Usted está aquí: sábado 26 de febrero de 2005 Estados En Tila se anhela tranquilidad y desarrollo: Felipe Arizmendi

Los pueblos están cansados de la violencia, dijo el obispo

En Tila se anhela tranquilidad y desarrollo: Felipe Arizmendi

San Cristobal de Las Casas, Chis., 25 de febrero. En el municipio de Tila "hay sed de tranquilidad y de libertad para quienes son inocentes, así como de aplicación de la justicia a los realmente culpables", afirmó el obispo de la diócesis local, Felipe Arizmendi Esquivel.

En su reflexión dominical que cada fin de semana adelanta a los medios de comunicación, el religioso expresó que "los pueblos ya están cansados de violencia y no quieren volver a tiempos ya superados".

Hace 10 días cientos de policías estatales efectuaron un operativo en la cabecera de Tila para desalojar a decenas de opositores al alcalde priísta Juan José Díaz Solórzano, que desde el pasado 28 de diciembre mantenían tomada la sede de la alcaldía, para exigir la formación de un concejo municipal. Durante la acción fueron detenidas 49 personas que desde hace 10 días permanecen arraigadas en Tuxtla Gutiérrez.

"En Chiapas y en el país tenemos sed de justicia y de paz, de una aplicación no partidista de las leyes, de oportunidades adecuadas de trabajo para todos, de respeto a los derechos de los indígenas y de los migrantes", insistió Arizmendi Esquivel.

Consideró que en muchos pueblos "hay sed de condiciones más dignas de vida, de escuelas, carreteras, clínicas, luz eléctrica y agua potable, pero sobre todo de reconciliación, de armonía, de perdón y de respeto entre organizaciones, partidos, religiones y tendencias ideológicas.

"Ya estamos cansados de tantos pleitos entre políticos, que distraen de las tareas fundamentales. Fastidia la repetición diaria de acusaciones mutuas, de diatribas entre poderes, de descalificaciones partidarias", se quejó el prelado.

El obispo de San Cristóbal de las Casas opinó que es molesto "el grado de violencia verbal y física que se desata en muchos lugares. No descansamos de un problema cuando ya surge otro, pareciera que se nos acaban las fuerzas para seguir luchando por la paz, la justicia y la reconciliación, pues por cualquier inconformidad aparecen palos, piedras y armas.

"Nos exponemos a ser incomprendidos y lapidarios por defender a quienes son injustamente incriminados o por procurar que se eviten mayores males. Todo esto nos cansa y a veces nos llega la tentación de dejar todo, de ya no complicarnos la vida y que cada quien resuelva sus problemas", concluyó Felipe Arizmendi en su reflexión.

 
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