Estado actual de los corales arrecifales en México: especies en riesgo

Héctor Reyes Bonilla1 y Rosa E. Rodríguez Martínez2

1Universidad Autónoma de Baja California Sur. Departamento de Biología Marina. La Paz, Baja California Sur

Correo electrónico: hreyes@uabcs.mx

2Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Ciencias del Mar y Limonología. Unidad Académica Puerto Morelos. Puerto Morelos, Quintana Roo

Correo electrónico: rosaer@mar.icmyl.unam.mx

Los arrecifes de coral son sistemas relativamente resistentes a perturbaciones. Sin embargo, muchas de sus especies componentes son muy vulnerables y ya se han registrado disminuciones severas de algunas poblaciones de invertebrados. Es el caso del erizo de espinas largas (Diadema antillarum), el caracol rosado (Strombus gigas) en el Caribe, y el pepino de mar (Isostichopus fuscus) en el Pacífico. En esta nota analizamos la situación actual de algunas especies de coral que han sido incluidas en la NOM-059-ECOL-2001 (sobre especies en riesgo o peligro de extinción), y de otras que pueden presentar problemas en sus poblaciones en el futuro cercano.

Los corales del género Acropora

La familia Acroporidae es una de las más importantes ya que habita todos los océanos del mundo, cuenta con más de 100 especies y contribuye sustancialmente al crecimiento de la estructura arrecifal. En México, tenemos dos representantes: el coral cuerno de alce, Acropora palmata, y el coral cuerno de ciervo, Acropora cervicornis.

Las colonias de estas especies forman barreras capaces de reducir la fuerza del oleaje, ofrecen protección a múltiples organismos y evitan la erosión de las playas. Su abundancia ha disminuido drásticamente como fruto de factores naturales, al ser muy afectadas por la enfermedad de la banda blanca (que produjo mortalidades masivas en muchos arrecifes del Atlántico occidental), y por el huracán Gilberto en 1988.

Como resultado de la mengua en sus números, los corales cuerno de ciervo y cuerno de alce son las únicas especies de corales duros incluidas en la norma oficial mexicana (NOM).

Actualmente, el coral cuerno de alce está incrementando sus números en el Caribe. La recuperación es lenta y se da en parches, es decir, algunas áreas arrecifales pueden seguir dañadas mientras que en otras la especie se desarrolla. Sin embargo, las poblaciones son pequeñas y por lo tanto su situación sigue siendo frágil. Además, la sobrevivencia de las colonias a largo plazo no está garantizada debido a la presencia de eventos ligados con el cambio climático global, como el blanqueamiento (pérdida de las microalgas simbiontes que proveen alimento y eliminan desechos de los pólipos) y las enfermedades.

La situación del coral cuerno de ciervo sigue siendo muy mala en nuestro país y es causa de preocupación de manejadores y académicos. Su abundancia es baja y no hay perspectivas claras de mejora, quizá debido a que la aparición de colonias juveniles es poco frecuente.

Otras especies amenazadas en el Caribe mexicano y el Golfo de México

Además de los acroporidos, muchos otros corales son atacados por enfermedades en el litoral oriental del país. Un caso particularmente importante lo representan las especies del género Montastraea, las cuales crecen masivamente y han sido fundamentales para construir arrecifes desde hace más de un millón de años.

Este género es muy propenso a sufrir enfermedades de diversos tipos, como la banda negra y blanca, las manchas oscuras, y los síndromes de banda amarilla y roja. Aparentemente, su susceptibilidad se ve incrementada por el exceso de nutrientes y contaminantes, y la elevación de la temperatura oceánica y de la radiación ultravioleta.

Aunque la situación todavía no es grave, la posibilidad de recuperación de Montastraea se dificulta por su lento crecimiento (alrededor de un centímetro al año) y su poco éxito reproductivo.

La situación en el Pacífico mexicano

En esta región no hay especies coralinas consideradas como amenazadas. Sin embargo, varias presentan características que las hacen ser vulnerables a las perturbaciones. Alrededor del 70 por ciento de las especies de coral no es nativo, sino que migraron a la zona desde el Pacífico central, por lo que tienen épocas reproductivas muy cortas en el país o simplemente no se reproducen aquí.

Su dependencia del aporte larval a larga distancia las hace estar en peligro de extinción local. Además, muchos corales del occidente de México se caracterizan por una abundancia poblacional baja. En muchos casos esta situación es natural y deriva de que sus colonias se reproducen una vez al año y generan pocas larvas, pero en otros, el fenómeno es evidencia de la enorme mortalidad causada por el evento de El Niño de 1997, cuando la temperatura del mar se elevó varios grados por encima de lo normal. El evento fue particularmente intenso en Nayarit y Jalisco, donde alrededor del 80 por ciento de las colonias resultó afectado.

ƑPodemos justificar mayor protección?

Considerando todo lo anterior, el hecho de que la NOM sólo incluya las especies de Acropora debe tomarse como una deficiencia en la legislación. Para denotar qué otras especies tendrían prioridad para ser adicionadas a la norma, analizamos el status de todas las especies de corales arrecifales del país (53 en el Caribe-Golfo de México y 29 en el Pacífico) con base en el "Método de evaluación de riesgo de extinción de las especies silvestres en México" planteado en la propia NOM.

Esta herramienta requiere información sobre la distribución de cada especie en el país, el estado de su hábitat, su vulnerabilidad natural y el impacto de la actividad humana sobre sus poblaciones. Encontramos que existen al menos 12 especies (cuatro en el Pacífico y ocho en el Caribe) que alcanzan un puntaje semejante al de las especies de Acropora, por lo que recomendaríamos que fuesen incluidas en la NOM; ellas son: Agaricia tenuifolia, A. undata, Colpopyllia breviserialis, Dendrogyra cylindrus, Mycetophyllia reesi, Porites colonensis y Solenastrea hyades (Caribe), y Gardineroseris planulata, Pocillopora effusus, P. inflata y Porites sverdrupi (Pacífico).

Estos corales tienen baja densidad poblacional y distribución limitada, o son susceptibles a las enfermedades y a las presiones antropogénicas, particularmente el buceo deportivo. Cabe mencionar que nuestros resultados se basan sólo en la metodología establecida en la NOM, la cual no considera todos los factores que afectan a los corales o podrían hacerlo en el futuro.

Por ello es factible que más especies merezcan la atención de científicos, administradores y de la población en general para garantizar su conservación. Aún estamos a tiempo de modificar muchas de las acciones que afectan a los arrecifes de coral y permitir que las generaciones futuras puedan disfrutarlos y beneficiarse de ellos.