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El trabajo una fotógrafa asesinada es censurado por "pro-palestino" La segunda muerte de Zahra Kazemi Naomi Klein y Aaron Maté* La fotógrafa Zahra Kazemi murió tras ser violada y torturada en Irán, su país de origen, por captar imágenes afuera de una prisión. Según su familia, el gobierno de Canadá, su país adoptivo, ha hecho muy poco para que las autoridades iraníes investiguen a fondo y castiguen a los responsables del asesinato. Por si algo faltara, una exposición del trabajo de Kazemi ha sido recientemente censurada porque mostraba imágenes supuestamente favorables a los palestinos
Dos años después, nuevamente intentan tapar el lente de Kazemi, nuevamente intentan evitar que sus fotos lleguen a ojos del público. Sólo que ahora la censura proviene de su país de adopción, Canadá. La semana pasada, la biblioteca Cote St. Luc, en Montreal, desmontó cinco fotos de Kazemi que estaban en exhibición, después de que patrocinadores judíos se quejaron de un supuesto "sesgo pro-palestino"; y dejaron el resto de la exhibición, que anteriormente había sido expuesta en París. El hijo de Kazemi, Stephan Hachemi, describió la remoción de las fotografías palestinas como "una violación al espíritu de mi madre" y demandó que la biblioteca mostrara toda la exhibición o nada. Así que la biblioteca quitó toda la exhibición. Esta censura de manufactura canadiense llega al tiempo en que el gobierno iraní continúa frenando cualquier intento de que los asesinos de Kazemi sean enjuiciados. Tras rehusarse a regresar el cuerpo a su hijo, Irán absolvió a tres funcionarios de inteligencia acusados de su muerte, y, más recientemente, se mofó de los llamados de Canadá de que se realice una investigación internacional. En cuanto al gobierno canadiense, la familia de Kazemi lo acusó de "rogar, no insistir", que el gobierno iraní rinda cuentas acerca de su muerte. *** No hay comparación entre la decisión de quitar las fotografías en Montreal y la brutal censura que llevó a su muerte en una prisión iraní. Sin embargo, la decisión de remover las fotos, por temor a "ofender", es aún más obscena justo por cómo murió Kazemi: fue asesinada precisamente por su compromiso a ser testigo del sufrimiento humano, aun cuando las fuerzas poderosas no querían tener testigos de su brutalidad. Llevó ese compromiso a países en África, América Latina, el Caribe y Medio Oriente, incluyendo a Irán y la Palestina ocupada por Israel. Demasiado seguido, la moral canadiense viene con su dosis de hipocresía. Estamos escandalizados por lo que le pasó a Kazemi en Irán, o a Maher Arar en Siria, sin embargo, continuamos deportando refugiados a países donde enfrentan tortura, incluso a Argelia, Siria y Líbano y, sí, hasta a Irán. El año pasado, 43 solicitantes de asilo iraníes fueron deportados de British Columbia; con lo cual se cuadruplicó el número desde 1999. La decisión de quitar las fotografías que se pensaba eran "demasiado amables" con la causa palestina también es parte de un inquietante patrón por silenciar la oposición a la expansión israelí en los Territorios Ocupados, ahora en su año 38. Hace dos veranos, CanWest Global, el mayor conglomerado de medios, hasta produjo un muy promocionado documental que comparaba a los estudiantes pro-palestinos de la Universidad de Concordia en Montreal con los nazis. En septiembre, la cadena de prensa escrita de la compañía fue amonestada por la agencia de noticias Reuters por publicar sus historias con modificaciones ideológicas al texto original. Y rara vez escuchamos en los medios las voces contra la ocupación que retan el engañoso consenso de que los palestinos son culpables de su propia miseria. Pero no sólo se distorsiona o ignora la resistencia palestina: también a los palestinos, sus caras, sus vidas. Y era este deshumanizante vacío el que Kazemi trataba de llenar con su trabajo. Ella "mostraba la vida cotidiana de los palestinos y los problemas que enfrentaban en su intento por preservar su tierra y su identidad", enfrentando "el éxodo, la pobreza, la humillación, el sufrimiento y los estragos de la guerra", según la leyenda que acompañaba la exhibición fotográfica. Y esta acción sí que amenaza: simples imágenes que capturan las consecuencias humanas de la ocupación son un reto directo a aquellos que han encontrado maneras de aislarse del sufrimiento colectivo de la gente. En palabras de su hijo, Zhara Kazemi tuvo el valor "de mostrar lo inmostrable, de mostrar la verdad". Deshonramos su memoria y su legado permitiendo que sus fotografías sean ocultadas, imágenes que son una expresión del coraje y la humanidad que le costó la vida a esta valiente periodista. No es demasiado tarde para enmendar las cosas. El trabajo de Kazemi debe ser inmediatamente montado de nuevo, pero a una escala mucho mayor. Sería un gesto particularmente poderoso si los miembros de la comunidad judía canadiense, conocidos por respaldar el arte, se ofrecieran a colgar las fotografías de Kazemi en las paredes de algún importante museo canadiense. Esto demostraría que los canadienses no sólo son capaces de condenar la censura cuando ocurre en países lejanos, sino que están comprometidos en defender los principios de la libertad de expresión y una genuina diversidad de opiniones y puntos de vista en su propia casa. Sería una adecuada, si bien modesta, manera de rendir homenaje a una heroína canadiense asesinada porque creía que estas ideas eran más que teóricas. (Traducción Tania Molina Ramírez. Una versión corta de este texto fue publicada en el diario Globe and Mail) ------------ *Naomi Klein es autora de No Logo y Vallas y ventanas. Aaron Maté es periodista e investigador en Montreal. |