Usted está aquí: sábado 18 de junio de 2005 Opinión DESFILADERO

DESFILADERO

Jaime Avilés

Por qué Marcelo Ebrard no

Su imposición está dividiendo al PRD capitalino

Carlos Montemayor contra la Minera San Xavier

FRICCIONES. Poco duró la luna de miel en la cúpula del PRD capitalino. Como oportunamente lo dio a conocer la Ciudad Perdida de Miguel Angel Velázquez, se están distanciando el presidente y el secretario general de ese comité estatal. En lo aparente, divergencias de enfoque sobre el manejo de problemas que exigen atención inmediata serían las causas del enfriamiento entre Martí Batres y Gilberto Ensástiga. Pero la verdad, según fuentes consultadas, es que para el segundo de a bordo en ese organismo los militantes del llamado "PRI amarillo" deben rechazar la "imposición" de Marcelo Ebrard como candidato al Gobierno del Distrito Federal (GDF), una postura que Batres, hasta donde ha trascendido, no comparte.

Es una trampa retórica la que intenta descalificar a Ebrard, a Manuel Camacho, a Socorro Díaz y a otros colaboradores actuales de Andrés Manuel López Obrador porque hace una década pertenecían al primer círculo de Carlos Salinas de Gortari. No hay indicios de que ahora estén actuando como emisarios del ex presidente incómodo para apoyar al tabasqueño en su ascenso al Poder Pejecutivo Federal, a cambio de pactos que garanticen la continuidad de las políticas neoliberales otros seis años. Eso es tan absurdo como también lo sería acusar a Cuauhtémoc Cárdenas de "salinista" por la buena relación que actualmente sostiene con Manuel Bartlett Díaz, que fue secretario de Gobernación en el gabinete de Miguel de la Madrid y pieza clave en el fraude electoral del 6 de julio de 1988.

En las ruinas arqueológicas de la izquierda revolucionaria de la segunda mitad del siglo XX hay ex guerrilleros que hoy fungen como empresarios "alternativos" y que al salir de la clandestinidad y sumarse a la lucha de masas no vacilaron en imitar los mecanismos clientelares y el acarreo para acrecentar y movilizar a sus huestes, mismas que los elevaron a cómodos asientos en el Poder Legislativo para reducirlos, al cabo de un trienio perdido, a la condición de supuestos hombres de negocios, centinelas de una pureza ideológica chaquetera e ideólogos sin oficio ni beneficio.

¿Dónde está la izquierda mexicana del siglo XXI? La respuesta es obvia: aquí, allá, en todas partes, resistiendo de diversos modos y en distintas esferas del país, sin estructura política, sin candidatos ni programa de gobierno, convertida en una inmensa minoría moral regida por los valores universales del humanismo, que no se vende y no se rinde, pero sabe también que por sí misma no va a ninguna parte.

A Marcelo Ebrard no se le puede excluir tachándolo de "salinista" porque no es salinista, ni descartarlo porque no es de izquierda, ya que esa característica descalificaría asimismo a López Obrador, a casi toda la dirigencia del PRD y al propio ingeniero Cárdenas. A Ebrard las corrientes de "izquierda" de la ciudad de México no lo quieren porque, durante su gestión como jefe de la policía capitalina, se dedicó a complacer a la derecha y, según el más ultraconservador de mis parientes, lo hizo muy bien: se lució resolviendo secuestros exprés que jamás salieron a la luz pública. Además trajo a Rudolph Giuliani, trató de implantar en este valle entre montañas el esquema de tolerancia cero de la isla de Nueva York y proscribió a los franeleros, sin cosechar grandes triunfos pero sí muchas críticas.

Hombre de mano durísima -hay que recordar cuando México, en 2002, jugaba en el Mundial de Japón-Corea y la glorieta del Angel de la Independencia era lo más parecido al 11 de septiembre en Santiago de Chile-, Ebrard construyó estructuras de control y disuasión del hampa que son la pesadilla de quienes viven en las zonas menos afortunadas de la ciudad, pero eso no lo transforma en candidato natural de una población como la nuestra, que prefiere respaldar a políticos más relajados, más identificados con el espíritu abierto, lúdico y tolerante de la chilanga banda.

Pejerreforma penitenciaria

En la reforma carcelaria impulsada por el GDF -de la que este diario ha dado cuenta en cuatro entregas, la última de las cuales se publica hoy en la sección Sociedad y Justicia-, a Ebrard le correspondió el papel del malo: el policía que, en efecto, incrementó de manera notable el número de delincuentes detenidos; en tanto Martí Batres, como subsecretario de Gobierno, redistribuía a los reclusos de ambos sexos, y la Secretaría de Obras edificaba dos nuevos presidios -uno exclusivo para todas las mujeres detenidas en la ciudad, otro sólo para jóvenes menores de 30 años-, ambos en Santa Marta Acatitla. La cereza del pastel quedó colocada en lo alto del merengue cuando la Universidad Autónoma de la Ciudad de México puso en marcha un programa de educación superior para hombres y mujeres que viven tras las rejas, brindándoles el derecho a cursar una licenciatura aunque estén condenados a morir de vejez en la cárcel.

Estos, en su conjunto, son los frutos de un gobierno humanista -véanse, para contrastar, las imágenes que ilustran esta plana: son de la cárcel de Tipitapa, en Nicaragua, diseñada para los fríos de Bulgaria e importada al infierno centroamericano por Tomás Borge, el comandante guerrillero que terminó escribiendo loas a Salinas de Gortari- y, por supuesto, el que se lleva las palmas de nuevo es López Obrador, a quien de tantas obras realizadas en su casi quinquenio empieza a faltarle tiempo para cacarearlas. La fuerza política desarrollada por el tabasqueño en la ciudad de México es de una dimensión apabullante, y el triunfo del PRD en las elecciones para titular del GDF no depende del candidato -excepto si ese partido postulara a su escoria: Demetrio Sodi o Rosario Robles-, sino del pejecarisma. Imponernos a Ebrard, por tanto, sería un gesto inamistoso, pero sobre todo innecesario y a la larga contraproducente.

Resistencias ciudadanas

Ha transcurrido casi un año desde que, el primer sábado de julio de 2004, esta página lanzó el Plan de los 3 Puntos llamando al pueblo a luchar contra el desafuero de López Obrador y a llevarlo a la Presidencia de la República. Puede decirse a grandes rasgos que el proyecto ha resultado asaz exitoso: el golpe de Estado foxista se desfondó y Andrés Manuel está a punto de iniciar el último tramo de la ruta hacia la boleta electoral. Lo que nomás no avanza es la idea del Congreso de los Ciudadanos Unidos (CCU). Es demasiado país y muy poco el tiempo que nos queda para organizarlo, me decía la otra noche, cabeceando muerto de sueño en las tinieblas de un autobús que bajaba por la falda del Pico de Orizaba rumbo al Distrito Federal.

Mi plan era llegar a la estación TAPO en la madrugada, ir a mi casa, resolver asuntos domésticos y correr a la estación de los Cien Metros para embarcarme en otro autobús rumbo a Sonora, engañándome con que iba a detenerme a comer en el Altazor de Mazatlán para continuar hacia Caborca, me parece, donde los compañeros de la Red Nacional de Jóvenes con AMLO me llevarían a una reunión con líderes yaquis para invitarlos a participar en el CCU. Ese era el plan, sin embargo no me dio el cuerpo. No sólo por el esfuerzo físico o por el escaso dinero que hemos reunido los grupos del Lado Izquierdo Opositor, sino porque después de Sonora tendría que ir, siempre por tierra, a Monterrey, a festejar los 60 años de mi amigo Joaquín Romo de Vivar y a pronunciar un discurso ante el encuentro nacional de los Jóvenes con AMLO, que empieza hoy en la ciudad del cerro de la Silla, y luego bajar a San Luis Potosí donde hoy también, y con la actuación especial del poeta, novelista, traductor y cantante de ópera Carlos Montemayor, se celebrará el Foro Social del Cerro de San Pedro en contra de la Minera San Xavier y su pretensión ecocida de envenenar las aguas y las tierras de la comarca con cianuro, para supuestamente obtener oro y plata, un proyecto criminal respaldado por el (ex) presidente en funciones Vicente Fox; el gobernador Marcelo de los Santos; el secretario de Medio Ambiente, Alberto Cárdenas Jiménez, y ahora también por el de Economía, el hombre de las macrocejas, Fernando Canales Clariond, rata de dos patas que decidió por sus pistolas concederle a la minera el usufructo de 300 hectáreas ejidales, violando la ley y burlándose de la sociedad civil potosina que echará abajo su maniobra.

¿Qué hacer con el CCU? La próxima semana ensayaré una respuesta; mientras tanto, se aceptan opiniones.

[email protected] // www.plandelos3puntos.org // [email protected]

 
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