375 ° DOMINGO 27 DE FEBRERO DE 2005

Voto de los mexicanos en el exterior
Ahora juega
el Senado

Arturo Cano

Con el voto mayoritario de los diputados, el martes comenzó a cerrarse un largo capítulo de injusticia política. La posibilidad de que los mexicanos residentes fuera del país voten en los comicios nacionales está ahora en manos del Senado, donde cuenta con muchos adversarios de peso. ¿Romperán ellos el extraño, para estos tiempos, consenso alcanzado en la otra Cámara?

 
Representantes de la diáspora mexicana
festejan en San Lázaro
Fotografía: La Jornada/Francisco Olvera
El 2 de julio de 2006 Reveriano Orozco no irá a Tijuana. Ese día, en el barrio Pilsen de Chicago, tampoco habrá un simulacro.

En julio de 2000, Orozco, empresario michoacano con residencia en Las Vegas, Nevada, participó en una caravana a la ciudad fronteriza para votar en los comicios federales. "Fuimos 150 personas, desde el día anterior, porque había que estar tempranito para alcanzar boleta en las casillas especiales".

Ese mismo año, en Chicago, unos 10 mil mexicanos participaron en un simulacro de elecciones: ganó Vicente Fox por amplia mayoría, a despecho de los activistas del PRD que seis años antes habían visto triunfar –aunque por escaso margen– a Cuauhtémoc Cárdenas. "Hubo gente que no entendió lo del simulacro, y pensó que su voto iba realmente a contar", recuerda el activista Raúl Ross.

El año próximo no habrá caravana ni simulacro. El pasado martes, como se sabe, la Cámara de Diputados aprobó por amplia mayoría (391 votos a favor, 5 en contra y 22 abstenciones) una iniciativa para regular el voto de los mexicanos desde el exterior. El balón está ahora en manos del Senado, donde la sola idea de discutir el tema provoca urticaria a más de uno.

Sin embargo, el voto contundente de los diputados y una fuerte corriente de opinión construida por los migrantes hacen difícil prever una oposición abierta de los senadores, dado su alto costo político.

Eso no significa que el texto aprobado por los diputados pasará tal cual. Es más, los expertos y muchos dirigentes migrantes esperan que el Senado haga modificaciones a una iniciativa hecha "a la carrera".

Sobre las rodillas

"Pues la verdad sí es un mamotreto", dice un dirigente migrante. A pesar de los esfuerzos de muchas organizaciones y de las opiniones de especialistas, el PRI hizo valer su mayoría y sometió a votación una iniciativa elaborada por la diputada Laura Elena Martínez y su equipo. "La hicieron sobre las rodillas", dice el dirigente.

Por tal razón, el mismo martes el dictamen sufrió "correcciones" que fueron desde artículos citados incorrectamente hasta errores de dedo.

Más allá de esas fallas, menores podría decirse, la iniciativa aprobada contiene ingredientes que "facilitan" el rechazo de los senadores de por sí enemigos del voto desde el exterior.

Uno de los puntos frágiles es la facultad que se concedería al Instituto Federal Electoral (IFE) para suscribir acuerdos con gobiernos extranjeros. "Si algún Estado acepta firmar un convenio con el IFE, ¿en el futuro no pretenderá también que México firme un convenio para que en nuestro territorio se aplique una ley aprobada por aquel país?", atinó en el punto el diputado Pedro Vázquez González, del Partido del Trabajo, en la sesión del martes pasado.

Otro problema, no menos importante, es que la iniciativa plantea una suerte de clonación del IFE, que no sólo significaría una pesada carga al erario, sino también entraña enormes dificultades administrativas y materiales.

En conversaciones con legisladores, diversas organizaciones de migrantes han planteado una salida: que sólo voten quienes manifiesten su deseo de hacerlo y se inscriban previamente en un listado que sólo sería útil para la elección de 2006.

Resolver al menos estos dos puntos, opinan migrantes, atemperaría las voces de los críticos para quienes el texto aprobado pone en riesgo al IFE y atenta contra la confiabilidad misma de las elecciones.

Por ello desean, más que rechazan, que el Senado haga modificaciones a la iniciativa y que, al devolverla a la Cámara de origen, ésta las apruebe sin chistar.

Y ese deseo está amarrado a los plazos. De aprobarse en abril en el Senado, el IFE contaría apenas con unos cuantos meses para organizar el proceso electoral fuera del territorio nacional.

Una niña con muchos padres

Pareció una anticipada disputa por los votos de los migrantes. Los diputados atribuyeron a sus respectivos partidos la paternidad del sufragio desde el exterior. El gobierno foxista no quería, dijo la priísta. Fuimos los primeros en presentar una iniciativa, expresó una panista. Un diputado nuestro presentó la primera iniciativa, lanzó un perredista.

La pelea por la medalla no quita lo extraño al asunto: que en un escenario nacional marcado por la crispación y la falta de acuerdo este tema haya logrado tal consenso.

Vamos, los diputados que votaron en contra no dieron vuelo a sus motivos, ni siquiera en el tenor de las "dificultades técnicas".

Hay que ver si ocurre lo mismo en el Senado, pues apenas aprobado el dictamen, algunos senadores lanzaron sus objeciones, sobre todo relativas a los recursos y a los acuerdos con gobiernos extranjeros

El mito de los millones

Tan pronto la Cámara de Diputados aprobó el dictamen volvieron a escucharse voces que exageran la nota: "Los migrantes definirán quién será el próximo presidente de México", rebotaron las agencias de noticias.

Reveriano Orozco dice: "Se habla de millones y millones, pero la verdad es que hay mucha abstención".

Orozco dice que, además, el IFE establecerá centros de votación en un número muy limitado de ciudades de Estados Unidos, por lo que muchos nacionales, "que se encuentran muy dispersos", no acudirán a las urnas.

Los dirigentes migrantes estiman que de un universo potencial de 10 millones de personas con derecho a votar, sólo unos 4 millones contarían con la credencial de elector y, más, que en el mejor escenario sólo "votará un millón", dice Ross.

Además, señala Orozco, los políticos mexicanos, y aquí se dirige a los senadores, no deben temer que el voto migrante se incline hacia un partido u otro. "La votación aquí es un espejo de la de México; en los simulacros que hemos hecho se obtienen los mismos porcentajes que allá".

Así, dado el escaso tiempo para dotar de credenciales para votar a los migrantes, en 2006 podría darse realmente una suerte de "ensayo general".

Un ensayo que, sin embargo, entusiasma a muchos del otro lado. "Vamos por más", dice Orozco. "Es un gran triunfo", dice Lupe Gómez, dirigente de los zacatecanos en California. Promotor de "inversiones productivas" en su estado natal, Gómez quiere poner más que dinero en México. "Pronto voy a Jalpa (Zacatecas) a sacar mi credencial de elector", dice Gómez, quien vota en Estados Unidos, por los demócratas, pero nunca lo ha hecho en elecciones mexicanas.