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DEL COMERCIO LIBRE Y EL COMERCIO JUSTO 11 de octubre de 2004

Del libre comercio

Una de las disputas clásicas sobre el libre comercio la planteó el economista británico David Ricardo a principios del siglo xix, cuando habló en favor de repeler las Leyes de Granos, que protegían a los terratenientes al prohibir la importación de trigo más barato de otras zonas de Europa. Argumentó que el mayor precio del cereal causado por la protección elevaba los salarios reales de los trabajadores y con ello se mermaba la ganancia de los capitalistas, mientras que los terratenientes mantenían y elevaban su participación en la distribución del producto mediante la renta de la tierra. La apertura del mercado reduciría esa renta, también bajaría los salarios reales y dejaría mayor excedente para la inversión productiva. Esta última era el motor del crecimiento y una forma de garantizar que la economía no entraría en el estancamiento. La defensa de los intereses de los nobles terratenientes pospuso la derogración de la Ley de Granos por varias décadas.

De la competencia

"La competencia es la guerra". Así definió Karl Marx el comportamiento de los capitales en el mercado en busca de la mayor rentabilidad posible. La competencia tiene que ver con el control del mercado y éste puede lograrse por distintas vías, desde la protección directa de los intereses de los empresarios, sean éstos productores, comerciantes o banqueros por parte del Estado, hasta el cierre de las fronteras nacionales para apoyar ciertas etapas de la acumulación del capital. Puede hacerse también mediante la expansión externa en la forma del colonialismo y del imperialismo. Incluso pueden aprovecharse las condiciones de la guerra de la competencia vía la libreralización del comercio. Esta fase llamada de globalización con formas dispares de reglamentación parece ser una forma en que esto se pone de manifiesto.

<>De las ganancias del comercio

Paul Samuelson, famoso economista estadunidense y premio Nobel, argumentó que no era posible aseverar que el comercio libre fuese siempre la mejor opción para un país. Esto, en cuanto a la eficiencia en el uso de los recursos de los que dispone o en términos del bienestar que derivan los distintos grupos de la población. Lo más que se podía probar, según este autor, era que alguna medida de intercambio comercial con el exterior generaba mayores ventajas sobre el funcionamiento de una economía que las condiciones en que operaba cuando se mantenía cerrada.

La industria infante

Los defensores del proteccionismo económico argumentan que las industrias nuevas y con potencial de crecimiento, en especial en los países en desarrollo, necesitan ser aisladas por un cierto periodo de la competencia externa. Esto permite que se alcance una escala de producción tal que haga posible que los costos por unidad de producto desciendan a un nivel que les permita competir con los productos foráneos. Con ello, se fortalece el mercado interno, se alienta un mayor nivel de actividad económica en el país, el mejor uso de los recursos disponibles, la generación de más empleos y la captación de recursos por el fisco por la vía de los impuestos. Esta idea fue planteada originalmente por Frederick List en Alemania a mediados del siglo xix como un postulado de política económica para preparar las condiciones de la incipiente industrialización frente a la competencia y las presiones librecambistas de Inglaterra, que tenía el impulso de la revolución industrial y las ventajas de su abundante y cada vez más barata producción de manufacturas.

El intercambio desigual

La teoría convencional del comercio internacional indica que se derivan ventajas del intercambio para las partes que los realizan y, con ello, aumentos en el bienestar de la población. Pero factores tales como las tarifas o los subsidios pueden alterar los términos del intercambio entre diversos productos y con ello la distribución de dichas ventajas entre los países, en particular entre los más y menos desarrollados. Esto tiene que ver con las condiciones estructurales de la producción que afectan los costos de las empresas y, así, la relación de los precios relativos de los bienes manufacturados y las materias primas. Se asocian también con las diferencias en las remuneraciones salariales, así como con las formas de la incorporación del progreso técnico que incide sobre las utilidades del capital invertido en distintos sectores productivos. Esto da lugar a un entorno en el que suele prevalecer lo que se denomina como el intercambio desigual, fenómeno que fue planteado como una de las condiciones predominantes de las relaciones económicas internacionales y de las características de los procesos del subdesarrollo por el economista argentino Raul Prebisch en la década de 1960.

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El libre comercio puede entenderse como el marco de los intercambios de bienes y de servicios entre diversas economías que se hacen con las menores restricciones posibles. Esto significa que se reducen o se eliminan los aranceles, los impuestos y los controles cuantitativos que se aplican mediante los permisos o las cuotas. Existen otras formas de distorsión de las libres corrientes comerciales, que provienen de los apoyos a los exportadores o a los importadores por medio de precios de garantía, subsidios o cuotas compensatorias. Hoy el comercio internacional se considera menos restringido y se promueve su creciente liberalización. Pero existe una enorme variedad de restricciones que generan crecientes conflictos entre las naciones más ricas y aquellas con menor desarrollo.

El comercio puede ser libre en el sentido antes señalado, pero eso no quiere decir necesariamente que sea justo. La era en que más se ha avanzado institucional y legalmente en la liberalización comercial es también la que muestra grandes contradicciones en cuanto a su justeza, como pudo verse en las recientes reuniones de la Ronda de Doha promovida por la Organización Mundial de Comercio. Esta es más bien una etapa de comercio ampliamente regulado, por diversos acuerdos sobre productos específicos (textiles, azúcar, etcétera) y por acuerdos comerciales que imponen restricciones y pautas al intercambio y las inversiones y, por tanto, a las empresas y los gobiernos de los países con economías más débiles.

Hoy, las corporaciones multinacionales realizan dos terceras partes del total del comercio mundial, la mitad de esos intercambios ocurren entre distintas empresas de una misma corporació. El precio final de un producto se va componiendo de las distintas fases de intercambio en el proceso de su producción, distribución y consumo. La repartición de los beneficios que esto entraña es parte del problema del comercio injusto §

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