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Obituario   - NUEVO -

E S P E C T A C U L O S
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México D.F. Domingo 18 de julio de 2004

Carlos Bonfil

Presencia del cine brasileño

De 10 años a la fecha el cine brasileño ha vivido un desarrollo espectacular, pasando de una producción casi inexistente -consecuencia de las medidas de austeridad del presidente Fernando Collor de Mello y de su franco desinterés por el cine-, a una producción actual de 30 a 40 cintas por año. Existe hoy en Brasil un decidido apoyo oficial a una industria que estuvo a punto de desaparecer, y para la que tuvieron que implantarse vigorosas medidas de rescate. Entre ellas, una ley audiovisual que impulsó los incentivos fiscales para las empresas que invirtieran en cine, y el desarrollo de una política de acercamiento y persuasión que garantizara una fuerte participación de las redes televisivas, en particular la nacional O Globo, en la producción de largometrajes. También se defendió el tiempo de pantalla del cine nacional ante la invasión de productos hollywoodenses (pasando de 6 por ciento a 22 por ciento actual), creciendo así la asistencia a las salas y la difusión del cine brasileño en festivales internacionales.

De igual modo se impulsó una labor de rescate del acervo fílmico y se reactivó paralelamente la docencia fílmica y la promoción de nuevas generaciones de creadores. Este proceso de recuperación, iniciado con Fernando Henrique Cardoso, se consolida con la llegada al poder de Lula da Silva, entre cuyos primeros decretos figura el de convertir a Brasil en una potencia en el campo audiovisual, considerado ahora como "actividad estratégica de la nación". Esta clara muestra de voluntad política, esta reactivación, casi eufórica, sólo se compara en América Latina con el caso del cine argentino, cuya producción anual alcanza un promedio de 50 largometrajes. En el caso de México, con menos de 20 producciones al año, el desinterés oficial es evidente. El gobierno de Vicente Fox podría hacer suya la declaración de Collor de Melo: "No le incumbe al Estado la producción de películas".

Labor en el extranjero

Este impulso oficial al cine brasileño incluye una buena promoción de sus cintas en el extranjero, labor en la que ha sido factor esencial el Grupo Novo de Cinema e TV, y los apoyos locales de la Agencia Nacional de Cinema (Ancine). En México, donde hace 10 años apenas se conocían algunas cintas emblemáticas de exportación (Doña Flor y sus dos maridos, Pixote; o acaso las clásicas de cine club, Vidas secas o Los fusiles); en los últimos cinco años se han exhibido alrededor de 50 largometrajes recientes. Esta difusión permite apreciar en el cine brasileño la originalidad artística de sus trabajos de ficción (A la izquierda del padre), el auge del documental (Ventana del alma), propuestas formales novedosas (Amarillo Mango), o recreaciones históricas heterodoxas (Madame Sata). Actualmente la Cineteca Nacional presenta un ciclo con siete producciones recientes, seleccionadas a partir de una mayor Muestra de Cine Brasileño en América Latina 2004, que con 14 cintas recorre varias capitales de nuestro hemisferio.

Sorpresas fílmicas

La primera sorpresa es la exhibición de un documental de Silvio Tendler, Glauber la película, laberinto de Brasil, retrato emotivo de un cineasta a menudo menospreciado, Glauber Rocha, figura de culto, enfant terrible del cinema novo de los años 60. Una trayectoria artística siempre controvertida, posturas radicales ("la violencia es el comportamiento normal de quienes tienen hambre"), actitud vital extravagante, provocación y teatralidad, violencia en el montaje y en el juego de oposiciones dramáticas; heredero de Brecht y de Godard, con un gusto por el barroquismo visual y los rituales mesiánicos. Tendler reúne testimonios de colaboradores y amigos del artista paranoico surrealista, y con una distancia saludable señala la relevancia estética y las altisonantes posturas ideológicas de Glauber, defensor de utopías, autor de Tierra en trance y de Antonio das Mortes, dos clásicos. El ciclo incluye dos obras del talentoso Jorge Furtado, Hubo una vez dos veranos, y El hombre que copiaba (esta última, excelente); el trabajo documental de Paulo Sacramento sobre la revuelta del penal de Carandiru, El prisionero de la reja de hierro, y tres cintas muy populares en Brasil, El otro lado de la calle, de Marcos Bernstein, Lisbela y el prisionero, de Guel Arraes, y Nina, de Heitor Dalia. La Semana del cine brasileño se proyecta del 15 al 23 de julio en la Cineteca Nacional.

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