375 ° DOMINGO 27 DE FEBRERO DE 2005

Coctel de suicidios, narco y desempleo
Por eso ya nadie
va a Durango

Eduardo Suárez / Durango


La entidad no comparte la suerte económica de sus vecinos del norte (receptores de maquila, como Chihuahua; o creadores de industria, como Nuevo León). Dos terceras partes de su población sobrevive en pobreza extrema. Lo que sí comparte con las entidades vecinas es el creciente tráfico de drogas y de migración. Como dijo López: la diligencia ya no circula
 

 
Ilustración: Diego Molina
El estado pende de un hilo. Investigaciones realizadas por científicos de la Universidad Juárez de esta entidad (UJED) revelan que dos terceras partes de las familias del estado sobreviven en condiciones de pobreza extrema y que 75% de los consumidores que se hallan en una situación menos apremiante apenas cuentan con ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades de nutrición. Esto quiere decir, por ejemplo, que para poder vestirse tendrían que dejar de comer o subalimentarse.

Durango posee el campeonato nacional de desempleo abierto, que afecta a 6.2% de su población en edad de trabajar. Además, no obstante la elevada cantidad de mano de obra que cada año expulsa a Estados Unidos, mantiene el mayor cúmulo de población parasitaria del país: alrededor de 4% del total.

¿Cuánto tiempo tardará en hacer erupción este volcán?

No hay peligro, al menos por un rato. El "sistema" le debe en parte esta estabilidad precaria al tráfico y consumo ilegal de estupefacientes, aunque hay otras causas.

Al margen del narcomenudeo que ha echado raíces, en el seno de la sociedad duranguense no parece haber disposición para resistir de veras el embate de la nueva esclavitud –la del tercer milenio– cocinada y globalizada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los centros de poder imperial estadunidenses.

Los de arriba y los de abajo

Frente al pórtico de catedral, en la Plaza de Armas, el veterano ex ferrocarrilero Raúl Lazalde comenta: "Hace apenas unos cuantos años los trabajadores nos sentíamos muy alacranes". Ahora, sin embargo, se consideran "viejos para seguir en la lucha social". Y, además, "solos". "Entre las generaciones de hoy lo que pulula son jóvenes blandengues y apolíticos", sentencia.

–¡Ya tenemos más jotos que en el barrio tapatío de San Juan de Dios! –bromea machista, pero en una conversación aparte, su colega vallejista Pablo Ramírez Gallardo recompone el tono y, en alusión directa y textual a "sedicentes partidos políticos de izquierda", evoca una frase "lapidaria" del filósofo Adolfo Sánchez Vázquez, quien visitó fugazmente esta ciudad e impartió una conferencia en la Facultad de Contaduría y Administración de la UJED: "La socialdemocracia es [una mera] gestión del capitalismo", y aquellos que promueven a conferenciantes como Felipe González, el socialista español, "les hacen el juego a los depredadores de siempre, porque todos ellos tratan de evitar un nuevo auge, el repunte de la izquierda no falsificada, sobre todo en el interior de los partidos".

–¡Para que aprendan los minicaciquitos del PT y el PRD! –remata el también ex trabajador de Ferronales, al tiempo que se frota las manos, entusiasta, por la presencia aún reciente, en el mismo auditorio de la facultad, del novelista y Premio Nacional de Historia Paco Ignacio Taibo II, cuya biografía de El Che llegará en breve al millón de ejemplares vendidos en librerías de los cinco continentes.

En términos generales, la de Lazalde y Ramírez es la visión predominante entre las mayorías duranguenses. Ilustra el desaliento, la escasa disposición social para participar activamente en política o, siquiera, para organizarse en serio con el propósito de defender sus derechos civiles y sus intereses.

Pero, ¿cuál es el cuadro que ofrecen los acaudalados?

Es deprimente. No hace mucho, empresarios connotados del estado se referían a Angel Sergio Guerrero Mier como "el mejor gobernador que ha tenido Durango" (1998-2004). Sin embargo, una vez que esa administración se dispone a ocupar su lugar en la historia –lo que ocurre entre sospechas de diversa índole que han motivado indagaciones de la Auditoría Superior de la Federación–, la entidad ha quedado nuevamente "maldita, aislada, muerta"1 y profundizados los rasgos que la apartan de una dinámica sostenida de progreso.

La mayor parte de los empresarios más entrones de Durango se pelearon y se siguen haciendo la guerra en batallas que se morigeran –a veces– cuando hay una lana del erario a repartir. Se han corrompido –ellos mismos lo dicen– y, en general, hace tiempo que arriaron sus banderas: las trasnacionales los devoran.

De un repaso a vuelo de pájaro por las páginas de la prensa duranguense se desprende que mientras el connotado hombre de negocios Jorge Saravia declaraba a los medios sobre un "repunte de la economía" a escala local –el representante cetemista José Ramírez Gamero comentaba, por su parte, que en 2004 "no se abrieron ni cerraron empresas"—, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) aseguraba, por el contrario, que en los últimos dos meses del año pasado 2 mil durangueños se sumaron al 75% de la población económicamente activa del estado que carece de un empleo permanente, digno y con prestaciones de ley.

Como lo señaló oportunamente José Arreola, miembro del comité ejecutivo estatal del PRD, "ni siquiera se justifica a plenitud el tono festivo con que se han anunciado los aumentos en la producción de oro y plata de las minas de Durango. Las ganancias respectivas van a servir, indudablemente, no para mejorar las condiciones de vida de nuestro pueblo, sino para aumentar las fabulosas fortunas de unos cuantos extranjeros, quienes siguen siendo objeto de privilegios injustificables de parte de los gobiernos entreguistas del PRI y de Acción Nacional".

Por lo que se refiere a la situación de los de abajo (de los hombres y mujeres que componen la base de la pirámide de la sociedad), los medios en esos estratos han venido cumpliendo su papel, procurando mantener inalterable el statu quo, a tal grado que –después del bombardeo televisivo de reality shows, telenovelas y demás porquerías– entre las clases populares los jóvenes y las muchachas forman legiones que, si no se han suicidado, han caído presas de la drogadicción, el alcoholismo, la enajenación nihilista, el desánimo y la insolidaridad.

Todo eso al margen de lo que ya de por sí, como es tradicional en el seno de las sociedades cerradas, siembran y después cosechan la Iglesia católica y otras confesiones religiosas.

Sólo en este año se han registrado en Durango, mayoritariamente entre adolescentes y jóvenes, más de 80 casos de suicidios anómicos. Es decir, aquellos relacionados con la pobreza, el desempleo y otras causas como las mencionadas al principio. ¿Y qué hay de los que no se suicidan?

La doctora en psiquiatría María de la Soledad Ruiz Canaán, ex dirigente estatal del PRD y actual jefa del Departamento de Salud Mental en el gobierno de Ismael Hernández Deras, informó que en 2004, "por primera vez en la historia de Durango, los psicotrópicos desplazaron del primer lugar de consumo a la ingestión de alcohol".

Al margen de eso, recorridos de este reportero efectuados por centros fabriles, empresas de servicios y barrios de familias de trabajadores evidencian que más de la mitad de los duranguenses que se consideran a sí mismos como "seres con fortuna" (simplemente por el hecho de no haber perdido su empleo), trabajan en condiciones de semiesclavitud.

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Ilustración: Diego Molina
"Los duranguenses perdimos la Revolución", suelta, a manera de paráfrasis de lo que han dicho antes varios escritores lugareños, el sociólogo Miguel Palacios Moncayo.

Este intelectual duranguense, investigador de carrera del Instituto de Ciencias Sociales de la UJED, plantea en su más reciente libro dos interrogantes para tratar de explicarse, y explicarnos, qué es lo que está pasando aquí: ¿por qué se mantienen en Durango las condiciones de atraso y desigualdad? y ¿por qué su crecimiento urbano y económico es tan precario y lento, comparado con sus estados vecinos?

No por ser una obviedad deja de establecer que Durango es un estado rezagado debido a la manera en que el capitalismo mexicano, y desde luego sus concomitantes luchas entre clases sociales, se desarrollaron durante el siglo XX.

En los inicios de la segunda y tercera décadas de esa centuria –continúa–, el capitalismo mexicano se desplegó, y a pesar de ello, el mapa de carreteras de Durango no tenía ni un solo kilómetro pavimentado; eran de tercera clase las vías de comunicación, intransitables en tiempos de lluvia y se contaba exclusivamente con mil 200 kilómetros de vías férreas.

Fue entonces –señala Gabino Martínez, citado por Palacios– cuando Durango comenzó a ser descrito como un estado sin producción agrícola, donde prevalecían la miseria, la emigración, el desempleo y la incultura. Un estado donde la planta productiva se estructuraba sobre la explotación boscosa de ciertas áreas de su territorio y donde la construcción de su estructura ferroviaria respondía casi exclusivamente a intereses de empresarios extranjeros, a quienes, por cierto, les había sido adjudicada la explotación de una buena parte de los bosques en la zona poniente. ¿Cómo y por qué fue posible que ocurriera tal cosa en esa etapa?

Palacios recuerda en su obra –que está a punto de salir de las prensas universitarias– que en el ejercicio del poder político los que triunfaron en la Revolución impusieron la dirección y las fórmulas con que se desarrollaría el país: en primer lugar, los estados de donde provenía esa gente y dejando para nunca jamás lo concerniente a aquellas regiones de la patria con menor peso político.

"En las relaciones del centro con la periferia –subraya– no han tenido el mismo peso, por ejemplo, Sonora [lugar de nacimiento de Alvaro Obregón y Plutarco Elías Calles] y Durango [Francisco Villa]."2 De manera que la existencia de la sociedad duranguense ha sido muy azarosa. Y al menos hasta donde generalmente se vislumbra, el futuro no va a ser mejor.

Pero hay otras percepciones. Por ejemplo, la del contador público Ismael Hernández Deras, quien hace menos de 100 días se estrenó como gobernador de esta entidad. Dicho priísta ha anunciado un futuro mejor para los duranguenses, y al hacerlo "se ha colgado en el pecho medallas que no le corresponden".

Este juicio, compartido a posteriori por columnistas de la prensa local y nacional, es de Sergio Delgado, economista egresado de la UNAM, promotor cultural exitoso, contestatario desde la década de los 70 y hoy militante de base del PRD en esta ciudad.

El sabe que "los mil 650 millones de pesos para obras de infraestructura en este estado, que no habían sido incluidos en la propuesta de egresos del Ejecutivo panista, o sea del Ejecutivo federal, resultaron de la iniciativa, el cabildeo y los acuerdos de las bancadas del PRI, PT y, sobre todo, del PRD en la Cámara de Diputados", y no –como se les ha querido hacer creer en estos días a la sociedad y el pueblo de Durango– de "gestiones del señor gobernador".

Como quiera que sea, Vicente Fox ya impugnó ésta y otras partidas del Presupuesto de Egresos que fueron aprobadas por los legisladores de la oposición. Y en consecuencia, persiste el riesgo de que el estado de Durango, como el pueblito aquel al que le dedicó su libro el historiador Luis González y González, permanezca indefinidamente en vilo.

NOTAS

1. Véase el artículo "Para entender Durango", de Miguel Palacios Moncayo, investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la UJED, en libro de próxima publicación .

2. Esta disparidad de naturaleza histórica se vería reafirmada años después, en el caso de Durango, con la adhesión de importantes franjas de su sociedad –con la excepción de la comarca lagunera– a la rebelión escobarista. Al grueso del empresariado duranguense, "el centro" le hizo que mordiera el polvo, trasladando los talleres y lo fundamental de la estructura ferroviaria, con sus miles de puestos de trabajo, a Aguascalientes. (Véase la obra de Miguel Palacios Moncayo, ya citada).