Usted está aquí: martes 22 de febrero de 2005 Sociedad y Justicia Coca-Cola disfraza de altruismo su apropiación del agua en Chiapas

La distribución de sus productos ha cimentado el poder de los caciques

Coca-Cola disfraza de altruismo su apropiación del agua en Chiapas

HERMANN BELLINGHAUSEN ENVIADO

Tuxtla Gutierrez, Chis. 21 de febrero. Cuando los recursos del agua escalan en su cotización planetaria, al grado de que muchos pronostican que será "el petróleo" del siglo XXI, los avances de las trasnacionales en el acaparamiento de los recursos hídricos deben ser atentidos. No son triviales. Y qué empresa necesita más agua que Coca- Cola, esa presencia que abruma publicitariamente el paisaje rural de Chiapas, la entidad de la República que posee más y mejor agua.

Un efecto, a la vez central y colateral del expansionismo cocacolero (sin olvidar a su rival gemela, Pepsi-Cola), es que re-presenta la punta de lanza de la cultura consumista. Se dirá que esto no es nuevo. Sucede en China, en Africa, en los sitios más recónditos.

Aun para sus estándares, en el campo chiapaneco la empresa pisa fuerte. En los medios urbanos, los productos de la re-fresquera comparten el espacio visual y mediático con muchos otros productos.

En las comunidades indígenas de los Altos es lo único que se anuncia (además de los estacionales partidos políticos). Y lo único que seguramente hay en existencia en las tiendas y tendajones. De hecho, la mera distribución de los productos de la refresquera en Tenejapa, Oxchuc, Chenalhó o Chamula ha cimentado cacicazgos y luchas de poder.

En este contexto, la Fundación Coca- Cola Chiapas informa que en cuatro años ha construido otras tantas escuelas en los municipios de Pantelhó, Huixtán, Comitán y recientemente en Pantepec, además de haber rehabilitado dos albergues escolares indígenas en los municipos de Tila y El Porvenir con el apoyo del gubernamental Comité de Construcción de Escuela del Estado (Cocoes).

Estas obras han beneficiado "a más de 850 niños tzeltales, tzotziles y zoques y cientos de comunidades (sic por cuatro escuelas) de donde provienen".

En una inserción pagada, de fondo ro-jo, publicada en los diarios de esta ciudad el 18 de febrero, Coca-Cola Femsa, franquicia mexicana de la poderosa empresa hiperglobal (si alguna) de bebidas embotelladas, se prodigó alabanzas a sí misma, pues ha logrado construir 29 escuelas y 51 albergues escolares indígenas en los mismos años que, por cierto, lleva Vicente Fox (ex gerente de Coca-Cola) a cargo del Ejecutivo federal.

Eso no es todo. En el mismo lapso la refresquera ha restaurado y pintado escuelas, bibliotecas y canchas deportivas en comunidades de Chenalhó, Chamula y otros municipios de los Altos, donde hoy es más barato, e infinitamente más fácil, comprar un litro de Coca-Cola que uno de leche o de agua purificada.

Directamente proporcional a la expansión altruista ha sido la invasión publicitaria y la inundación de productos en los pueblos indígenas del estado. Por ejemplo, cada vez que un niño tira la pelota para encestar, su cerebro registra el mensaje "Toma Coca-Coca", pintado en el ta-blero de baloncesto, el deporte más difundido en las montañas de la entidad.

Pero eso no es todo. A partir del concepto "ser un ciudadano corporativo", que debe poner alerta los huesos de Max We-ber, la refresquera se esmera en cumplir con su "Responsabilidad Social".

Prueba de ello es la campaña de limpieza que efectuó en las contaminadísimas aguas del río Grijalva, en las proximidades de Tuxtla Gutiérrez, en las que el principal contaminante es, sí, los envases plásticos de Coca-Cola.

Dejémoslo en sus propias palabras:

"Ser un ciudadano corporativo responsable implica también la preservación, en-riquecimiento y cuidado del entorno. Des-de el año pasado, y con el objetivo de restablecer y proteger la belleza y majestuosidad de uno de los escenarios naturales de México, Coca-Cola en conjunto con el gobierno del estado de Chiapas y organismos como Ecoce y la Asociación para Promover el Reciclaje de Pet, puso en marcha el proyecto llamado Alianza para la Salvación del Cañón del Sumidero (...) que pretendió no sólo limpiar y recolectar miles de envases de plástico que ensucian la zona, sino que también se buscó encontrar y dar solución a las causas que dieron origen al problema, concientizar y promover la participación de la comunidad en esto que nos atañe a todos."

Al inaugurar esta semana la Telesecundaria 764, en Pantepec, San Isidro de las Banderas, Coca-Cola informa que esta es-cuela cuenta con equipamiento adecuado "para la enseñanza moderna" y un salón para cada grado escolar, y promete que en el futuro también contará (todavía no) "con un centro de cómputo, una biblioteca, laboratorios, áreas recreativas, así como baños dignos", ante lo cual cabe preguntarse cuál es el "equipamiento adecuado para la enseñanza mo-derna" que ya posee la afortunada escuela para niños zoques.

Tan desinteresada actitud de la empresa no debe sorprender. De hecho, se queda corta. Estudios formales e informales en las comunidades indígenas han calculado cuánto del dinero que reciben las familias por "programas" del gobierno (típicamente Oportunidades) van a dar a Coca-Cola, cuyo consumo en estas comunidades po-bres y hambrientas es extraordinario. En muchas ocasiones el gasto en "represco" consume más de 50 por ciento de los "di-neros" recibidos.

El acaparamiento progresivo de mantos acuáticos y manantiales en San Cristóbal de las Casas, Huixtán y Ocosingo por par-te de la empresa (sin mencionar sus prebendas en cuanto a permisividad sanitaria), así como su "éxito de mercado", llevan a pensar que, en efecto, lo menos que podía hacer Coca-Cola era limpiar su propia basura del Cañón del Sumidero, que hoy busca tragar ecoturistas como se tragó a los indómitos chiapanecos que, según la leyenda, prefirieron morir a rendirse al invasor español.

 
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