Usted está aquí: viernes 29 de abril de 2005 Opinión Fenómenos

Leonardo García Tsao

Fenómenos

Después de semanas del habitual desierto en la cartelera comercial, ahora resulta que ha coincidido la exhibición de varias películas recomendables, antes estrenadas en el Festival Internacional de Cine Contemporáneo (mejor conocido como el Fipo, o festival de Polanco) o en la pasada Muestra de la Cineteca. La semana pasada tocó el turno a Machuca, de Andrés Wood; La última vida en el universo, de Pen-ek Ratanaruang, y Zatoichi, de Takeshi Kitano (una sola copia proyectada en Cineteca... por si a alguien le interesa verla oscura y fuera de foco); y en esta, a otras tres: La casa de los cuchillos, de Zhang Yimou, El secreto de Vera Drake, de Mike Leigh y Whisky, de Juan Carlos Rebello y Pablo Stoll. (O sea, sólo una de ellas está hablada en inglés, el idioma dominante de nuestra experiencia cinéfila).

Según se sabe, es como un fenómeno paranormal ver estrenos del cine latinoamericano o asiático en la cartelera capitalina, y por ello llama la atención tanta rareza junta. De hecho, La última vida en el universo debe ser, si no me equivoco, la primera película tailandesa exhibida comercialmente en nuestro país. Realizada en 2003, el cuarto largometraje de Ratanaruang es otra muestra elocuente del cine original que se está haciendo en diversos países de Asia, muy al margen de las convenciones y ganchos que el cine hollywoodense ha impuesto en la mentalidad colectiva.

Aunque la película podría calificarse como comedia romántica -su título original se traduciría como Una historia de amor, mucho y poco- no tiene correspondencia alguna con la filmografía de Meg Ryan, digamos. Es el encuentro entre dos personajes unidos por la coincidencia a pesar de sus personalidades opuestas: él (Tadanobu Asano) es un joven japonés obsesionado por el suicidio y el orden, cuyo hermano yakuza es asesinado en una disputa gangsteril; ella (Sinitta Boonyasak) es una prostituta de Bangkok que ve morir a su hermana en un accidente automovilístico tras un pleito. Cuando la chica lleva al joven a vivir a su desaseada casa en la playa, el realizador construye su relación a partir de secuencias de notables lirismo y sensualidad. En ese aspecto, la contribución del fotógrafo Christopher Doyle -conocido por su colaboración con Wong Kar-Wai- es básica. La composición de las imágenes, su discreto colorido, es esencial a ese universo entre excéntrico y mágico que logra hacerse verosímil a lo largo de su oblicua narrativa.

El espectador que espere rumiar el mismo producto de siempre se va a frustrar (nomás como detalle, el título aparece a la media hora de película). En cambio, quien busque un cine intensamente diferente, no debe perderse La última vida en el universo, cuya permanencia en cartelera se anticipa muy efímera en sus contadísimas plazas.

En cambio, La casa de los cuchillos, la más reciente de realización de Zhang Yimou, se inscribe como su anterior Héroe en la tradición de las artes marciales. Queriendo superarse a sí mismo -y a El tigre y el dragón, claro- el cineasta abunda aún más en el preciosismo formal, haciendo muy claro el parentesco entre ese género y el musical.

En esencia, se trata de la historia trágica de un triángulo amoroso entre miembros de un grupo subversivo y un capitán de la corte, durante la decadencia de la dinastía Tang. Cada lucha armada es resuelta por Zhang como un número, un ballet de exquisita coreografía entre golpes, espadazos y caballos al galope. Uno de los momentos más espectaculares es, por cierto, totalmente musical: la heroína ciega (la extraordinaria Zhang Ziyi) debe percutir con las largas mangas de su atuendo los tambores antes tocados por guijarros en vuelo. Imposible describir lo sensual que resulta ese baile.

Si bien el director hace trampa y recurre a los efectos digitales en todas las secuencias de acción, el efecto es de una enorme belleza. Mediante un fastuoso ejercicio de virtuosismo cinematográfico, Zhang demuestra haberle enmendado la plana a expertos hongkoneses como Tsui Hark o King Hu. Aunque se echa de menos la incisiva mirada crítica a la realidad china, ensayada por el director en sus primeras obras, La casa de los cuchillos puede apreciarse como un despliegue de colores, movimientos y sonidos, perfectamente conjugados para el puro disfrute audiovisual.

LA CASA DE LOS CUCHILLOS

D: Zhang Yimou/ G: Zhang Yimou, Li FENA, Wang Bin/ F. en C: Zhao Xiaoding/ M: Shigeru Umebayashi/ Ed: Cheng Long/ I: Takeshi Kaneshiro, Zhang Ziyi, Andy Lau, Song Danden/ P:

LA ÚLTIMA VIDA EN EL UNIVERSO

(Ruang rak noi nid mahasan)

D: Pen-ek Ratanaruang/ G: Prabda Yoon, Pen-ek Ratanaruang/ F. en C: Christopher Doyle/ M: Small Room/ Ed: Pattamanadda Yukol/ I: Tadanobu Asano, Sinitta Boonsayak, Laila Boonsayak, Riki Takeuchi, Takeshi Miike/ P: Bohemian Films, Cinemasia. Tailandia, 2003.

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