Usted está aquí: sábado 18 de junio de 2005 Opinión Reforma social del Estado

Miguel Concha

Reforma social del Estado

Preocupados por la fragilidad de nuestra democracia y los evidentes indicios de retroceso, más de 300 representantes de organizaciones de la sociedad civil de todo el país (redes nacionales y organizaciones multisectoriales, locales o regionales), con la presencia de actores sociales, intelectuales y políticos de diversos ámbitos y adscripciones partidarias, se reúnen estos días en Pátzcuaro para acordar planteamientos, propuestas y acciones ciudadanas, a corto y mediano plazos, sobre una reforma del Estado desde abajo, que responda verdaderamente a un nuevo proyecto participativo de nación, a escalas local, regional y federal, en el que el desarrollo económico confluya con el desarrollo social, cultural y ambiental.

Su objetivo es seguir pugnando desde la sociedad, y haciendo uso de las instituciones políticas del Estado, por el respeto cabal de los derechos civiles y políticos de los ciudadanos en una democracia representativa, pero como instrumento y condición del reconocimiento y garantía de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, así como de los dere- chos colectivos de los pueblos y comunidades indígenas. Teniendo en cuenta que la alternancia no ha sido de ninguna manera suficiente para asegurar la continuidad y la consolidación de la transición a la democracia, y de que actualmente no existen condiciones políticas idóneas para concretar la reforma del Estado, las organizaciones de la sociedad civil esperan de este primer encuentro poder posicionarse -más allá de los partidos- como un actor político fuerte y un interlocutor reconocido para la consolidación democrática, así como el urgente replanteamiento de los cauces del desarrollo nacional y la definición de un proyecto alternativo de nación, que oriente en el país un nuevo pacto social. Son conscientes de que hoy en día en México se entrecruzan dos impulsos hacia la democracia.

La perspectiva que concibe la democratización asociada a la liberalización de la economía y a la integración subordinada a los poderes globales se ocupa únicamente -de manera acotada- del sistema electoral, y de que los ciudadanos cuenten con medios y canales limitados para que su voz sea escuchada, lo cual podrá lograrse si se excluye a la sociedad y se continúa consolidando un "sistema de partidos" con ofertas más o menos uniformes sobre "desarrollo y modernización", comprometiendo con ello la gobernabilidad.

La tendencia que condensa aspiraciones de liberación social y de participación política de múltiples actores excluidos de clase, etnia, género, generación, etcétera, que conciben la democracia como instituciones fuertes que fomentan una forma de vida en la que se respete la integralidad de los derechos humanos, permiten la representación de los intereses populares, controlan los grandes poderes económicos y políticos, y propician la redistribución del poder.

En esta tendencia se inscriben las organizaciones civiles y sociales que se reúnen en Pátzcuaro, haciéndose eco de las aspiraciones de la mayoría de los mexicanos. Como explica Manuel Alcántara Sáez en su artículo ¿Democracias inciertas o democracias consolidadas en América Latina?, publicado en el número 54 de la Revista Mexicana de Sociología, cuando se estudian las condiciones que favorecen las oportunidades políticas y la práctica democrática, "la porción más considerable de la bibliografía (sobre la democracia) parece centrarse en el binomio referido a satisfacciones económicas por parte de la mayoría de la población y su implícita satisfacción del sistema" (pág. 211). Puntualiza que el desarrollo socioeconómico da paso a mejores condiciones para que la democracia pueda instalarse con éxito. Citando a Robert Dahl, comenta que para que se cumpla este esquema de la sociedad, la democracia debe poseer al menos tres características básicas: niveles promedio de riqueza, ingreso, consumo y educación; crecimiento económico estable y organizaciones relativamente autónomas en el plano económico.

Por ello las organizaciones civiles y sociales que se reúnen en Pátzcuaro han venido trabajando de manera crítica hasta el día de hoy en seis mesas de propuestas y acuerdos sobre la consolidación de la democracia y la reforma del Estado, discutiendo temas que hasta ahora no han podido ser tratados o, mejor dicho, no han querido ser resueltos por los actores políticos partidarios y las instancias de gobierno: el régimen político acorde a las nuevas circunstancias del país; las nuevas relaciones Estado-sociedad que se requieren para una democracia sustantiva; el nuevo pacto económico y social por el que desde abajo se lucha; la reforma electoral que la sociedad exige; la participación ciudadana en la formulación de las relaciones de México con el exterior, y la soberanía de la nación en materia de cultura, desarrollo de la ciencia y tecnología. Se espera que hoy emitan una importante declaración política y hagan pública una agenda ciudadana sobre estos temas, que dará de qué hablar en el próximo proceso electoral.

 
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