Usted está aquí: jueves 24 de febrero de 2005 Ciencias Terapia o droga contra depresión, polémica entre especialistas

No es curable: sicoanalistas; se cura "como cualquier gripe", siquiatras

Terapia o droga contra depresión, polémica entre especialistas

Los medicamentos se prescriben porque la gente necesita sentirse bien: Irma Corlay

No porque alguien tome una cápsula se le compone la vida, requiere apoyo sicológico y social: Héctor Dueñas

ANGELES CRUZ MARTINEZ /II Y ULTIMA

Ampliar la imagen Anuncio abandonado sobre la avenida Insurgentes Sur FOTO Fabrizio Le�iez

La depresión no se cura. Quienes la padecen tienen que aprender a vivir con los sentimientos y emociones que en algún momento pueden hacer que resurja, y controlarlos. Esa habilidad es adquirida por los pacientes en la sicoterapia, asegura David Barrios, director de Caleidoscopia, espacio de cultura, terapia y salud sexual.

Los síntomas de la enfermedad desaparecen cuando la persona logra comprender y asimilar las causas de su tristeza y falta de interés por vivir. Una persona depresiva, dice, está en riesgo de recaer en nuevas crisis, particularmente cuando no recibe ayuda profesional.

El especialista explica que en la primera entrevista con el paciente se hace la "prueba de realidad", para empezar a explorar la situación emocional del enfermo. Sin descartar que en algunas personas puede haber, efectivamente, una alteración orgánica en el cerebro, Barrios afirma que en la mayoría de los casos la influencia social, elemento externo al afectado, es lo que determina el estado depresivo. Es decir, están integrados otros factores que también deben abordarse.

Al referir su experiencia en el consultorio, Barrios comenta que en los hombres es típico que lleguen con un diagnóstico de depresión y ya en las entrevistas se detecta que en realidad cursan con un sentimiento de tristeza que se resisten a enfrentar.

En la catarsis terapéutica lloran y en las siguientes fases de la terapia empiezan a adquirir consistencia emocional. Lo que sucede en estos casos es que los pacientes se pelean con sus propios sentimientos, se niegan a tocar el dolor, el sufrimiento. Se resisten a llorar y cuando se abre la posibilidad terapéutica lo hacen, se tranquilizan y dejan de sufrir. La mayoría de las personas con depresión -hombres y mujeres- viven situaciones similares, con necesidad de procesar y aprender de sus duelos, sin que ello pase por la administración de un tratamiento farmacológico, explica Barrios.

Por el contrario, para Irma Corlay, siquiatra en el Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional Siglo XXI del Instituto Mexicano del Seguro Social, la depresión es como la gripa. "Se puede curar y pasar un año sin tener un nuevo episodio. A algunos les da tres veces al año. Eso depende de su vulnerabilidad." En cada ocasión, lo recomendable es tomar medicamentos antidepresivos, indica.

De hecho, dice, las alternativas farmacológicas están subutilizadas. "Sobra la buena intención de quienes dicen que los pacientes salen con echarle ganas, que la depresión la sufren quienes tienen carácter débil, pero no es así", e insiste en la necesidad de prescribir los fármacos, porque "la gente necesita sentirse bien".

Interrogada sobre la posible dependencia de los pacientes hacia los fármacos, la médico afirma que la mejor manera de garantizar la efectividad del tratamiento con medicinas es mantener la terapia durante 7 a 12 meses continuos. Ese es el tiempo, explica, en que el cerebro tarda en recuperar el equilibrio entre los neurotransmisores serotonina y norepinefrina.

En ocasiones ocurre que los pacientes inician el tratamiento y una vez que se sienten bien, a las dos o tres semanas, lo suspenden. Es un hecho que tendrán una recaída y necesitarán reiniciar las dosis, pero eso no significa que hayan generado alguna dependencia a los químicos, sostiene.

Al respecto, Héctor Dueñas, gerente de Investigación Clínica Neurociencias de Laboratorios Eli Lilly de México, también rechazó esta posibilidad. Dice que para obtener el registro de la Secretaría de Salud para cualquier medicamento, el fabricante debe comprobar que su producto no provoca dependencia.

Esta reacción se presenta cuando "usted empieza a tomar una dosis de un medicamento y con el tiempo necesita incrementarla para tener el mismo efecto". Eso no ocurre con los antidepresivos y así lo confirman los 41 años de experiencia en el uso de este tipo de químicos, afirma.

Las guías de la OMS para el tratamiento de la depresión señalan que la medicina se debe administrar durante tres meses para controlar la fase aguda de la enfermedad, y luego mantenerla seis meses más. Si el paciente lo hace así, "muy probablemente se recuperará".

Más de 50 años de existencia de los antidepresivos

Desde los inhibidores de la monominoxidasa descubiertos en los años 50 del siglo XX se ha escrito una larga historia en materia de medicamentos antidepresivos. Aquellos primeros fármacos, conocidos como tricíclicos, reportaban problemas de seguridad y efectos colaterales adversos, entre otros sequedad de boca, sueño y estreñimiento, y en personas con males cardiacos ni siquiera estaba indicado su uso.

En 1988 empieza la comercialización de los inhibidores selectivos de recaptura de serotonina, familia que vino a revolucionar el tratamiento de la depresión. El primero en salir al mercado fue Prozac y desde entonces, casi 17 años, más de 50 millones de enfermos lo han utilizado, explica Dueñas.

De hecho, dice, Prozac es uno de los medicamentos más estudiados en la literatura médica internacional. Existen más de 17 mil artículos de investigación en los que el nombre de la sustancia activa (fluoxetina) forma parte del título.

Una vez que los investigadores desarrollaron la molécula que actúa de manera específica sobre el transportador de serotonina, aparecieron los inhibidores de noradrenalina (norepinefrina) -el otro neurotransmisor involucrado en la depresión- y más recientemente, los fármacos de acción doble, es decir, los que actúan sobre ambos al mismo tiempo y además reducen el dolor físico.

La carrera de la industria farmacéutica, en un mercado cada vez de mayor demanda, ha llevado a que los antidepresivos ocupen el cuarto sitio en la tabla de ventas. En primer lugar están los antiulcerosos, seguidos de los antihipertensivos; en el tercer sitio se ubican los medicamentos para bajar el colesterol y en el cuarto, los antidepresivos, explica el director médico de Eli Lilly.

No obstante, admite que la depresión no se controla sólo con los medicamentos. "No porque alguien se tome una cápsula se le compone la vida." Es útil en tanto ayuda a la persona a dormir bien, a comer, a tener energías y ganas de vivir, pero sin duda, dice, también se necesita el apoyo sicoterapéutico y el apoyo social que le ayuden a mejorar su estado de ánimo.

 
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