Usted está aquí: viernes 8 de julio de 2005 Política A espaldas del pueblo

Adolfo Pérez Esquivel*

A espaldas del pueblo

Con mucha preocupación vemos la creciente militarización de América Latina y hechos gravísimos como los del Congreso Nacional Paraguayo, que ha sancionado el ingreso de tropas de Estados Unidos por un lapso de 18 meses, desde el 1º de junio del corriente año hasta el 31 de diciembre del 2006. Esta noticia fue denunciada por el Servicio Paz y Justicia de Paraguay.

La historia vuelve a repetirse por aquellos que entre gallos y a medianoche actúan ocultos en la complicidad, al servicio de los intereses extranjeros, en lugar de defender la soberanía y el derecho del pueblo.

Este hecho pone en evidencia la complicidad del gobierno paraguayo y de aquellos legisladores que aprobaron esa sanción a espaldas del pueblo, hipotecando el presente y futuro de Paraguay. Es necesario tener memoria para saber que, cuando entran las tropas de Estados Unidos en un país, no se retiran más. Los hechos lo confirman. Tenemos ejemplos: la base militar en Manta, Ecuador; la de Guantánamo, en Cuba, hoy transformada en prisión y donde se violan los derechos humanos de los prisioneros, y las bases militares instaladas en los países centroamericanos.

Esta situación se agrava teniendo en cuenta la exigencia de inmunidad para las tropas de Estados Unidos, incluyendo el personal civil. Frente a cualquier violación de los derechos humanos y del pueblo que pudieran cometer, gozan de total impunidad, sujeta únicamente a la decisión de Estados Unidos y no del país en el cual pudieren cometer los delitos. Esta situación genera el estado de indefensión jurídica del pueblo paraguayo frente a las tropas estadunidenses, desconociendo el Tribunal Penal Internacional de las Naciones Unidas y el derecho internacional. En el convenio firmado con el gobierno paraguayo, la gran potencia no se responsabiliza de los daños que pueda causar a las poblaciones en la salud y al medio ambiente, ni tampoco a los recursos de la sociedad.

Estados Unidos, en su hegemonía política, militar y económica, tiene grandes objetivos estratégicos para América Latina, basados en su campaña contra el terrorismo y el narcotráfico. Sin embargo, se cuida no hablar sobre el "terrorismo de estado" que aplica en otros países.

Es necesario recordar que Estados Unidos formó en la Escuela de las Américas, en Panamá, y en las academias militares estadunidenses a más de 80 mil militares latinoamericanos para imponer la doctrina de seguridad nacional, que llevó a la implantación de las sangrientas dictaduras militares que asolaron a los pueblos del continente y que hasta el día de hoy soportan sus consecuencias.

Dentro del proyecto de dominación que Estados Unidos busca imponer podemos señalar algunos ejes fundamentales:

1º. El Plan Puebla-Panamá, para el control de Centroamérica y el Caribe. (La reciente invasión a Haití y derrocamiento del presidente Aristide. La agresión a Venezuela apoyando el golpe de Estado al presidente Hugo Chávez, que fracasó).

2º. El Plan Colombia, para la región andina, con la presencia militar en el conflicto colombiano y con la base militar estadunidense en Manta, cedida por el gobierno del Ecuador para el control del Pacífico y la región andina.

3º. La Triple Frontera, donde desde la década de los noventa Estados Unidos viene montando una campaña para definirla como "zona del terrorismo islámico", para justificar la instalación de una base militar que hoy le cede el gobierno del Paraguay. Los cursos previstos a las fuerzas armadas paraguayas estarán al mando del Comando Sur (Souttcom) y el embajador estadunidense, lo cual afecta la soberanía nacional.

Otras son las razones que impulsan el interés de Estados Unidos en la Triple Frontera. Es el acuífero guaraní, una de las mayores reservas de agua potable del mundo, un bien cada día más escaso. Dentro de su estrategia continental están también los conflictos regionales, como la situación cada vez más tensa en Bolivia, país limítrofe con Paraguay, y la cada vez mayor presencia social, cultural y política de los pueblos, a quienes percibe como una amenaza a sus intereses hegemónicos. Y Cuba, que lleva ya más de 40 años soportando el bloqueo unilateral estadunidense.

Con la decisión del gobierno paraguayo, Estados Unidos cierra el círculo de su estrategia hegemónica en América Latina y pone en peligro la soberanía de los pueblos, al imponer junto a su proyecto militar sus otros ejes de dominación como el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y la presión y condicionamientos de la injusta e inmoral deuda externa, que deben pagar los pueblos con su hambre, su pobreza y la exclusión social, mientras los gobernantes que los pueblos votaron actúan a sus espaldas, traicionándolos.

Hacemos un llamado urgente al presidente paraguayo y a los legisladores a que no hipotequen el presente y el futuro del pueblo.

Que rechacen la instalación de una base militar estadunidense en territorio paraguayo.

Reclamamos a gobierno y parlamento que actúen con dignidad y en defensa de la soberanía nacional y el respeto que el pueblo paraguayo merece.

Es necesaria la unidad y solidaridad de América Latina en proyectos comunes y la participación de los pueblos a fin de construir la Patria Grande, libre de dominaciones.

*Premio Nobel de la Paz.

 
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