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Gabriela Hernández
Los
glóbulos rojos nacen en la médula ósea y transportan el oxígeno desde los
pulmones hasta el resto del cuerpo usando una proteína que contiene hierro
llamada hemoglobina. Para la elaboración de glóbulos rojos se necesita una
hormona natural llamada eritropoyetina, que es producida en los riñones.
Una producción normal de glóbulos rojos depende de muchos factores, como
provisiones adecuadas de hierro, vitamina B12, ácido fólico y pequeñas cantidades
de minerales.
El número de glóbulos rojos puede
contarse directamente, o puede calcularse por medio del hematocrito o de
la hemoglobina. El hematocrito (HCT) es el volumen porcentual de glóbulos
rojos que hay en la sangre. Los valores normales de HCT varían, pero en general
oscilan entre 40 y 52 por ciento en los hombres, y entre 35 y 46 por ciento
en las mujeres. La concentración de hemoglobina (Hb) se informa en gramos
de hemoglobina por decilitro de sangre (g/dl). Dado que los glóbulos rojos
están formados por aproximadamente 33 por ciento de hemoglobina, por lo general
el resultado de la hemoglobina equivale a cerca de una tercera parte del
HCT. Los valores normales de la hemoglobina (Hb) son: de 14 a 18 g/dl en
los hombres y 12 a 16 g/dl en las mujeres.
Cuando
hay anemia, el cuerpo trata de compensar el desequilibrio de diferentes formas.
El ritmo cardíaco aumenta para llevar más sangre, y más oxígeno a los tejidos.
También aumenta el ritmo respiratorio. Ciertas venas pequeñas se abren más
para brindar una mayor cantidad de oxígeno a los tejidos vitales, mientras
que otros lechos capilares se contraen a fin de retener el oxígeno. Esta
redistribución de la sangre es la que produce la palidez y la sensación de
frío tan frecuente en las personas anémicas, pero hace llegar más oxígeno
a los órganos críticos como el corazón, el cerebro y los músculos. Sin embargo,
este aumento en la actividad, da lugar a una necesidad aún mayor de oxígeno
en estos tejidos, lo que provoca una sensación de fatiga, debilidad, palpitaciones,
respiración entrecortada y otros síntomas.
Anemia y AZT
Una
de las reacciones adversas más serias del AZT (Retrovir) es la anemia. Esta
se presenta más frecuentemente en pacientes que reciben dosis altas (1,200
a 1,500 mg/día) y en pacientes con enfermedad avanzada por VIH, y cuando
las células CD4 se encuentran por debajo de 100/mm3
por lo que se recomienda que pacientes que comiencen con AZT, se realicen
pruebas de sangre por lo menos cada dos semanas durante los tres primeros
meses de tratamiento y posteriormente una vez al mes, debido a que se puede
presentar anemia (en general no se observa antes de seis semanas de tratamiento).
La
anemia por AZT puede aparecer en forma aguda en las primeras semanas de administración,
pero habitualmente se presenta en forma subaguda entre la 6a y 8a semana
de tratamiento, aunque ocasionalmente puede aparecer hasta después de un
año de uso. Se manifiesta por fatigabilidad, somnolencia, disnea de esfuerzo
y taquicardia. El tratamiento de la anemia en personas que reciben AZT incluye
uso de factores del complejo B, corrección de otros factores participantes,
uso de eritropoyetina, transfusiones y, eventualmente modificación de dosis
o suspensión de AZT. En general, la anemia secundaria a AZT de menos de 8
grs. del porcentaje de hemoglobina y que no responde a las medidas anteriores
constituye indicación de cambio de AZT a d4T o abacavir.
Antioxidantes y anemia
Los
radicales libres son moléculas que nuestro organismo produce y que, en ciertas
cantidades y bajo "el control" de los antioxidantes protegen nuestra salud.
Los
antioxidantes son sustancias que ayudan a neutralizar radicales libres, protegiendo
las células, contribuyendo a mejorar las defensas.
Como
se desconoce cuáles serían las dosis más adecuadas, conviene no abusar de
los suplementos o antioxidantes en cápsulas. Lo ideal es incorporarlos a
través de la alimentación. Estos son algunos de los alimentos que los contienen:
En
las frutas cítricas encontramos vitamina C, que además de tener poder antioxidante,
ayuda a la absorción del hierro previniendo la anemia. Otras fuentes son
las fresas, pimientos morrones, chiles, jitomate, pepino, nabo y crucíferas
(grupo de vegetales que incluye al brócoli, coliflor y los repollitos de
bruselas).
Sandía, melón, brócoli y los alimentos
de color anaranjado como la calabaza, zanahoria, duraznos y mangos son fuente
de provitamina A, que tiene importante poder antioxidante.
La
vitamina E tiene potente acción antioxidante y contribuye a prevenir enfermedades
cardiovasculares. Las fuentes donde podemos encontrar está son todos los
aceites vegetales como los de girasol, soya, maíz, sésamo, el de germen de
trigo y principalmente el de oliva, en especial el extra virgen. Otras fuentes
son el germen de trigo (que se puede espolvorear sobre las comidas o agregar
a caldos, sopas o yogures), las semillas de girasol y ajonjolí y las frutas
secas como las nueces.
Los requerimientos de
todos los nutrimentos se pueden cubrir con una buena alimentación y si se
incluyen por lo menos cinco porciones tanto de frutas como de verduras se
puede asegurar un buen consumo de antioxidantes.
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