Usted está aquí: lunes 20 de junio de 2005 Cultura La crisis de los 90 detonó la violencia urbana en Cuba: Padura

Reflejan en su novela La neblina del ayer tres generaciones de esperanzas frustradas

La crisis de los 90 detonó la violencia urbana en Cuba: Padura

Las carencias económicas resultaron beneficiosas para los creadores porque los obligaron a buscar mercados externos

El exilio de creadores ya no va a Miami, sino a México o Europa

GERARDO ARREOLA CORRESPONSAL

Ampliar la imagen El autor de La neblina del ayer, en La Habana FOTO Gerardo Arreola Foto: Gerardo Arreola

La Habana, 19 de junio. En su novela La neblina del ayer, que aparecerá este mes en México y España, Leonardo Padura narra los brotes de violencia urbana de algunas zonas de La Habana actual, "uno de los fenómenos que recientemente están marcando el carácter de la sociedad cubana".

Para ubicar su anécdota, Padura hizo que su personaje favorito, el policía investigador Mario Conde, envejeciera y asumiera la visión que el autor ha ido teniendo al paso de los años.

Padura (La Habana, 1955) hizo periodismo cultural en Juventud Rebelde, El Caimán Barbudo y La Gaceta de Cuba y es autor de una veintena de libros, entre crónicas, narraciones y ensayos literarios. Su anterior relato de ficción es La novela de mi vida (2001), basado en la vida del poeta José María Heredia, publicada, como toda su obra actual, por Tusquets en el extranjero y Ediciones Unión en la isla.

Bolero y detectives

Autor de la serie de ensayos Un camino de medio siglo: Alejo Carpentier y la narrativa de lo real maravilloso (Fondo de Cultura Económica, 2002), el escritor tomó para su nuevo título un verso de Vete de mí, bolero clásico de Virgilio y Homero Expósito, cuya versión más reconocida por los amantes del género es la de Bola de Nieve.

La canción es, además, el eje de una historia que rastrea La Habana de los años 50, con sus noches de cabaret y bohemia y sus negocios de políticos y mafiosos, pero se desliza sobre los rieles de esa misma ciudad en una fecha tan cercana como 2003, con sus flamazos de marginación, empobrecimiento y violencia.

Conde fue el protagonista de una tetralogía (Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras y Paisaje de otoño), publicada entre 1991 y 1998, que tuvo dos premios Dashiell Hammett de novela policial y el Café Gijón de España. Luego apareció en Adiós, Hemingway, novela corta que Padura adapta para el cine.

El personaje abandonó la policía para dedicarse al comercio de libros viejos. En La neblina... su nuevo oficio lo empuja hacia el caso de una bolerista que murió misteriosamente en los años 50 y lo lleva a recorrer callejones y azoteas de una de las zonas más duras de la capital cubana de hoy

En la novela hay una crónica subyacente de esa violencia "que puede ocurrir en un camello (autobús de pasajeros), donde van 150 personas con 47 grados de temperatura, después de ocho horas de trabajo, luego de dos horas de espera y uno le pisa un pie a otro", dice el autor a La Jornada. "Ahí se puede armar la tercera guerra mundial.

"Por otra parte está esa violencia que, si bien no llega a ser organizada, es mucho más compacta, orgánica, en determinados barrios y sectores sociales y que irradia hacia toda la sociedad", puntualiza el autor.

Padura dice que le preocupó el tema al registrar el cambio de hábitos en La Habana tras una severa crisis económica en la década anterior y que hizo aparecer rejas en las casas, alarmas en los autos y el empleo informal de vigilante nocturno.

"Todo esto tiene que ver, por supuesto, con el empobrecimiento de un sector grande de la sociedad cubana y con una crisis de valores morales, que creo que ha llegado a una espiral ascendente, que es muy peligrosa."

Como los medios informativos casi no registran ese panorama, el escritor piensa que, sin amarillismo, bien se podría debatir la situación, quizá a partir de casos "que de alguna manera tienen que provocar una respuesta ciudadana y no solamente policial".

Jóvenes heréticos

En la novela hay un par de ancianos que representan la generación "a la que los cambios de los últimos tiempos la sumió prácticamente en una pobreza absoluta". Luego está la de Conde, "la que creció con la Revolución, con las esperanzas de que existía un futuro mejor y de pronto ese futuro mejor desapareció.

"Y está la de los que andan entre los 20 y 30 años, que son totalmente heréticos con respecto a cualquier discurso político, a cualquier posibilidad de cambio y que tratan de hacerse la vida de la mejor manera posible, con un pragmatismo que no tiene la generación anterior."

La crisis económica de los 90, dice Padura, fue "muy beneficiosa para el desarrollo de la cultura" en Cuba, porque al crearse una distancia con la industria -incapaz de responder a las necesidades materiales del momento- los autores ganaron "un espacio de independencia", que los llevó a buscar mercados externos.

Pierde el consumidor local

Así surgió una obra de "visión compleja, crítica, interrogativa de la realidad, indagativa", que se unió a la diáspora de artistas que por primera vez no se concentran en Miami, sino que se instalan en México, España, Francia o Italia. Hay una producción artística que ya no se distingue por si está hecha dentro o fuera de la isla, lo cual es una ganancia para la cultura cubana, dice el autor.

La pérdida es para el consumidor local, que no siempre puede mantener el contacto con la creación exterior. Padura cita un ejemplo: el historiador Manuel Moreno Fraginals publicó fuera "uno de sus libros capitales", Cuba-España, España-Cuba: historia común, que no ha circulado en la isla.

El escritor explica que se llama boom de la novela cubana a un fenómeno que coincide con explosiones culturales como Fresa y chocolate o Buenavista Social Club. Pero cree que se habla así porque en los 90 irrumpió un puñado de autores (Eliseo Alberto, Arturo Arango, Daína Chaviano, Jesús Díaz, Abilio Estévez, Pedro Juan Gutiérrez y el propio Padura), que "dan una visión diferente de la literatura cubana y crean una expectativa.

"Esto no había ocurrido en los años anteriores y da la impre- sión de que hay un gran creci- miento de la novela cubana." Han quedado algunas obras importantes, dice Padura, hay trabajos sobrevalorados y otros poco apreciados. "Pero fue un fenómeno que abrió una expectativa mayor de la que los escritores cubanos pudieron cumplir realmente. La literatura cubana ganó en calidad, ganó en capacidad de indagación y sobre todo en presencia internacional."

 
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