Usted está aquí: martes 7 de junio de 2005 Economist Intelligence Unit Geopolítica y negocios se conectan en Eurasia

Geopolítica y negocios se conectan en Eurasia

La ruta del oleoducto transcaucásico marca el realineamiento de alianzas políticas; EU lo apoya, porque al evadir el tránsito por Rusia permite que el Cáucaso y Asia Central no dependan tanto de las tuberías rusas

China, sedienta de petróleo, está ansiosa de meter las manos en los recursos de la región, y en septiembre comenzará a trabajar en un oleoducto de mil kilómetros

La Administración para la Información Energética de EU estima que la región tiene reservas petroleras de entre 17 mil y 33 mil millones de barriles, en vez de los 200 mil millones pronosticados a mediados de la década de los noventa, más un porción mediana de gas natural

Economist Intelligence Unit /The Economist

Con un costo de 4 mil mdd fue inaugurado un gran oleoducto que conducirá petróleo de la región del mar Caspio hacia occidente. El nuevo tramo será una oportunidad para que los países occidentales reduzcan su dependencia del petróleo de Rusia y de los países del golfo Pérsico. Como otras tuberías de la región, esta ruta marca el realineamiento de alianzas políticas que ha provocado un distanciamiento entre Moscú y Washington.

Cuando hace 150 años el zar Nicolás I trazó los planos de un ferrocarril entre Moscú y San Petersburgo, escogió un curso directo. Colocando una regla sobre el mapa, determinó una conexión en línea recta entre las dos más grandes ciudades de Rusia, con excepción de una pequeña curva donde, de manera accidental, delineó alrededor de su dedo; sin embargo, sus medrosos cortesanos no se atrevieron a señalarle el desvío.

La mayoría de los polémicos gasoductos y oleoductos de la actualidad, situados o proyectados en Rusia o alrededor de ella, no pueden depender de un antojo autocrático de esa naturaleza. El 25 de mayo, el oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan (conocido como BTC), de mil 800 kilómetros y un costo de 4 mil mdd, fue oficialmente abierto al comercio, casi 13 años después de haber sido proyectado. El oleoducto, construido por un consorcio encabezado por la compañía británica BP, conducirá el crudo del mar Caspio desde Azerbaiján, a través del Cáucaso, hasta la costa mediterránea de Turquía, donde será enviado a los mercados mundiales (ver mapa). Cuando se encuentre en total operación, podría transportar un millón de barriles al día, aproximadamente uno por ciento del consumo actual del mundo.

El valor estratégico de la región del mar Caspio no se le escapó a Adolfo Hitler. De manera fatídica, sobrextendió la líneas de suministro militar con la intención de asegurar las reservas petroleras de la región, lo que derivó en la derrota definitiva de Stalingrado. Rusia mantuvo el control de la región hasta la desintegración de la Unión Soviética. Después los gobiernos occidentales y las compañías petroleras, en busca de fuentes frescas de petróleo y en un intento por reducir su dependencia del petróleo de Medio Oriente, han incursionado en el Caspio. Pero la región no ha cumplido con las expectativas. Azerbaiján no llegará a ser nunca el nuevo Kuwait. La Administración para la Información Energética de Estados Unidos estima que la región tiene reservas petroleras de entre 17 mil y 33 mil millones de barriles, en vez de los 200 mil millones pronosticados a mediados de la década de los noventa, más una porción mediana de gas natural.

A pesar de la decepción, mucho de este petróleo está en explotación y se requieren nuevas maneras de llevarlo al mercado. A diferencia de otros grandes productores de petróleo, como Arabia Saudita y sus vecinos congregados alrededor del Pérsico, el petróleo del Caspio está encerrado y apartado del mar por una variedad de países con diferentes ambiciones y afiliaciones. El zar Nicolás y sus técnicas de planeación dieron así lugar a complejas maniobras geopolíticas.

La ruta más rápida hacia el mar iría por el sur a través de Irán. Pero entregar el manejo de un oleoducto clave a un régimen inestable era inconcebible. Como alternativa, en 2001 se inauguró una tubería de mil 510 kilómetros (conocida como CPC) entre los campos petroleros de Tengiz, en Kazajstán, y el puerto ruso de Novorosiysk. Esta tubería, construida por un consorcio encabezado por ChevronTexaco, fue el primer oleoducto de propiedad privada que cruzó territorio ruso (el gobierno tiene 24% de participación).

Rusia, ansiosa por retener el control sobre las exportaciones de petróleo, lo que usa como palanca de su política exterior, ha mantenido el resto de los 48 mil kilómetros de oleoductos bajo el control estricto de la compañía estatal Transneft.

El oleoducto BTC, a pesar de ser la más costosa alternativa para exportar el petróleo del Caspio, fue apoyado por Estados Unidos porque evade el tránsito por Rusia, lo cual propicia que el Cáucaso y Asia Central no dependan tanto de las tuberías rusas. El oleoducto proporciona también una oportunidad para estimular las economías regionales a las que Occidente corteja, especialmente las de Georgia, Azerbaiján y Turquía, miembro de la OTAN, y para cimentar el apoyo de la región hacia Estados Unidos. De acuerdo con el Departamento de Estado estadunidense, la ubicación de Georgia le da ''una importancia estratégica mucho más allá de su tamaño''.

Mejorar una ruta alternativa que cruzara por Georgia hacia Supla, en el Mar Negro, habría requerido un oleoducto más corto y más barato. Pero Turquía arguyó que eso podría llevar a un nivel insostenible de tráfico marítimo en el estrecho del Bósforo, que divide Estambul. A petición de Estados Unidos, el oleoducto BTC dirigió su complejo camino a través de Azerbaiján, Georgia y Turquía. De cualquier forma, algunos opositores del oleoducto señalaron que los ingresos proporcionados a Azerbaiján contribuirán a apuntalar al autocrático y corrupto régimen del país. Y los ambientalistas se han quejado de que el gaseoducto escinde un parque nacional en Georgia.

La locura de los oleoductos

China, sedienta de petróleo, está también ansiosa de meter las manos en los recursos de la región, y en septiembre comenzará a trabajar en los mil kilómetros de un oleoducto que irá de Atasu, en Kazajstán central, a los campos petrolíferos del Caspio. De cualquier manera, parece que los planes de unirse con las tuberías rusas para hacer posible el paso del petróleo siberiano a través de Kazajstán serán obstaculizados por Transneft.

Asimismo, los países europeos no temen ceder a una política de pequeños oleoductos. En febrero Ucrania dio a Rusia una bofetada al acordar la reversión del flujo del oleoducto Odesa-Brody, que supuestamente iba a llevar el petróleo ruso en dirección sur al puerto ucraniano de Odesa, en el mar Negro, y a la red de oleoductos europeos. En forma reciente, Ucrania ha experimentado una escasez de crudo y su primer ministro ha sido culpado de la excesiva dependencia del petróleo ruso.

Un poco más lejos, otros dos oleoductos propuestos demostraron cómo la batalla por las fuentes de energía puede solucionar algunas dificultades políticas mientras produce otras. Una mejoría de las relaciones entre India y Pakistán anticipó el anuncio de que India está considerando desarrollar un oleoducto de 2 mil 775 kilómetros, conectado con Irán. Estados Unidos se opone con dureza a un involucramiento con Irán y pretende usar un acceso exterior a las fuentes energéticas iraníes como palanca para detener el programa nuclear del país. Rusia ha apoyado ampliamente el programa nuclear de Irán, en parte para contrarrestar las ambiciones de Estados Unidos en el Caspio.

Por su parte, Pakistán es parte de un acuerdo para construir un gasoducto desde Turkmenistán, que tiene importantes campos de gas, a través de Afganistán, hasta la costa paquistaní. El talibán, que continúa siendo una amenaza activa en Afganistán, ha jurado arruinar el proyecto si participan compañías estadunidenses. Pero las amenazas de los terroristas son probablemente exageradas aun en estas inestables partes del mundo. Si bien los insurgentes han bloqueado las exportaciones de petróleo iraquí mediante la explosión de oleoductos, muchas tuberías corren bajo tierra y los ataques contra ellas no son comunes.

De hecho, la gran mayoría de los oleoductos no causan polémica ni están amenazados: por ejemplo, sólo en Estados Unidos hay 322 mil kilómetros de tuberías que transportan petróleo, gas y productos refinados. Pero así como la carrera por el crudo y el gas de áreas lejanas se calienta, amenazando viejas alianzas y fraguando otras nuevas, la política de ubicación de oleoductos será cada vez más complicada. Los días del zar y de su regla han llegado a su fin.

FUENTE: EIU

 
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