Usted está aquí: jueves 26 de mayo de 2005 Cultura Ahora los bancos son los que destazan al deudor

El mercader de Venecia, comedia amarga a la que se debe quitar lo racista: Zermeño

Ahora los bancos son los que destazan al deudor

ARTURO JIMENEZ

Una puesta de El mercader de Venecia de personajes perdedores y antirracista es la que ofrece el director Raúl Zermeño con su versión de esa obra shakespeareana que se estrenó el fin de semana en el teatro Julio Castillo, como parte del Proyecto Shakespeare de la Compañía Nacional de Teatro.

De premisa escalofriante -si el mercader Antonio no paga a tiempo un préstamo que le hizo el usurero judío Shylock, éste podrá cortarle una libra de carne de su cuerpo-, esta obra también adquiere actualidad mexicana por la discusión para diferenciar lo legal y lo justo.

En esta versión destaca la actuación de Fernando Becerril, quien se apropia del protagonista: Shylock. Becerril también participa en el Proyecto Shakespeare en la puesta de El rey Lear, en la que interpreta con acierto al conde de Kent.

''Todos los personajes de El mercader de Venecia, los de Belmont como los de Venecia, son horriblemente decadentes y dizque divertidos. Es una comedia muy amarga y había que quitarle, sobre todo, lo racista", comenta Zermeño, y agrega:

''El original shakesperiano es racista: convierte al judío en cristiano y éste lo acepta. Nuestra intención era voltear esto hacia una especie de guerra de todos contra todos, en donde todos, con excepción de Porcia, pierden. Es una comedia de perdedores."

-Es de mucha actualidad la diferencia entre lo legal y lo justo, así como la manipulación de la ley.

-A la ley se le puede dar la vuelta que a uno se le dé la gana; lo acabamos de ver en nuestra propia realidad. La ley se puede interpretar en verde, rojo o azul según la habilidad que yo tenga para afectar a alguien. Ese es un problema ético muy grave, y también amargo en la obra. Pero aquí Shylock sale amargo, aunque no derrotado. Y el cristiano Antonio también sale derrotado de alguna manera.

''En general, todos los personajes son perdedores y la ley es interpretable y manipulable: se puede cortar un trozo de carne humana, pero sin derramar una gota de sangre. Además, esa ley existía en Venecia: se podía destazar al deudor. Ahora los bancos nos destazan de otra manera."

Entre los cambios de Zermeño puede mencionarse que mientras en la obra original se incluye a un personaje marroquí, en esta puesta son un mexicano y un español estereotipados quienes pretenden a Porcia.

 
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