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Jorge Du Bon Angélica Abelleyra
"Una casa normal es una habitación muy pobre para el espíritu. Uno puede alojar su cuerpo en una casa pero ¿el espíritu dónde? Las esculturas son estuches para el espíritu".* Estas palabras de Jorge Du Bon retrataban con fidelidad su ánimo y su forma de existencia. Vivía en una casa-taller que era todo, menos convencional. Él mismo decía que sus días y noches transcurrían en ruinas, en medio de un espacio caótico, sin techos ni ventanas, en las afueras de París. Allí concebía sus piezas, refunfuñaba o reía por casi todo y mantenía su espíritu, lo alimentaba.
Formado como arquitecto por la unam (1956-61), con estudios de urbanismo en París (1962) y de posgrado en arquitectura por Harvard (1964-65), tuvo un arranque como miembro marginal de la llamada generación de Ruptura en México. Dice el arquitecto y escultor Fernando González Gortázar que su colega fue uno de los "cachorros" de aquel colectivo (Takahashi, Felguérez, Rojo, Gironella, Coronel, Cuevas, Vlady y otros) pero no alcanzó a desarrollar una relación más estrecha con sus integrantes pues viajó a Francia, Estados Unidos e Inglaterra para lograr su desarrollo académico. Sin embargo mantuvo, como aquéllos, un aire de innovación en todo momento y la voluntad de hacer un arte ajeno a la retórica oficialista. Amigo cercano al extinto creador, González Gortázar habla sobre este escultor peculiar, contestatario, neurótico y complicado al que era igualmente fácil amar u odiar: "Tuvo una infancia chiapaneca y en muchos aspectos su trabajo habla de su condición cultural de mexicano. Gracias a Francisco Toledo, al invitarlo a Oaxaca durante varios periodos, recuperamos para nuestro país a uno de sus artistas centrales. Y allá no sólo recuperó su raíz; trabajó una de sus series magistrales: enormes troncos de árbol a los que extraía, intocado, el corazón de madera. Como dijo Jorge Reynoso, con Du Bon la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma, como el principio de la física. Creo que esto se convierte en una metáfora del trabajo de Jorge: la voluntad de extraer el corazón del material y dejar que hablara por sí solo. Y en esto se fue radicalizando hasta que al final lo que pretendía era dejar intocada la materia prima. Si usaba una placa de acero quería simplemente colocarla en un punto de apoyo y dejar que tomara la forma que le viniera en gana. Fue una especie de místico del respeto por la esencia de la materia prima."
"Por muchas décadas he dicho y lo repito: Jorge Du Bon fue uno de los mejores artistas que dio México en el siglo xx. Y es tristísimo e inaceptable el que uno mencione su nombre ante casi cualquier persona, se encoja de hombros y diga: ¿De quién hablas? Este desconocimiento se deriva de su propia biografía y de las deformaciones de nuestra vida pública. El que haya muerto sin dejar su huella con obra reciente que fue capaz de crear en otros sitios, me parece una vergüenza para esta política cultural cada vez más inexistente en el país. Intenté invitarlo a proyectos colectivos de escultura pública y a exponer en galerías; intenté colocar su obra en museos y fracasé. Buscaba contribuir al impulso de Toledo de recuperarlo para la vida nacional pero no soy yo quien debió tomar la iniciativa, ni Toledo. Se supone que existe un organismo llamado Conaculta encargado de instrumentar políticas culturales de beneficio colectivo. La última vez que estuvo aquí me enteré que traía los proyectos de dos esculturas monumentales. Sus amigos o instituciones privadas podríamos intentar rescatarlos y que se realicen pero quien tiene la obligación legal y moral de llevarlo a cabo es Conaculta. Es lo que se me ocurre para evitar que este anonimato siga adelante." * Palabras tomadas del video
realizado en mayo de 1994 por Elías Levin Rojo con motivo de la
exposición Jorge Du Bon. Esculturas recientes que preparó
el Museo Carrillo Gil.
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