Usted está aquí: domingo 22 de mayo de 2005 Opinión 58 Festival de Cannes El premio a Arriaga, la mayor sorpresa de un palmarés justo

Leonardo García Tsao

58 Festival de Cannes El premio a Arriaga, la mayor sorpresa de un palmarés justo

Cannes, 21 de mayo. Contra la tradición, el jurado de la 58 edición del Festival de Cannes coincidió con las preferencias de la crítica a la hora de decidir lo mejor de la competencia. Los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne se unieron a la selecta lista de ganadores repetidos de la Palma de Oro, al obtenerla en esta ocasión por L'enfant (El niño), su emotivo drama urbano (la primera la ganaron hace 11 años con Rosetta).

Otro favorito, Jim Jarmusch, recibió el Grand Prix -el segundo lugar, como quien dice- por su comedia existencial Broken flowers (Flores rotas) y fue quien pronunció el discurso más elegante, en una ceremonia signada por las sangronadas de los presentadores. Además de agradecer a "un jurado ciertamente extraño", Jarmusch dijo no creer en las competencias en un medio expresivo y reconoció por nombre a los otros colegas en concurso. "Somos una sola tribu", puntualizó al final.

Quien se señalaba como fuerte candidato a la Palma de Oro por Caché (Escondido), el austriaco Michael Haneke, tuvo que conformarse con el premio a la mejor dirección. En efecto, la inteligente puesta en escena era lo más notable de la cinta.

También previsible fue el premio a la mejor actriz, otorgado a la israelí Hanna Laslo, de Free zone (Zona libre). En un festival centrado en figuras masculinas, se destacaba el papel de la conductora argüendera interpretada con simpatía por Laslo.

Las sorpresas llegaron con el doble premio para Los tres entierros de Melquiades Estrada, la opera prima de Tommy Lee Jones, quien recibió el premio al mejor actor. Y aunque señalábamos en días anteriores la posibilidad de un premio para México, ya fuera por Batalla en el cielo en la competencia, Sangre en el concurso de la Cámara de Oro, o El violín en Cinéfondation, finalmente se dio, vía Hollywood, para el guionista Guillermo Arriaga. (No hay que dar mucho crédito a la rumorología). Arriaga quiso compartir su premio "con todos los mexicanos que cruzan fronteras para llevar una vida decente", y sacó una pequeña bandera tricolor de su traje de etiqueta para agitarla en señal de triunfo. Su paisana Salma Hayek aplaudió sonriente el detalle nacionalista desde su asiento entre el jurado.

Otro premio no previsto fue el del jurado, para la película china Sueños de Shangai (Qinghong), de Wang Xiaoshuai. La Palma de Oro al mejor cortometraje fue para Podorozhni, del ucraniano Igor Strembitsky. Mientras que la Cámara de Oro fue otorgada en ex aequo para Sulanga enu pinisa (La tierra abandonada), de Sri Lanka, dirigida por Vimujti Jayasundara, y la estadunidense Me and you and everyone we know (Tú, yo y todos los demás), de Miranda July, que también ganó el premio de la Semana de la Crítica.

Si alguien sigue leyendo, la tradición que sí se mantuvo fue la de una mala película de clausura. En este caso, la inglesa Chromophobia, de Martha Fiennes, resultó bastante más insufrible que cualquier otra elección de años recientes. Quizá la estrategia es hacer que la gente no se sienta obligada a quedarse en la sala, y empiece a acudir a las fiestas para agilizar el tránsito.

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