La Jornada Semanal,   domingo 26 de diciembre  de 2004        núm. 512
 

 El arte como
sismógrafo

Andreas Heinecke

La única forma de aprender
consiste en el encuentro

Martin Buber,
Yo y Tú, el principio dialógico


La idea es sumamente simple: en espacios totalmente a oscuras, personas ciegas conducen al público, en pequeños grupos, a través de la exposición. Mediante olores, vientos, temperaturas, sonidos y texturas se recrean un parque, una ciudad o un bar. Situaciones cotidianas que, al vernos privados de la vista, se convierten en experiencias con rasgos totalmente nuevos. Se produce un intercambio de roles: los videntes se ven arrancados de su rutina social y de sus hábitos perceptivos. Los ciegos garantizan orientación y movilidad, volviéndose embajadores de una cultura sin imágenes.

El efecto es considerable: Diálogos en la oscuridad (en México del 23 de julio al 21 de noviembre, n. de la r.) viaja por el mundo desde hace años, habiéndose presentado ya en catorce países y más de cien ciudades. El decimoquinto país fue México, donde, por iniciativa del Grupo Techint y de su presidente, Gianfelice Rocca, la exhibición se llevó a cabo en el museo del maravilloso Palacio de Bellas Artes.

Una interrogante se impone: ¿por qué una exposición que permite el descubrimiento de lo invisible merece tanta atención? ¿La experiencia de la oscuridad y sus implicaciones sociales es, dentro de la intercambiable fugacidad de las ofertas culturales, apenas otra manifestación de moda o esconde algo más? Echemos una mirada a la oscuridad.

EL EXCESO VISUAL

Como reza el proverbio: una imagen dice más que mil palabras. Vivimos en la época del flujo de imágenes, somos ciudadanos de una sociedad visual, saltamos de una realidad a otra como si la vida fuese una pantalla. Alcanza con una mirada de menos de un segundo para formarnos un juicio sobre los demás. Y esa imagen adquiere consistencia y se vuelve reacia a corregirse.

Precisamente las imágenes en movimiento influyen en la percepción y en la comunicación hasta el punto que los científicos hablan de un cambio de época visual. Los argumentos racionales pierden peso: en lugar del discurso irrumpe la diapositiva. En la llamada época de los medios masivos, la asimilación de la información se ha desplazado dramáticamente hacia el inconsciente. Ya casi nadie puede sustraerse a la fuerza de sugestión de las imágenes, ya que éstas impresionan y condicionan a quien las ve. Las imágenes determinan las emociones y son vehículo de las modas.

"Pero las apariencias engañan", como dice la bella expresión. ¿Qué tan fácil es manipular el sentido de la vista? Ya la perspectiva frontal genera en el espectador la ilusión de una determinada percepción espacial. Los efectos estroboscópicos descomponen un movimiento en fragmentos aislados, el cine digital provoca la ilusión de una acción continua y fluida, ya que la interpretación correcta de la sucesión de imágenes supone engañar al ojo. Toda la industria cinematográfica está al servicio de este engaño.

En el ámbito de la visión no existe un término equivalente para eso que la acústica designa como "ruido". El concepto de "flujo de imágenes" expresa apenas la cantidad pero no la calidad de los impactos sensoriales trasmitidos por los ojos. Sin embargo, los ojos se cierran con el menor dispendio. Ningún otro sentido funciona de manera tan poco sutil, sometido al método del encendido-apagado.

Y una vez más: "Una imagen dice más que mil palabras." Pero, ¿puede una palabra decir más que mil imágenes? ¿En el principio no era el verbo? ¿Qué sucede con la prohibición de imágenes en las religiones, encarnada en el precepto: "No representarás ninguna imagen"? ¿Por qué a los niños les gusta jugar en el sótano? ¿Por qué cerramos los ojos al besarnos?

EL MEDIO. MENSAJE Y METÁFORA

La oscuridad es desde siempre una metáfora para lo insondable, lo desconocido, lo oculto, lo prohibido. Las asociaciones florecen en este reino de sombras y llegan hasta el infierno de la muerte. Pero, por otra parte, la oscuridad se ha eclipsado como experiencia de vida, desde que la conquista de la electricidad transformó la noche en día, iluminándonos así de manera permanente. La oscuridad procura ante todo inseguridad y terreno para la angustia y el miedo. Moverse sin un referente visual conlleva el temor a lastimarse, a sentirse indefenso.

El encuentro con personas ciegas tampoco está exento de inquietudes, considerando que la mayoría nunca se ha enfrentado con una discapacidad física. La inseguridad determina a menudo el trato con el otro; ya el identificarse con la condición vital del otro genera un sentimiento de incomodidad. Entonces: ¿dónde radica la atracción por la oscuridad, para que además nos encontremos allí con personas ciegas?

Una vez más: en todas partes brillan los vidrios opacos. Los niños de los países industrializados pasan en promedio seis horas diarias frente a las pantallas de televisores y computadoras. Eso provoca cansancio, un cansancio visual. Todo, de veras todo, se puede diseñar, representar, evocar. La fantasía está paralizada: ¿ya no queda nada oculto? Los sentidos están embotados, sometidos a un uso mínimo. Se ha producido un fuerte debilitamiento de la percepción. Nos vemos inclinados a hablar de una privación, de una creciente languidez de los sentidos. ¿Quién considera –fuera de los extremos– en su visión del mundo el sentido de la temperatura, del olfato, del tacto? Los hombres son, ante todo, hombres que ven. Lo que vemos es verdadero. Lo que no se puede ver, casi no existe.

En la oscuridad rigen otras leyes. Durante las pausas visuales se produce una desintoxicación que limpia nuestra retina. Al liberarnos de la visión se abren caminos del todo nuevos, sorprendentes y fascinantes. Así se activan sensores percibidos corporalmente, que enriquecen el espectro perceptivo. En oposición radical a toda experiencia previa, la dimensión del nuevo entorno irradia un fuerte impacto emocional sobre los visitantes. El estímulo es tan fuerte que permite superar inseguridades y miedos. Se activa así el instinto lúdico. Un juego con uno mismo y con el otro. Un juego de los sentidos, con los sentidos. La visión interior sustituye al mundo exterior. Se genera así un espacio para representaciones mentales y fantasías, donde lo necesario se convierte en un hecho. Surge entonces una cultura sin imágenes ni estímulos visuales, que determina un mundo constituido por elementos despojados de lo visual, una sociedad donde el vínculo de unión entre las personas es la comunicación y no la belleza de una imagen. Sólo quien habla existe. Quien calla pierde su contorno en la oscuridad impenetrable. La mancha ciega, aquel círculo sobre el tejido cutáneo, incapaz de reaccionar al estímulo lumínico, porque allí se retiran los vasos sanguíneos y el nervio óptico, se expande por todo el cuerpo. Así como el cerebro desempeña su función añadiendo informaciones del entorno, el público descubre en la oscuridad una percepción a través de la fantasía. Y del diálogo: las voces dan seguridad y confianza. Con creciente tolerancia y predisposición a escuchar, dan paso a otras opiniones y experiencias, como garantía esencial para sentirse cómodos en una situación inusual.

Así comienza un diálogo a distintos niveles: el diálogo consigo mismo. El diálogo con el otro. El diálogo con la discapacidad y con realidades de vida ajenas. Este diálogo se lleva a cabo sobre todo con personas que no ven. O, mejor dicho: que ven de otra manera. Las personas ciegas ven con los dedos o, como lo expresa el filósofo y estudioso de las religiones australiano, John M. Hull: los ciegos ven con todo el cuerpo.

¡¿Ceguera?! ¡Por dios! Como cree la opinión común, la ceguera es una pérdida cruel y la peor de las desgracias. Resulta impensable, como se suele decir, no poder ver y estar privados de la danza de las imágenes coloridas. En términos lingüísticos, la ceguera está revestida de un halo negativo. "Ciegos" corremos hacia la catástrofe, con "cólera ciega" intentamos alejar algo de nosotros, somos "golpeados por la ceguera", cuando ya es tarde, esperamos que todo haya sido sólo "una alarma ciega". Ciego parece utilizarse como sinónimo de deficiencia, falta de orientación e ignorancia.

Ciertamente ser ciego significa estar privados de muchas cosas, lo cual significa pasar la vida tratando de adaptarse a una sociedad regida por la vista. Pero no significa el ocaso, el final o la persecución última de un deseo de muerte. Las personas ciegas no son sólo ancianos o veteranos de guerra necesitados de ayuda. Los ciegos también se ríen, disfrutan de la vida o sienten curiosidad por lo que les rodea. Las limitaciones visuales se ven compensadas y surgen otras coordenadas. En lugar de un registro visual del mundo tiene lugar otro tipo de descripción, caracterizada por señales acústicas, táctiles y olfativas. Esta otra cara es la que ahora experimentan con emoción los que ven. Parece una paradoja, pero los videntes pueden aprender a ver de una nueva forma –o notar cosas que hasta ahora escapaban a su atención– a través de los ciegos. Que se trate de imágenes, olores, percepciones táctiles, fuentes de sonido u otras formas de comunicación. Surgen así nuevas cualidades, ya sea la brisa urbana que asume un carácter peculiar o la percepción de la lluvia como instrumento que transforma el entorno en cuerpo sonoro.

Se instaura así un intercambio de roles: por su situación cotidiana, los ciegos están acostumbrados a orientarse y a arreglárselas sin la vista, no se sienten limitados en ese lugar sin luz. Los visitantes videntes, al verse privados de su órgano central perceptivo, se ven repentinamente confrontados con sus propios límites. En la discapacidad tienen que depositar su confianza en personas extrañas, reciben instrucción para asimilar vínculos sociales dentro de un grupo y se ven expuestos a una experiencia primordial. Dado que el encuentro está determinado, desde el principio, por la inseguridad y la angustia, la vivencia sucesiva se convierte en una aventura de los sentidos, conduciendo a un diálogo libre de prejuicios.

Se produce así un cambio de perspectiva: a la representación y a la configuración del mundo se incorporan elementos no visuales, y las personas con discapacidad ya no se definen sólo por un déficit. Se erige entonces una plataforma para la comunicación, para el intercambio entre persona (con discapacidad) y persona (sin discapacidad), sobre esto y aquello, sobre distintas situaciones de vida, perspectivas, necesidades y culturas. La oscuridad se convierte en el medio ideal para la comunicación y la mirada introspectiva. Diálogos en la oscuridad es un ejemplo de experimento social, una propuesta que remite al trabajo de laboratorio. Diálogos en la oscuridad es una aportación desde el laboratorio social.

EL ARTE COMO SISMÓGRAFO

Las temáticas sociales y la integración de las minorías han sido objeto, en el ínterin, de una vasta apertura y señalan un cambio de perspectiva en el ámbito de las artes y del circuito expositivo. Ello ha llevado a una evolución en los contenidos y en las formas de presentación en bienales y grandes ferias internacionales de arte. El centro de atención ya no son la provocación, la autorreflexión o la pura estética. Lo que inspira a los artistas son los procesos y los fenómenos sociales, proponiendo al espectador una mirada sobre realidades extrañas y novedosas. Las bienales de Estambul y Venecia, la xi Documenta de Kassel, la Tate Gallery en Londres o el New Museum for Contemporary Art en Manhattan se han erigido en plataformas para los profetas de las corrientes contemporáneas, que asumen ese cambio de perspectiva y anclan la mirada en lo humano y en lo inter-humano.

Así, en 2001, Harald Szemann montó su Plataforma de la Humanidad. El curador de la Bienal de Estambul, Yuko Hasegawa, se propuso resaltar las fuerzas de difusión dentro de la sociedad, bajo el eslogan "Fuga del Ego". En la última edición de la Documenta de Kassel, el comisario artístico, Okuwi Enzewor, presentó sus plataformas ligadas, precisamente, a temas sociales. Tres reconocidos curadores internacionales plantearon temáticas sociales candentes, como parte de su tarea de exploradores en la jungla de la vanguardia.

Hace unos años, en la Tate Gallery se le pagó a un indigente para exhibirlo como obra de arte durante toda la "muestra". En un museo de Nueva York se podía "visitar" a un muchacho enfermo de sida; se llevan a cabo representaciones teatrales en casas de huéspedes; se presentan instalaciones en viviendas ocupadas; en el ballet moderno se producen coreografías con ancianos y desempleados. Otros dos ejemplos de época reciente: bajo el título WordSearch se recopilaron en Nueva York doscientos idiomas vivos, con los cuales se realizó una escultura virtual en la red; en la gran retrospectiva de arte mexicano contemporáneo, realizada en Berlín, había una sala donde se vaporizaba agua para el lavado de cadáveres en la morgue. Otra obra, ligada al contexto social, eran los retratos de gran formato de las hijas de millonarios mexicanos, en abierto contraste con una pared untada de grasa extraída de liposucciones. Santiago Sierra, artista español radicado en México, afronta temas sociales como la inmigración, el asilo, la prostitución o el desempleo, convirtiéndolos en provocaciones que buscan llamar la atención sobre distintas minorías. Las relaciones entre sensorialidad, gusto y valor artístico se prestan a múltiples polémicas, pero dentro de las distintas tendencias del escenario artístico contemporáneo podemos identificar muchos ejemplos de marcada concentración en lo social.

EXPOSICIÓN Y CAMBIO SOCIAL

Encontrarse en un museo con gente sin techo o con ciegos ya no constituye la ruptura de un tabú, sino que es algo relacionado con temas de nuestra época. Los contenidos y los montajes de las exposiciones son sismógrafos que reaccionan a las transformaciones de la sociedad.

¿Y cómo resuenan los tópicos en los oídos?: Somos ciudadanos de una aldea global, somos parte de una sociedad multicultural, experimentamos la movilidad y las migraciones, protagonizando un cambio de valores de alcance planetario. Faltan las utopías, se ha perdido la fantasía política. Los ámbitos de relación social que expresan valores comunes como las asociaciones, los sindicatos o los círculos religiosos están perdiendo significación en el mundo postindustrial. En el centro está escrito con letras grandes un yo, sin valores ni orientación. Conocemos las consecuencias de esta individualización: aumento de las viviendas individuales, crecimiento de los índices de divorcio, cambios demográficos. Esta transformación de la estructura poblacional implica que, dentro de veinte años, en los países occidentales industrializados más de un tercio de la población tendrá más de sesenta años de edad. Las angustias ante la pobreza y la vejez ya no serán un tema de minorías, sino que incidirán en la convivencia social. La discapacidad ya no es un tema marginal, antes bien, juega un papel decisivo en amplios sectores de la vida pública. Ello va a transformar los sistemas de seguridad social, los productos, la eficiencia de los servicios, las leyes y las ofertas para el tiempo libre, involucrando cada vez más a personas discapacitadas y a ancianos. Las personas discapacitadas son una vanguardia social en una sociedad que tiende al envejecimiento, ya que sus necesidades actuales son las que deberá satisfacer la sociedad del mañana.

Mucho se ha hablado en los últimos tiempos acerca de este cambio global y de sus efectos sociales. El contacto con las minorías, las angustias y el desempleo, los desafíos sociales de la individualización, los cambios demográficos, la decadencia de los valores y el sistema social plantean nuevos retos a artistas y curadores, para que museos y espacios del arte puedan tener éxito en su cometido pedagógico e intelectual.

DE LA EXPOSICIÓN
A LA PLATAFORMA

Es dentro de este contexto que debe considerarse Diálogos en la oscuridad. Un nuevo enfoque museográfico permite transmitir temas sociales, incorporando elementos del teatro, del juego de roles, de la teoría de la comunicación y de la psicología experimental. La exhibición como tal se disuelve, dado que los objetos resultan redundantes. En el centro se ubica, antes que una creación artística, una social, de manera que personas provenientes de las más distintas realidades tengan la oportunidad de encontrarse. En ese centro se encuentra una persona como ser vital, multisensorial, que, dentro de la exposición, experimenta la realidad con todo su cuerpo, sensible, ante todo, en un sentido emocional, guiada sólo en escasa medida por su cognición. La oscuridad se convierte en un medio eficaz, ya que tiene un fuerte impacto sobre los sentimientos, genera espacios vacíos y, a través de su efecto exterior, refuerza el vínculo interior en los grupos de visitantes. En ese lugar, carente de prejuicios visuales, surge una utopía social. Las personas se encuentran de forma enteramente nueva, recibiendo un estímulo para reflexionar acerca de sus patrones de pensamiento, sus valores humanos y rutinas sociales.

Actualmente se está produciendo en México un cambio de paradigma social. Las personas discapacitadas están dejando de ser consideradas como figuras marginales o mendigos, para convertirse en miembros valiosos de la sociedad. El acceso a edificios y ciudades, el surgimiento de una comunicación sin barreras y el uso indiscriminado de los transportes expresan una voluntad política y un cometido humano. La asistencia a la autoayuda sustituye a la beneficiencia, estimulando a su vez a la persona discapacitada a asumir una nueva identidad, una nueva autoconsciencia y un nuevo rol.

En Diálogos en la oscuridad se produce el encuentro con esta nueva generación de personas con discapacidad, que poseen una movilidad tanto en sus piernas como en su cabeza. El Museo del Palacio de Bellas Artes albergó de julio a octubre una plataforma para el encuentro y el intercambio. Durante ese breve lapso se representó un microcosmos de esa condición, hacia la que se dirige el conjunto de la sociedad mexicana. La importancia de las personas discapacitadas y su cultura se verá legitimado y reconocido, mostrando que su universo no es más pobre sino, simplemente, distinto.
 
 

TRADUCCIÓN DEL ALEMÁN DE
JAVIER BARREIRO CAVESTANY