Usted está aquí: sábado 5 de marzo de 2005 Opinión Libros de texto, en un país sin lectores

Enrique Calderón A.

Libros de texto, en un país sin lectores

Hace unos días apareció en los diarios la noticia de que en todo nuestro país existen sólo alrededor de 500 librerías, es decir, una librería por cada 200 mil habitantes, concentradas en no más de 50 ciudades, esto es, el DF, las capitales estatales y unas cuantas ciudades más.

Este hecho está asociado a otro igualmente vergonzoso: los adultos mexicanos leemos en promedio un libro cada dos años, en claro contraste con países donde cada adulto lee un libro por mes, por lo cual podríamos ser considerados como un país de analfabetos funcionales. Las consecuencias económicas, políticas y sociales de esta deficiencia son graves, sin que de ello exista conciencia alguna en los círculos gubernamentales.

Seguramente las causas del fenómeno son muchas, y complejas. Una fundamental, a mi parecer, son los libros de texto que en forma gratuita se distribuyen a los niños de todas las escuelas primarias del país. No existe duda alguna sobre las bondades de este programa, considerado entre los grandes logros de la Revolución de 1910, especialmente luego de su instrumentación actual, que data de 1960; sin embargo, sus efectos secundarios no deben ni pueden ser ignorados.

Los libros de texto han servido en el proceso educativo de millones de niños mexicanos, como instrumento fundamental para guiar y complementar los trabajos de enseñanza de miles de profesores, pero lo que estos libros no han podido hacer es fomentar los hábitos de lectura, y asegurar la permanencia de éstos para la edad adulta. En contrapartida, y pensando en términos actuales, los libros de texto, con una producción de unos 100 millones de unidades anuales de distribución gratuita, han impedido la formación de un mercado editorial sano, en el que varios miles de librerías pudiesen competir por atraer lectores.

La incorporación de los libros de texto, con un valor comercial de 50 pesos por libro, al mercado editorial, haría viable económicamente la creación de varios miles de librerías en todo el país, incluyendo una buena parte de ellas en poblados pequeños, para dar servicio a las escuelas cercanas. Su existencia traería como efecto inmediato la incorporación de muchos más títulos y la impresión de tirajes más grandes que los actuales.

¿Permitiría este solo hecho modificar sensiblemente los hábitos de lectura de los mexicanos? Mi impresión es que sí, por la sencilla razón de que estaríamos acercando los libros a la población en todo el territorio nacional, además de que meteríamos a los estudiantes de primaria y a sus papás en la dinámica de visitar las librerías para comprar sus libros, lo cual es en sí mismo un proceso interesante.

Me imagino lo que muchos lectores están pensando de esta idea, pero hace falta decir algo más: los libros seguirían siendo gratuitos, sólo que ahora, en lugar de recibirlos directamente en la escuela, los estudiantes recibirían cupones que les permitirían recogerlos en la librería. El sistema de distribución sería, en sus inicios, seguramente más costoso e ineficiente que el actual, pero en algún tiempo desarrollaría sus propias eficiencias y comenzaría a generar resultados que hoy son simplemente imposibles. Cito algunos de ellos:

Para familias con varios hijos, la colección de libros del primero podría servir para los siguientes, liberando los cupones respectivos para adquirir libros diferentes en cada caso, dotando así a la familia de bibliotecas con más diversidad, y por tanto con más posibilidades de inducir el interés por la lectura entre los miembros de la familia. ¿Qué caso tiene que una sola familia tenga varias copias de los mismos textos, careciendo de otros igualmente valiosos?

El "librero" del pueblo, un pequeño empresario dedicado a promover la lectura, el estudio y la cultura con el simple objeto de mejorar sus ingresos, tendería a convertirse en un factor de cambio de la comunidad.

El gobierno estaría utilizando su capacidad actual de servicio y su propia responsabilidad constitucional para generar una actividad estratégica y comercial responsable.

Las posibilidades son muchas.

 
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