Usted está aquí: martes 8 de febrero de 2005 Política La hora de las cañerías

Luis Hernández Navarro

La hora de las cañerías

Uno es ninguno. Para irse tranquila al rancho, la pareja presidencial necesita al frente del país un sucesor que les garantice que asuntos como los negocios de los "hijos incómodos" no serán investigados. Y para que se consolide la revolución conservadora de quienes llevaron al poder a Vicente Fox, necesita de tiempo. Un sexenio no es suficiente. Requiere, al menos, otro.

Para garantizar la continuidad del proyecto, para salvaguardar la integridad de la pareja presidencial, en Los Pinos se designó ya como sucesor de Vicente Fox a Santiago Creel. Con él, esos seis años más que requieren estarán garantizados.

Pero el secretario de Gobernación no la tiene fácil. El desencanto hacia el gobierno del PAN es tan grande y la figura del responsable de la política interna tan pequeña, que su triunfo sólo será posible orquestando una gran maniobra de Estado. Una operación diseñada y efectuada desde las cañerías de la política nacional que permita dividir a los partidos opositores e inhibir a los aliados con aspiraciones, utilizando todos los recursos a su alcance: desafueros, golpes políticos y mediáticos, uso de expedientes, torcimiento de la ley, candidaturas "ciudadanas", registro de nuevos partidos y ensalzamiento de candidatos.

El primer paso es el desafuero e inhabilitación de Andrés Manuel López Obrador, el precandidato puntero en todos los sondeos de opinión. No es asunto menor. El jefe de Gobierno de la ciudad de México se ha mantenido fuera y ha combatido las redes de cabildeo que vinculan al mundo de la política con el de los negocios ilegítimos asociadas a ella. Más que con sus posibles medidas "populistas" o su desacato a la ley, la preocupación principal de quienes lo combaten desde el poder tiene que ver con el temor de que su llegada a la Presidencia cancelaría esa fuente de enriquecimiento, una verdadera mina de oro.

Aunque las cartas estén marcadas a su favor, para que Santiago Creel gane la candidatura del PAN requiere, por principio de cuentas, derrotar a otros aspirantes con más historia que él dentro de las filas de ese instituto político. Postulado candidato plurinominal del blanquiazul sin pertenecer a ese partido, no ingresó formalmente a sus filas hasta 1999. Ciertamente, algunos de los obstáculos que enfrentaba en su postulación han sido convenientemente allanados. El voto de última hora de una consejera del Instituto Electoral del Distrito Federal lo absolvió de la acusación de financiamiento ilegal a su campaña electoral por el gobierno de la ciudad de México en 2000. Y la declinación de las aspiraciones presidenciales de Carlos Medina Placencia, gobernador de Guanajuato por la gracia de Carlos Salinas de Gortari, le quitó una piedra en el camino. Pero Acción Nacional vivió ya con Vicente Fox la historia de una candidatura impuesta desde afuera de su estructura que, a lo mejor, no quiere repetir.

Con pretensión de ser rey, pero convertido apenas en un alfil de sacrificio, Jorge Castañeda recibió, en días pasados, respiración artificial del Presidente de la República, que lo subió al tablero de ajedrez de la política nacional con una comida.

Apenas hace unos meses pretendió ser la figura capaz de frenar a Andrés Manuel López Obrador. Su millonaria precampaña como candidato "independiente" terminó como había comenzado: con más pena que gloria. Existió tan sólo para sus amigos, o para los medios a los que contrató. Pasó absolutamente desapercibida para la sociedad.

Nueva Alianza -el nuevo juguete de Elba Esther Gordillo- y Alternativa Socialdemócrata Campesina disputan votantes y candidatos al tricolor y al sol azteca, de donde provienen parte de sus afiliados. La maestra ha operado durante este sexenio, cuando así le ha convenido, contra el PRI, del que es secretaria general. Allí están, como ejemplos, los casos de Aguascalientes y Baja California. ¿Por qué no hacerlo en la elección presidencial?

Más allá del legítimo derecho que Cuauhtémoc Cárdenas tiene para postularse por cuarta ocasión como candidato a la Presidencia, parte de esta maniobra es la exaltación que de él han hecho sus antiguos enemigos. Sus más acérrimos detractores del pasado son ahora sus más vehementes defensores. Las plumas y los medios que hasta hace unos cuantos años lo presentaban como la encarnación de nuestras peores tradiciones políticas hoy lo ensalzan cual vivo ejemplo de lo que la izquierda mexicana necesita.

La llegada de Miguel Angel Yunes a la Secretaría de Seguridad Publica tiene dedicatoria a sus antiguos compañeros del PRI. Los conoce a la perfección, sabe cuál es su juego. Formado en los bajos fondos de la gobernación mexicana, el veracruzano es un maestro en la plomería política, puesta ahora a disposición del PAN. Esta allí para darles una dosis de su propia medicina. Y ya encarrerado podría encargarse de trasladar a un López Obrador preso a un penal de alta seguridad.

En la hora de las cañerías, para perpetuarse en el poder la nueva mayoría moral, convertida en aprendices de brujo, se dispone a abrir una de las puertas del infierno. Ilusa, cree que puede cerrarla.

 
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