Usted está aquí: miércoles 27 de abril de 2005 Opinión El presente cautivo

Néstor Bravo Pérez

El presente cautivo

La reflexión sobre el tiempo se traza en una aparente línea que nos transporta a lugares habitados por lo ininteligible, a espacios en donde se delibera sobre la fisonomía del yo y deriva en una multiplicidad de opciones. El pensamiento que nos acerca al tiempo traza la diversidad de opciones que somos y la cercanía a esos espacios nos crea desasosiego, nos lleva a una profunda necesidad de comprender el territorio que estamos habitando desplazándonos en un ejercicio de transmutación con la clara intención que este proceso se logre de manera rápida, como si se tratara de la ejecución de una orden.

La perspectiva del pensamiento actual que nos permite construir nociones de temporalidad nos muestra la propensión que tienen los hechos que observamos a través de los medios masivos a esfumarse y en ese sentido nos permite ir asimilando la experiencia sabiendo que el tiempo y los acontecimientos que se suscitan en él tienen un carácter volátil.

La realidad actual está signada por la velocidad, ese acontecimiento que nos enseña el carácter exacerbado del movimiento; nuestra experiencia en la vida moderna se orienta por medio de una noción de tiempo generada por la intensidad, por la aceleración continua y nos crea una visión de las cosas con un rasgo particular que relativiza las distancias constituyendo así una apariencia de presente continuo, como si se tratara de la creación de una dilatación de nuestra presencia.

En su rapidez los acontecimientos siempre tienen una forma actual, hemos creado una especie de sincretismo entre espacio y tiempo, que ha hecho a la velocidad omnipresente y ha disminuido nuestra capacidad de distinguir las diferencias, los cambios que se van suscitando en el continuo de la existencia; el movimiento y su intensificación crea una línea dura que intenta impedir la creación de cortes, la marca de las variantes.

La visión que se tiene del tiempo se comprende como un entramado, una red perceptual que excluye aspectos alejados de la noción de presente. Quizá la perspectiva sea aún más terrible y nos enfrentemos a una relevancia del instante dirigida a la aprehensión de lo que se extingue.

En la experiencia de producción del arte actual parece existir una exigencia que se dirige hacia una recapitulación, hacia una revisión del pasado y se ha abocado a trasladar sus significaciones a la construcción de genealogías, una idea de tiempo que trata de implementar criterios provenientes de la historia.

Se trata de una revisión de lo ''anterior" que dominó los años 80 y 90 del siglo pasado. La idea provenía de la caída de paradigmas relevantes en el momento y trataba de encontrar vías de organización y sistematización que de alguna manera anularan o domesticaran la avalancha de cismas en el que se vivía.

Y este proceso se incluye en la actividad artística una noción de tiempo que se manifiesta con gran fragilidad. Inserta en esta idea de presente como exacerbación de lo inmediato, la posmodernidad ha hecho del arte una plataforma para la crítica, para el desplazamiento de valores, de significaciones, tratando de bifurcar, de diversificar las opciones y los productos en una idea consumista de democracia y no ha logrado más que un amasijo relativista que multiplica las posibilidades repitiendo los criterios haciéndolos fórmula y redundando en las propuestas con exactamente los mismos criterios que su objeto de crítica: la visión moderna del mundo.

La noción de tiempo nos lleva a varias interrogantes e incluye amplias vertientes del pensamiento filosófico; nos lleva por ejemplo a observar la pertinencia de aquello que existió y es fuente atemporal de toda identidad. La interrogación sobre el tiempo, dice Raymundo Mier, ''es una faceta enigmática que permite comprender la fisonomía de la experiencia, de las sensaciones, de la realidad misma".

La preocupación por comprender la diversidad de experiencias que tenemos en la vida actual, la manera en cómo se extiende esta idea a una noción de tiempo que está filtrándose en la vida cotidiana, la forma en cómo relacionamos nuestra existencia con la memoria de los hechos en ciudades como la nuestra son algunos de los temas que se tratan en el libro de Ana María Martínez de la Escalera, El presente cautivo, que se presenta hoy en las salas A y B de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, en Ciudad Universitaria.

 
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