Usted está aquí: jueves 14 de julio de 2005 Cultura Exilios y otras fábulas

Olga Harmony

Exilios y otras fábulas

El grupo Contigo... América es un desprendimiento del legendario Galpón, que vino a México exiliado de la dictadura uruguaya. Blas Braidot y Raquel Seoane, sus fundadores, deseaban una forma de actuación vivencial muy diferente a la requerida por Atahualpa del Cioppo, pero mantuvieron para su grupo una estructura semejante a la de la compañía original, con socios que aportaban cuotas para mantener la gestión independiente del nuevo colectivo. Tuvo su gran momento en la década de los 70 con presencias, sobre todo femeninas, que le permitieron escenificaciones muy importantes. Poco a poco los fundadores se fueron separando, por diferentes razones, del grupo que, aun antes del fallecimiento de Braidot, fue perdiendo presencia y en la actualidad se sostiene por el terco esfuerzo de la excelente actriz que es Raquel Seoane apoyada en su empresa por Pablo Jaime, aunque se siguen impartiendo en su sede talleres con cuyos miembros se forman los elencos. Su historia es semejante a la de todos los grupos independientes que se formaron en esas décadas y que merecen una revisión crítica.

En la actualidad, rumbo a su 25 aniversario, sigue produciendo, aunque su calidad tiene altos y bajos. Su última escenificación da cuenta de ello. Exilios está formada por tres obras cortas de las muchas que respondieron a la convocatoria de una editorial argentina que las editó en un volumen con el mismo título, dirigidas con desigual fortuna por Felipe Galván. De la argentina Susana Poujol se eligió Cautivas que narra en un tono semipoético el cautiverio de tres mujeres, una anciana (Raquel Seoane), una mujer (Liliana Guido) y una niña (Sandra Galeano) que se fugan mediante la imaginación de la mazmorra y la tortura. Del español Guillermo Heras Toledo se escenificó Sinaia, la que más debiera tocar el corazón mexicano porque nos habla del exilio español en nuestras tierras, pero que es excesivamente retórica y cuyos dos planos, el del pasado en el barco y el del presente en que se da cuenta de lo que representaron los intelectuales transterrados, no resultan muy explícitos, en parte por el texto con poca acción dramática y muy verbalista, en parte por la dirección y en gran medida por las deficiencias actorales del reparto. Nunca para siempre original del propio director, es la más teatral de las tres, tiene un conflicto -regresar al terruño o quedarse en la nueva patria-, con un final malicioso, y es también la mejor dirigida y actuada, por la propia Seoane, José Manuel Leguizamo, actor invitado y Williams Sayago. Más fincadas en la nostalgia que en la actualidad política, las tres obras muestran las heridas no cerradas para quienes sufren el exilio ante las dictaduras.

En el otro extremo del espectro de teatro social y político, un grupo de jóvenes egresados de la UNAM, ganadores del Festival Nacional de Teatro Universitario con esta escenificación, presentan Extraña fábula empresarial escrita y dirigida por Carlos Talancón. El texto dramático presenta los avatares de un solicitante de empleo en una gran compañía, dentro de la modalidad que se da actualmente en muchas partes, del tratamiento absurdo para hechos sociales y políticos. La acción va derivando del despojo que el funcionario de la compañía, Mr. Wilson opera en las personas y propiedades del solicitante, Huerta, hasta un delirante alegato de las virtudes de las trasnacionales y el sometimiento y el despojo final, del subdesarrollado solicitante, en lo que termina por ser una metáfora, tanto de las condiciones laborales en nuestro país, como de la apropiación extranjera, sobre todo estadunidense, de nuestros bienes y nuestra voluntad. Quizás algo reiterativa, la obra, empero, muestra la fuerza y el empuje de un nuevo dramaturgo al que hay que estar atentos.

En un espacio -debido a Mario Marín y con iluminación de Gustavo Ulloa- en que los espectadores forman una especie de caracol, con un escritorio y dos sillas al centro, la acción se va desarrollando bajo la dirección del autor, con los actores -con vestuario de Alicia Lara- que se mueven ya en el centro, ya entre el público. Javier Sánchez, como Mr. Wilson, con sus largas peroratas, Mauricio Pérez, como el obsequioso Huerta, Edgar Espinosa e Ismael Sánchez en sus dobles papeles de auxiliares y contador y Sra. Huerta respectivamente hacen un excelente trabajo. Es de esperarse que esta golondrina anuncie muchos veranos.

 
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