Usted está aquí: jueves 17 de marzo de 2005 Opinión Petróleo: desorden económico mundial

Editorial

Petróleo: desorden económico mundial

El alza sin precedente ni justificación de las cotizaciones petroleras en el mundo tiene tras de sí factores como la incertidumbre generada en la escena internacional por las aventuras bélicas del gobierno de George W. Bush en Medio Oriente, el peso creciente e irracional de la especulación en las finanzas mundiales y, acaso, lo que podría denominarse la venganza de Texas, entidad petrolera y sede del clan de los Bush, sobre el resto de la economía estadunidense, principalmente consumidora de hidrocarburos.

Podría parecer inexplicable que el repunte de los precios, que ayer cerraron en un nuevo récord, por enésima vez en los casi dos años transcurridos desde la invasión angloestadunidense contra Irak, ocurriera horas después de que la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) anunció, tras un encuentro en Irán, un incremento de 500 mil barriles diarios en la producción conjunta del organismo con el propósito, paradójicamente, de satisfacer la demanda e incidir, de esa forma, en la reducción de las cotizaciones, y luego que el Departamento de Energía de Estados Unidos informó de un alza en la reserva de crudo de ese país, reserva que tradicionalmente ha constituido factor central en la contención y hasta en la depreciación de las tarifas internacionales del hidrocarburo.

La incapacidad de ambos elementos ­incremento de la producción de la OPEP y aumento de la reserva estadunidense­ para reducir los petroprecios, especialmente en vísperas de la llegada de la primavera en el hemisferio norte y de la consiguiente caída en el consumo de calefacción, indicaría, a primera vista, un descarrilamiento de la lógica de oferta y demanda del mercado petrolero. Sin embargo, las incertidumbres en el abasto derivadas de la guerra en Irak y las consiguientes amenazas de inestabilidad en la península arábiga han llevado a la inversión que especula con los mercados a futuro a hacer grandes apuestas con la adquisición anticipada del energético, con lo que el juego de la oferta y la demanda ha sido trasladada de los campos de extracción, los oleoductos y los buques de carga hacia los enormes casinos de Wall Street, la City de Londres y otros centros neurálgicos de las finanzas, que es donde se produce el encarecimiento.

Por otro lado, no debiera dejarse de lado el hecho de que, si bien el incremento en los precios del crudo es una mala noticia para el conjunto de la economía estadunidense, no necesariamente lo es, en cambio, para la mafia empresarial y predominantemente petrolera que domina la presidencia del país vecino; el capital, ya se sabe, no reconoce patrias ni fidelidades, y mucho menos obligaciones derivadas de la función pública.

Por lo que respecta a nuestro país, el sostenido incremento de los precios del petróleo podría ser un factor positivo, pero a condición de que el Legislativo lograra regular en forma estricta y escrupulosa el destino que tendrán los excedentes monetarios derivados del alza. Un destino obvio para tales excedentes sería precisamente el sector energético, ciertamente requerido de inversiones.

Los recursos adicionales generados por el alza de los precios internacionales del crudo podrían hacer innecesaria la apertura del sector a la inversión privada. Por otra parte, el propósito de orientar con transparencia y sentido social y nacional los recursos imprevistos resulta particularmente pertinente en vísperas de un proceso electoral en el que proliferarán, en muchas oficinas públicas, las tentaciones de conducir el gasto público de forma tal que se traduzca en sufragios para el partido en el poder. Pero es precisamente en este punto donde se aprecia el mayor obstáculo a una fiscalización y etiquetación rigurosas, toda vez que, como señaló anteayer la diputada ex panista Tatiana Clouthier, no es del todo claro a estas alturas cuál es el partido en el poder, o si es que sólo es uno.

 
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