Usted está aquí: sábado 18 de junio de 2005 Opinión Pacifismo sangriento

Leonardo García Tsao

Pacifismo sangriento

Uno se había resistido a ver Cruzada porque las señas eran ominosas. La película no fue bien recibida por la crítica internacional y su atractivo taquillero se fue apagando semana tras semana. Aunque se trata de otra ambiciosa realización de época de Ridley Scott, la firma no es garantía, pues su obra ha sido tan desigual que Blade Runner convive con G.I. Jane en la misma filmografía. La verdad es que Scott nunca ha sido un cineasta de grandes ideas sino un impecable técnico, demasiado dependiente de la solvencia de sus guiones.

El guión de Cruzada se debe al bisoño William Monahan, quien no ha sabido darle consistencia a un asunto de evidente alusión a la situación actual en el Medio Oriente. La historia se sitúa en el siglo XII cuando el herrero francés Balian (Orlando Bloom) llora la muerte de su hijo y esposa el mismo día que el caballero Godfrey (Liam Neeson) lo intenta reclutar para unirse a la segunda Cruzada en Jerusalén y le informa, de paso, que es su verdadero padre pues había violado a su mamá. Hay días de esos. Balian acepta la oferta después de haber asesinado a un cura impertinente y, naufragio de por medio, acaba en Tierra Santa.

Gracias a la mesura del enmascarado rey Balduino IV (la expresiva voz de Edward Norton), hay una tregua en Jerusalén entre los cristianos ocupantes y las fuerzas sarracenas de Saladin (Ghassan Massoud). Sin embargo, Sibylla (Eva Green), la hermana del rey, ha sido casada con el torvo caballero templario Guy de Lusignan (Marton Tsokas), quien junto con su colega Reynald (Brendan Gleeson, más porcino que nunca) son los únicos elementos beligerantes de la corte (son franceses, qué le vamos a hacer). El recién llegado Balian se beneficia de la influencia de su fallecido padre y es bien recibido por el rey, el consejero Tiberias (Jeremy Irons) y, sobre todo, Sibylla.

Cuando el rey muere, carcomido por la lepra, el frágil equilibrio corre peligro. El sabio Tiberias propone asesinar a Guy, al fin que nadie lo quiere, facilitando un braguetazo épico de Balian, quien así ascendería oficialmente a la cama de Sibylla y al trono. Contra toda lógica, el jovencito se rehúsa a comprometer su ética... provocando, por supuesto, que el nuevo rey Guy empiece a matar sarracenos con la consecuente retribución del enemigo. Es históricamente cierto que un Balian de Ibelin estuvo al mando de Jerusalén en 1187 cuando fue sitiada por el ejército de Saladin pero, es quizás, el único dato correcto de toda la película.

Marcada por el anacronismo ideológico, Cruzada dota a sus personajes positivos de una filosofía y una conciencia demasiado adelantadas para su tiempo. Si se trata de hacer paralelos con la actual guerra contra el mundo islámico, el personaje de Balian no representa la postura de Bush sino la tibia indecisión del otrora candidato presidencial John Kerry. Como la película no quiere ofender a ningún grupo religioso, se evita cualquier matiz de fanatismo en la descripción de los líderes cristianos y musulmanes. De hecho, son tan moderados que uno se pregunta por qué entraron en guerra. Ya que Jerusalén ha sido ocupada por romanos, judíos, musulmanes y cristianos, Balian concluye que pertenece "a todos y a nadie". Al final, cuando le pregunta a Saladin cuál es el valor de la ciudad tomada, este contesta: "Nada". Pero añade: "Todo", después de una pausa significativa. Con esas ambigüedades nunca vamos a aclarar las cosas.

Al margen de que las acciones bélicas parecen responder a una necesidad de espectáculo y no a una justificación dramática, la película sufre por el vacío de no tener a un actor convincente en el papel protagónico. Aunque Bloom estaba bien como elfo en El señor de los anillos, ya en Troya su Paris mostraba menos presencia que Paris Hilton. Charlton Heston era un hígado pero podía darle estatura heroica a El Cid. Bloom, en cambio, se ve tan ñengo que uno sospecha sería rechazado de una alineación de los Backstreet Boys.

¿Qué le queda a Scott? Pues nada más contradecir el supuesto pacifismo de su discurso con el infalible despliegue estético de la carnicería. Si bien las batallas son vistosas, la ausencia de personajes sólidos no nos involucra en las acciones, como ocurría con El señor de los anillos. Y, una vez más, la recurrencia de los efectos digitales condiciona a que todo ocurra bajo una luz contrastada -al parecer, sólo se combatía en el amanecer o crepúsculo- y con un toque marcadamente artificial en los paisajes desérticos, los flechazos, los brotes de sangre y el desfile de tropas masivas. Según el director, la versión original de Cruzada dura 220 minutos y estará disponible en DVD. Eso se antoja más interminable que la ocupación misma de Jerusalén.

(Hablando de fanatismo religioso, he recibido más correos electrónicos que nunca en relación a mi artículo sobre Episodio III, publicado hace dos semanas. Algunos a favor, otros en contra, los mensajes triplicaron el número de correos recibido por mi crítica a La pasión de Cristo. ¿Quiere decir eso que, al menos entre los lectores de La Jornada, las creaciones de George Lucas son más populares que Jesús?)

CRUZADA

(Kingdom of Heaven)

D: Ridley Scott/ G: William Monahan/ F. en C: John Mathieson/ M: Harry Gregson-Williams/ Ed: Dody Dorn/ I: Orlando Bloom, Eva Green, Jeremy Irons, David Thewlis, Brendan Gleeson/ P: Scott Free, BK Reino del Cielo, KOH Babelsberg, Inside Track 3 LLP. G. Bretaña-España -Alemania -EU. 2005.

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