Usted está aquí: miércoles 23 de febrero de 2005 Política BAJO LA LUPA

BAJO LA LUPA

Alfredo Jalife-Rahme

EU y la UE: ¿reconciliación eterna, "divorcio voluntario" o détente?

SI UNO LIMITA su obtención de "noticias" a los muy segados y omnipotentes multimedia de Estados Unidos, entonces la "ofensiva del encanto" (sic) a Europa de Condi Rice y Baby Bush habría sido un éxito notable: la reconciliación de la alianza trasatlántica, de lo que exultan desde The Washington Post hasta The Christian Science Monitor (22 de febrero), que se quedan cortos en ditirambos.

EL BUSH I de hace cuatro años no sería más el Bush II transfigurado en exclusividad para los europeos (todavía no para el resto del mundo), quien admite ahora la posibilidad de un diálogo "multilateral" (Nota: la palabra "multipolar" es tabú en Washington) con sus anteriores aliados despreciados (la "vieja Europa"). Tampoco Condi I, en su calidad de consejera de Seguridad Nacional, se parece a Condi II al frente de la diplomacia, palabra que inesperadamente entró el léxico bushiano durante su gira europea de cicatrización de las heridas profundas producidas por la invasión ilegal a Irak por el unilateralismo de la "permanente guerra preventiva". El anterior axioma proferido por Condi I había sido: "castigar a Francia, ignorar a Alemania y engatusar a Rusia", que parece haber sido transmutado por la también reconversión diplomática de Condi II por un nuevo teorema que todavía no expresa pero que sería similar a: "engatusar a Francia, ignorar a Alemania y castigar a Rusia".

LA COREOGRAFIA CON Europa ha mejorado después del periplo de Rice, debido a que la configuración del mundo en transición, que va que vuela hacia el nuevo orden hexapolar, obligó a que Bush diluyera su vino bélico en temas de común interés. Con tantos contenciosos de carácter estructural, más que personal, ¿qué tanto será transformada la escenografía de las relaciones trasatlánticas?

A RAIZ DEL empantanamiento del ejército anglosajón en Irak, Estados Unidos fue obligado, gracias a de los buenos oficios de Gran Bretaña (que mantiene un pie "especial" en Estados Unidos para sus objetivos financiero-enérgético-geopolíticos, y otro pie "pérfido" en el continente europeo mediante su membresía en la Unión Europea -UE-, sin todavía adoptar el euro) a recurrir a la salvación redentora (para estar a tono con el evangelismo bushiano) de Francia y Alemania, que se han posicionado con Rusia, China, India y Brasil para crear un incipiente eje militar-económico-energético que ha aislado lastimosamente a Estados Unidos.

EL MUNDO CESO de ser lineal y unipolar para entrar a una complejidad multipolar que recuerda las relaciones europeas de los siglos XVIII y XIX, nada apta para los simplistas maniqueos. En este tenor, la fractura iraquí no rompió todos los puentes de comunicación entre el bushismo unilateral y Francia (la potencia más rebelde de la UE), que se mantuvieron abiertos en colaboraciones yuxtapuestas en Haití, Costa de Marfil y Líbano. En forma provocativa, Andreas Whittman Smith (The Independent, 21 de febrero) señala la deferencia de Bush hacia Chirac (¡con el único que cenó a solas en Bruselas!), y que "Francia y no Gran Bretaña es la que mantiene una relación especial con Estados Unidos". Mejor dicho: la reciente entente cordiale reanudada entre Francia y Gran Bretaña ha llevado a una distensión (la famosa détente del gaullismo durante la guerra fría) con el bushismo, que se encuentra a la defensiva global y en franca decadencia económica. En forma inteligente, la "vieja Europa" tiende un puente de plata a Estados Unidos para que se retire de Irak y se da el lujo de dialogar en otros temas candentes sin ceder en lo sustancial.

NIALL FERGUSON, historiador británico y biógrafo de los célebres banqueros Rothschild, expone su escepticismo sobre la mejoría decisiva de las relaciones trasatlánticas: "tres razones por las que Estados Unidos y Europa no se reconciliarán: China, Irán e Irak planean sobre el ofrecimiento de Bush para seducir a los europeos" (The Guardian, 21 de febrero) y recuerda que en un "viaje poco reportado" (sic) Chirac "promovió los intercambios comerciales y culturales con China" y "sabe que la reconciliación trasatlántica es más que retórica vacía. Sabe también que Europa tiene la oportunidad de seducir a China lejos del alcance de Estados Unidos". Ferguson no dice cómo resolverá Gran Bretaña su esquizofrenia trasatlántica, pero define en forma interesante que "hoy, como en 1972 (Nota: la histórica visita de Nixon a China), el sistema internacional tiene una configuración triangular. Entonces fue Estados Unidos quien le ganó la partida a Europa por medio de su apertura hacia China. Quizá sea ahora el turno de Europa de ganarle la partida a Estados Unidos al hacer lo mismo. ¿Todavía Bush no compra su boleto de avión con destino a Pekín?"

DE DEFENSA, UN CENTRO de pensamiento militar con sede en Bruselas ("La alianza de la última oportunidad", 22 de febrero), reconoce la "hora crucial de la relación trasatlántica" y refiere la postura publicitada en el International Herald Tribune (17 de febrero) de "55 (Nota: está de moda el número) expertos e intelectuales moderados (sic), partidarios de la alianza", en su mayoría "estadunidenses, británicos y franceses", quienes "sugieren la compactación de un acuerdo diplomático entre Estados Unidos y Europa (...) que ofrece recomendaciones específicas de política para tratar los principales desafíos estratégicos del día", lo que nos recuerda el clásico abordaje de "resolución de conflictos" al estilo Harvard. Los "55" citan cuatro contenciosos incandescentes e indecentes: Irak, Irán, el levantamiento del embargo de la venta de armas a China y la Convención de Ginebra. De Defensa, que no se marea al primer viento, fustiga que sobre Irak "Europa es invitada a invertir sin ninguna garantía seria" y, peor aún, a espaldas de los iraquíes. Nadie aborda el tema nodal: ¿quién se quedará con el petróleo iraquí? Irán representa un caso de colisión, y la postura de los "55" se limita a evitar las posturas radicales y a enunciar el aburrido común denominador de "verificar el finiquito de su programa nuclear". ¿Podrán contener la furia de los neoconservadores straussianos que apuestan al "cambio de régimen" en Irán? Nadie aborda la pregunta crucial: ¿cómo sería el reparto del gas iraní? Sobre la venta de armas de la UE a China, un "caso de crisis mayúscula", los "55" implican "autorizaciones de intervención y control de Estados Unidos en las decisiones europeas que son cercanas a ser inaceptables". Después de las torturas de Abu Ghraib y el Acta Patriótica mejor evitamos, por salud mental, abordar las pontificaciones de los "55" sobre la Convención de Ginebra, ya no se diga sobre el Protocolo de Kyoto, pisoteado por el peor depredador de la biosfera. Para De Defensa, "hoy no existe ninguna posibilidad de entendimiento moderado entre Estados Unidos y Europa, ningún terreno de compromiso es posible. La situación es de todo o nada: Europa se somete a Estados Unidos, como George W. Bush lo propone en términos francos y netos, o bien los dos socios se separan".

WILLIAM PFAFF, LUCIDO analista estadunidense radicado en París, quien tampoco se cuece al primer hervor, demuestra en forma persuasiva: "Por qué Bush fracasará en Europa" (The Guardian, 20 de febrero): "El presidente tiene una enorme brecha política por colmar. Lo perturbador es que tampoco se da cuenta de ello (...) Regresará a casa sin las concesiones que desea". Más allá de Irak, Afganistán, Irán y Palestina, "Bush no entiende los alcances de la división con Europa" y tampoco los "europeos desean afrontar los hechos por las perturbaciones que implican con Washington" en varios niveles y rubros. Pfaff enumera tres contenciosos que parecieran irresolubles: 1) "pocos europeos creen en la 'guerra contra el terror' ni la 'guerra contra la tiranía' que describe Washington"; 2) "el reclamo por la dominación global de Estados Unidos y su hostilidad para que Europa adquiera un poder político o militar equiparable al poder económico europeo", y 3) "Estados Unidos ha repudiado el sistema de soberanía absoluta de los estados, que ha gobernado al mundo desde 1648 y que constituye la base de las modernas leyes internacionales".

EN EFECTO, EL repudio al Tratado de Westfalia, de 1648, tanto de parte de la globalización clintoniana como por el unilateralismo bushiano, reniega de la participación de Estados Unidos en la universalidad y ha engendrado un nuevo caos al pretender imponer un modelo neoimperial totalitario. Pfaff fustiga que Estados Unidos se aferra a la nostalgia unipolar con base en "fuerzas cósmicas que están en juego", que operan supuestamente a su favor como nación indispensable, y a su excepcionalismo divino, y recuerda que hace dos años Condoleezza Rice había proferido ante el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, con sede en Londres, que la "multipolaridad en el pasado había sido un mal necesario que sostuvo la ausencia de la guerra, pero que no promovió el triunfo de la paz" (sic), para luego agregar que como teoría de la sociedad política había sido causal de competencia y rivalidad: "lo hemos probado antes y llevó a la Primera Guerra Mundial". Ahora resulta que Rice y Bush se preocupan por la paz universal y la ausencia de guerra. Después de advertir la "multipolaridad subyacente a la OTAN", que enarbola los "principios de igualdad colegiada con jerarquía", Pfaff refuta los sofismas de Rice contra la multipolaridad: "La existencia simultánea tanto de grandes como de menores poderes ha sido la realidad política a través de la historia, a pesar de los intentos por rebatirlo, en forma reciente por Hitler y Stalin". Le faltó agregar: por el mismo Bush. Pfaff demuestra, al contrario, que por medio de la guerra preventiva permanente "Estados Unidos escogió colocarse deliberadamente fuera del régimen de las leyes internacionales, a las que están tan comprometidas todas las naciones de la UE", por lo que "cualquier desafío a la primacía de Estados Unidos por otro Estado, o por la UE, es percibido como causa de inestabilidad internacional y (...) como fuente potencial de desorden o guerra". Concluye que "ahora Estados Unidos clama que la destrucción es un principio creativo en política como en economía. La 'destrucción creativa' (Nota: término acuñado por el economista Joseph Schumpeter para bendecir al capitalismo) produce un nuevo orden. Esto es, una nueva utopía". Mejor dicho: una nueva locura.

 
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