LETRA S
Abril 7 de 2005
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La homofobia en los tiempos del “cambio”

La naturaleza se caracteriza por su maravillosa variedad de colores, olores, sonidos, texturas. Igualmente, la naturaleza humana, en su diversidad, reúne una enorme cantidad de expresiones artísticas, sociales, políticas, culturales y sexuales. La diversidad y pluralidad, en sí mismas, son expresiones de riqueza.

La diversidad sexual nos permite dar cuenta del potencial sexo-afectivo que poseemos como seres humanos. Reconocer los diferentes tipos de personas, respetar su forma de vida y sus derechos, es abonar a la convivencia, a la legalidad, a la justicia y a la tolerancia. Es importante para detener la discriminación y descalificación que la sociedad mantiene frente a aquellos y aquellas que tienen una orientación sexual distinta a la heterosexual: lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros, transexuales, y travestis.

Esta discriminación se traduce en agresiones físicas, despidos laborales, estigmatización, segregación, deficiencias en la asignación de servicios --médicos incluidos--, y hasta en asesinatos de odio (México ocupa el segundo lugar en América Latina en este tipo de crímenes1, con un índice de 35 por año). Todas estas situaciones, consecuencia de la homofobia, constituyen una de las más flagrantes violaciones a los derechos humanos.

Es lamentable reconocer que en esta suma de intolerancias, ocupa un lugar de privilegio la jerarquía de nuestra Iglesia Católica (un ejemplo es el Cardenal Javier Lozano Barragán, Ministro de Salud del Vaticano, que dijo: "a las cucarachas les dieron ya rango de familia porque viven bajo el mismo techo... si viven juntos un gato, un perro y dos lesbianas, ya es una familia"2). Estas palabras lastiman la fe y la dignidad de quienes viven orientaciones sexuales diversas y de la comunidad católica mundial.

Al ignorar el mensaje de amor difundido por Cristo, la jerarquía insiste, en voz del Arzobispo de Acapulco, Felipe Aguirre Franco: (refiriéndose a las campañas de prevención del VIH) "El flagelo del sida no es un castigo de Dios, sino una venganza de la naturaleza, atropellada por el uso desordenado del sexo", y "promueven el sexo entre hombres..."3. También la Conferencia del Episcopado Mexicano dice, en el contexto de un documento sobre la campaña contra la homofobia de la Secretaría de Salud y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación: "la homosexualidad es un desorden... se puede curar; así lo afirman muchos médicos, psicólogos, psiquiatras y sacerdotes que han ayudado a lograrlo"4.

La homosexualidad es una de las tantas formas que tenemos para acercarnos a Dios y vivir el Evangelio. Si realmente creemos en nuestro Señor Cristo Jesús, no hagamos diferencia entre las personas (Santiago 2:11). Jesús murió por todas y todos, y nos invita a amar sin excepción. La Biblia es la palabra de Dios, pero también es palabra de humanos; los autores, aunque inspirados por Dios, escriben desde su condición humana, frágil y herida. Por ello, si leemos algún pasaje que no nos comunique amor, debemos preguntarnos si en verdad expresa la voluntad divina. La sexualidad es un don de Dios, no importa cuál sea la orientación en que se exprese, mientras haya amor, respeto y armonía. La Biblia enseña que Dios vio todo lo creado y lo llamó bueno.

Desde Católicas por el Derecho a Decidir nos acogemos a los dictados del Concilio Vaticano II, que dice: "El hombre (la humanidad) percibe y reconoce por medio de su conciencia los dictámenes de la ley divina, conciencia que tiene obligación de seguir fielmente en toda su actividad [...]. Por lo tanto, no se le puede forzar a obrar contra su conciencia. Ni tampoco se le puede impedir que obre según ella..."5. En cuestiones de moral no hay dogma, Ubi dubium, ibi libertas, "donde hay duda, hay libertad".

Resulta trascendental que nuestra jerarquía católica entienda el daño que con su palabra produce a miles de feligreses, cuya única diferencia es una orientación distinta a la heterosexual; que de ninguna manera va contra la capacidad que tienen de amar a Dios y seguir sus enseñanzas.

Amar es el principal mensaje de Jesús; pero no un amor basado en el sufrimiento, en las culpas, o en la exclusión, sino en la misericordia y el respeto a la dignidad de las personas, valores dictados tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

 

1 Comisión Ciudadana contra Crímenes de Odio por Homofobia.

2 Diario Reforma, México, primera plana 12/10/04.

3 Arzobispo Felipe Aguirre Franco, agosto 2003.

4 CEM, 2 de marzo de 2005.

5 Concilio Vaticano II, Dignitatio humanae, No. 3.

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