 millones de trabajadores ganan salarios ínfimos, que tres de cada cinco familias jornaleras viven por debajo de la línea de la pobreza, que los derechos laborales y la seguridad social brillan por su ausencia y que miles resultan intoxicados por pesticidas cada año.
Así los tratan y así los ven: "Son como una máquina en los campos", dice un patrón estadunidense

BERNADO MARTINEZ BERUMEN, natural de Tepetongo, Zacatecas, sabe lo que es trabajar duro. Ha pasado buena parte de sus 37 años en Estados Unidos, en las más diversas labores. La última vez estuvo en una empacadora de carne en Corpus Christi, Texas, con turnos de hasta 14 horas diarias, sufrió maltratos de los capataces y vio varios accidentes –manos trituradas, dedos volados por las sierras– que son cosa común en la empresa. Pero aún así cree que el trabajo en la empacadora no tiene nada de duro. "Dura la cosecha. Lo peor fue cuando estuve en el tabaco, en Carolina del Norte, el calor no se soporta, lo hacen a uno trabajar detrás de la máquina, no te dejan parar ni para tomar agua". La mirada de Bernardo parece recordar las escenas: "Había unos que vomitaban y se caían como animalitos, sin meter las manos".

Ese trabajo duro, ese meter las manos antes de caer, lo hacen millones de mexicanos en Estados Unidos, donde los campos ocupan cerca de 2.5 millones de personas (no hay una cifra exacta que se pueda considerar confiable). Desde siempre, estos jornaleros carecen de derechos, ganan sueldos ínfimos y viven en condiciones precarias. Pero ahora, debido sobre todo a la concentración del control de los precios en unas cuantas empresas y al subcontratismo, es incluso peor que hace 50 años.
Los jornaleros son hombres jóvenes (50% tiene menos de 29 años), hispanos (95% nació en México), con un bajo nivel educativo formal, llegaron hace poco a Estados Unidos y no tienen papeles (52%). Más de la mitad labora en California, Carolina del Norte, Washington, Florida y Texas.

Fotografía Laura Cano
Recolección de pepino en Oswego, Nueva York
Fotografía: Laura Cano

Todos estos datos aparecen en el informe Como máquinas en los campos: trabajadores sin derechos en la agricultura (http://www.oxfamamerica.org/news/art6999.html), realizado por Oxfam America. Con sede mundial en Londres, Oxfam es una de las principales y más serias organizaciones dedicadas a combatir la pobreza, el hambre y la injusticia social en el mundo, con proyectos en al menos 60 países.

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El pasado 15 de marzo, la ex presidenta de Irlanda y ex alta comisionada de la ONU en Derechos Humanos, Mary Robinson, habló durante la presentación del informe de Oxfam en Immokalee, Florida. Contó que en su papel de funcionaria de este organismo había visitado Chiapas y Oaxaca, de donde provienen muchos de los que trabajan la tierra estadunidense: "Conozco las condiciones que dejaron atrás, vinieron con la esperanza del sueño americano. Deben estar tan decepcionados, porque ahora son tan explotados. Estos trabajadores son excluidos de los básicos estándares de trabajo... vimos a gente viviendo en contenedores y casas rodantes con seis o siete hombres compartiendo un cuarto".

No es casualidad que la presentación del informe haya sido en Immokalee. Desde aquí, la Coalición de Trabajadores de Immokalee ("compañera" de trabajo de Oxfam) organiza un boicot nacional contra Taco Bell, una de las principales consumidoras de los tomates que se cosechan en los campos estadunidenses a costa del sudor de jornaleros que ni siquiera ganan el mínimo.

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La vida del trabajador del campo en Estados Unidos se parece mucho a la que llevaba hace 50 años. Incluso es peor. Y es que "recientes prácticas en la industria han empeorado la situación", explica el extenso y detallado informe sobre la situación de los jornaleros en el país vecino.

El nombre proviene de una frase empleada por un agricultor al referirse a sus propios empleados (son como "una máquina en los campos").

Los bajos precios pagados al productor han sacado del negocio a pequeños y medianos agricultores, haciendo que la industria se vuelva cada vez más un conglomerado de unas cuantas grandes empresas.

Así, como ocurre en otros sectores, como en el de servicios de limpieza, hay una creciente tendencia a conseguir mano de obra a través de contratistas. De esta manera, los agricultores se desentienden del cumplimiento de los derechos laborales.


Cosecha de naranja en Nocatee, Florida
Fotografía: Laura Cano

A pesar de los bajos sueldos y precios pagados al productor, "los precios al consumidor se han incrementado significativamente (por ejemplo, el componente del jitomate en el índice de precios al consumidor se ha incrementado en 50% para los jitomates desde 1992)... El valor se traslada hasta arriba de la cadena de oferta, mientras hasta abajo los trabajadores pagan el precio", se lee en el informe.

Los jornaleros "están entre los más pobres –si no es que son los más pobres– trabajadores en Estados Unidos. La mitad gana menos de 7 mil 500 dólares al año, y la mitad de las familias jornaleras gana menos de 10 mil dólares anuales... en 1998, tres de cada cinco familias jornaleras estaban por debajo de la línea federal de pobreza". El salario mínimo fluctúa entre 15 mil y 17 mil dólares anuales.

El jornalero del campo vive precariamente en muchos sentidos: el salario es ínfimo, labora en una de las tres industrias estadunidenses más peligrosas, no cuenta con derechos laborales, depende del ciclo agrícola, las condiciones de vivienda son pobres y carece de la protección de una mínima red de seguridad social. Los datos en el informe son contundentes:

• "Se calcula que 300 mil jornaleros sufren intoxicación por pesticidas al año".

• Con frecuencia ocurren accidentes, no sólo en el lugar de trabajo sino también en el trayecto entre la vivienda y los campos de cultivo.


Empacadores de lechuga en Oswego, Nueva York
Fotografía: Laura Cano

• "A los jornaleros les niegan los derechos y protecciones necesarias para organizar y pertenecer a un sindicato, el derecho a horas extra, protecciones para el trabajo infantil y, en el caso de los jornaleros empleados en pequeñas granjas, les es negado hasta el derecho a un salario mínimo".

• La mayoría habita "en condiciones de hacinamiento, muchas veces en campamentos de trabajo que violan las regulaciones federales".

• "56% de los jornaleros era migrante durante la temporada 1997-1998, mientras que en 1989-1990 era sólo el 32%". Se trata de trabajadores que pasan de una región a otra, de un cultivo a otro, en diversas entidades del vecino país.

• "99% de los jornaleros no tiene pensión del Seguro Social o seguro por incapacidad y 95% no tiene seguro de salud para heridas o enfermedades que no estén relacionadas con el trabajo".

Esclavitud en pleno siglo XXI. El informe relata el caso de Julia Gabriel, indígena guatemalteca, que llegó a trabajar a Estados Unidos y fue esclavizada. En un campo de cultivo de Carolina del Sur, ella y sus compañeros de trabajo estuvieron bajo la vigilancia de hombres armados mientras los obligaban a trabajar jornadas de 12 horas, siete días a la semana. Además en este estado, la red de esclavitud también operaba en Florida y Georgia. En total eran cerca de 400 trabajadores los esclavizados. Según algunos reportes, los hombres eran golpeados y las mujeres sufrían abuso sexual. Julia y otros seis lograron escapar y denunciaron los hechos. La Coalición de Trabajadores de Immokalee trabajó en develar los casos de esclavitud y en los pasados seis años ha habido seis juicios federales por esclavitud de jornaleros sólo en Florida. Hoy, según el informe, el Departamento de Justicia estadunidense investiga otros 125 casos de esclavitud, muchos de las cuales involucran a trabajadores migrantes.


Llamando a casa. Nocatee, Florida
Fotografía: Laura Cano

Los más expuestos a las malas condiciones de trabajo son las mujeres y los niños. Ellas a menudo requieren trabajar más horas para ganar lo mismo que un hombre y sufren el acoso sexual de sus "compañeros" y jefes laborales. Una mujer cuenta cómo en un campo de cultivo en Carolina del Norte el hombre que hubiera ganado más durante la semana tenía derecho a escoger con quién dormía esa noche. El campamento era administrado por una mujer, Irene Taylor, quien encerraba al hombre ganador y a la mujer elegida, como premio, en un cuarto, y "si alguien llegaba a socorrer a la mujer, ella lo amenazaba con un arma".

"Los niveles salariales, el ambiente de trabajo y las condiciones sociales de los jornaleros en los campos estadunidenses –concluye el documento– se mantienen prácticamente sin cambios desde hace 50 años, y en algunas áreas se han deteriorado claramente".

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Los trabajadores han mantenido una continua lucha por mejorar sus condiciones de vida.

En los sesenta, César Chávez y Dolores Huerta unieron fuerzas y formaron el Sindicato de Trabajadores del Campo (United Farm Workers), el cual sigue siendo "la mayor y más poderosa organización de trabajadores agrícolas".

El UFW "abrió camino para un nuevo tipo de movimiento que combinaba elementos de la organización sindical y por los derechos civiles". O sea, emplearon exitosamente tácticas del movimiento por los derechos civiles y el sindical.

Más tarde, el giro novedoso en la lucha por los derechos de los jornaleros, explica el documento, lo dieron las "campañas dirigidas por organizaciones campesinas enfocadas no en los agricultores sino en las empresas que compran la producción recogida por los jornaleros". La idea es que sean los consumidores y los inversionistas los que generen presión sobre la empresa, que finalmente es el eslabón más poderoso en toda la cadena de la oferta.

"En 1967, Baldemar Velásquez, un ex jornalero, fundó el Farm Labor Organizing Committee (FLOC, Comité Organizador del Trabajo Agrícola) para defender los derechos de los recolectores de jitomate" y durante los ochenta organizó una campaña contra la Compañía de Sopa Campbell "para presionarla a que forzara a los agricultores a mejorar las condiciones laborales, pagara salarios más altos y aceptara la formación de sindicatos jornaleros". Velásquez explicó: "Comencé a comprender que son las procesadoras de alimentos y no los agricultores las que tienen el control económico de la industria".

El FLOC es reconocido –explica el informe– por su innovadora estrategia de "negociación con tres partes" (los agricultores, los jornaleros y la empresa).

Hoy, una de las más fuertes campañas que se lleva a cabo es el boicot nacional contra Taco Bell, organizado por la Coalición de Trabajadores de Immokalee (que tiene más de 2 mil miembros) para presionar a que la compañía pague un centavo más por cada libra de jitomate. Este incremento duplicaría los ingresos de los trabajadores si pasa directamente al jornalero.


A 40 centavos cada una, el jornalero debe llenar, 
acarrear y vaciar 120 cubetas como las de la foto 
para ganar el salario mínimo
Fotografía: Coalición de Trabajadores de Inmokalee

En Immokalee, indígenas de Oaxaca y Chiapas, mestizos sobre todo de Guerrero, Zacatecas, Veracruz, Guanajuato y Tamaulipas, además de indígenas guatemaltecos, "trabajan siete días a la semana y, en la temporada alta, las jornadas son de hasta 12 horas diarias. A cambio de su labor reciben menos de la mitad del salario mínimo estadunidense, es decir, 7 mil 500 dólares anuales" ("La lucha por un centavo más", Masiosare, 23 de marzo de 2003).

Desde hace 20 años, la paga por cada cubeta llena de jitomates es de 40 centavos. Hoy, los recolectores de jitomate ganan en realidad 30% menos que sus compañeros en 1980, explica la Coalición.

Para ganar 48 dólares al día, a 40 centavos la cubeta –denuncia la Coalición–, los jornaleros necesitan llenar 120 cubetas,
y cada una pesa cerca de 15 kilos cuando está llena.

Taco Bell pertenece a Yum Brands, la mayor empresa de comida rápida en el mundo, dueña también de Kentucky Fried Chicken y Pizza Hut, entre otras cadenas de restaurantes. Yum, informa la Coalición, compra cerca de 40 millones de libras de jitomates al año y "es una de las principales compañías que traslada el costo de la comida rápida barata a los trabajadores".

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Finalmente, Oxfam America emite una serie de recomendaciones, entre las cuales sugiere reformas legislativas y que se promuevan "negociaciones que involucren a los compradores, los agricultores y los jornaleros en la medida de lo posible".

"Hacemos un llamado público a las juntas de directores y los principales inversionistas de las principales compañías [de alimentos] para que garanticen que sus cadenas de oferta se adhieran a los más altos estándares de respeto y responsabilidad de los derechos de los trabajadores", dijo el presidente de Oxfam America durante la presentación del informe.

Mary Robinson simplemente lanzó una invitación: "Los precios pagados por Yum y Taco Bell tienen una conexión directa con las condiciones en que viven los trabajadores. Estaría bien que un alto representante de Yum visitara Immokalee y viera la situación".


De la mecanizacion a la mexicanizacion

Los mexicanos son el motor de la próspera agricultura estadunidense. Manos mexicanas peinan la tierra húmeda, toman, cortan y recolectan las verduras, las frutas y las nueces destinadas a las mesas de las familias estadunidenses.

California –estado donde reside el mayor número de mexicanos– es la entidad con mayor producción agrícola: uvas, nueces, fresas, jitomates, lechugas, coliflores, zanahorias y espinacas, entre muchos otros cultivos. La entidad alimenta a Estados Unidos y a parte del planeta. Si California fuese país, estaría entre los primeros 10 exportadores agrícolas del mundo.


Recolectores de manzana en el norte del estado de Nueva York
Fotografía: Laura Cano

Ese estado, bendecido con un envidiable clima, produce más de la mitad de la fruta, verdura y nuez de Estados Unidos, informa la California Farm Bureau Federation. Una de cada 10 fresas frescas en el planeta proviene de aquí, según la United Farm Workers.

Y es gracias al duro trabajo, bajo un sol que pega fuerte, de casi un millón de mexicanos (en su mayoría hombres jóvenes con baja escolaridad) que el campo californiano da sus frutos. En este estado, más de 80% de la mano de obra agrícola es mexicana y más de 90% es de origen hispano.

Desde hace décadas, los estadunidenses blancos ya no están dispuestos a hacer este trabajo (representaban sólo 7% del total de los jornaleros en 1998). A esa situación se refería el presidente George W. Bush cuando el pasado mes de enero dijo: "Algunos de los empleos que la creciente economía estadunidense genera son empleos que los ciudadanos estadunidenses no realizan". No realizan ni están dispuestos a realizar, debido a los bajos salarios y las difíciles condiciones laborales.

Los jornaleros trabajan, agachados, bajo el inclemente sol californiano, a cambio de un reducido salario.

Según el departamento de Trabajo estadunidense, "durante los noventa, los salarios de los jornaleros perdieron terreno respecto a los sectores privados no agrícolas. El salario real promedio por hora se redujo de 6.89 (1989) a 6.18 dólares en 1998. O sea, perdió 11% de su poder adquisitivo.

Así que, paradójicamente, a pesar de que la agricultura de California es de las más prósperas del mundo, los que trabajan sus campos están entre los más pobres del estado.

Y si bien el consumidor se beneficia de un precio bajo de los productos agrícolas, un incremento del salario del trabajador afectaría muy poco el precio final, ya que los precios al productor son de cerca de un tercio del precio al consumidor final, y los costos de mano de obra representan cerca de un tercio del precio de salida de la granja (Poverty amid prosperity. Immigration and the changing face of rural California, Michael E. Fix, Philip L. Martin, J. Edward Taylor).

A los bajos salarios se suma un transporte inseguro. No es raro escuchar la noticia de accidentes de camionetas cargadas de jornaleros que transitaban por carreteras. El pasado jueves 1 de abril, en Florida, ocho campesinos de Chiapas, Guanajuato y Veracruz perecieron cuando se volcó la camioneta en la que regresaban a casa tras una jornada de cosecha de toronjas. En el vehículo venían 19 personas, la camioneta tenía capacidad para 15.

Además, los jornaleros viven en pésimos alojamientos (algunos incluso construyen especies de cuevas en el monte, entre los árboles, con trozos de plástico y madera), carecen de seguro médico, están expuestos a los pesticidas, dependen del carácter estacionario de los cultivos y poseen escasas posibilidades de educación para los niños.

Debido a todas estas condiciones, el trabajo agrícola suele ser buscado por migrantes recién llegados, que pretenden no quedarse demasiado tiempo en los campos y que entre una temporada y otra buscan otro empleo.

Cuenta un mexicano en California: "Cuando mi padre a propósito me subía a un camión para ir a pizcar uvas en el día más caluroso de la temporada, hacía que la perspectiva de ir a la escuela me pareciera atractiva".

Fotografía: Laura CanoHoy, 80% de los trabajadores agrícolas son hombres, según el Departamento de Trabajo estadunidense. Hace un siglo no era así: en los veinte, explica el investigador Jorge Durand, uno de los más reconocidos expertos en migración, el campo daba trabajo a familias enteras. Pero a partir del Programa Bracero (1942-1964) se contrató a hombres jóvenes y solteros –o que dejaban atrás a su familia (Masiosare, 23 de marzo de 2003).

En 1998, el promedio de edad era de 31 años, 84% hablaba español, 52% no tenía permiso de trabajo, la mitad estaba casada.

Este perfil no contradice otra verdad de la migración mexicana: en las últimas décadas, el flujo se ha "urbanizado", por la sencilla razón de que México ha vivido ese mismo proceso. Al mismo tiempo, la agricultura estadunidense requiere menos trabajadores que antaño, merced a la creciente mecanización en algunos de sus cultivos. Pero el desarrollo de nuevas tecnologías no ha desplazado la mano de obra mexicana en muchos otros. El México rural sigue enviando una gran cantidad de trabajadores indocumentados o legales.

La mexicanización de la agricultura cubre los sitios tradicionales –como California– y avanza hacia la costa Este. Los lugares que eran exclusivos de la mano de obra afroamericana, caribeña y oriental son ahora destino mexicano. Florida, Georgia, Carolina, Nueva York, Virginia y Nueva Jersey constituyen un corredor de trabajadores que van y vienen según el ritmo de las cosechas, como sucede en el noroeste de México.

Jorge Durand, datos en mano, afirma que ahora el trabajo en los campos estadunidenses se ha "indigenizado". Jalicienses, zacatecanos y michoacanos, los provenientes de las "regiones históricas" de la migración mexicana, ya buscan el sustento en los servicios o en las yardas (jardinería). Cada vez más indígenas de Guerrero, Veracruz, Oaxaca y Chiapas van a los campos. Son los peor pagados y los que reciben mayores maltratos. Lo lamentable es que, como dice un contratista de Carolina del Norte, "en sus pueblos viven peor que aquí". Vendrá el día, claro, en que la situación cambie porque, a diferencia de la canción, la cosecha de mujeres (y hombres) sí se acaba. Como ha señalado Durand: "Va a llegar el momento en que el libre mercado va a acabar con la última reserva de mano de obra mexicana. Pero no hay que preocuparse, el camino ya lo han ensayado los finqueros de Chiapas, que prefieren importar mano de obra indígena de Guatemala. En la cadena de explotación y migración siempre hay alguien abajo".

El norteamericano John Kenneth Galbraith publicó en 1979 en The nature of mass poverty: "Si todos los indocumentados en Estados Unidos fuesen expulsados, el efecto sobre la economía norteamericana... sería poco menos que desastroso... Frutas y legumbres en Florida, Texas y California no serían cosechadas. Los alimentos subirían espectacularmente de precio. Los mexicanos quieren venir a Estados Unidos, son necesarios y añaden visiblemente a nuestro bienestar".