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18 de julio de 2005
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Ronald Buchanan

CAIGA QUIEN CAIGA

A fines de mayo, después de una serie de accidentes en el sureste del país, el director de Petróleos Mexicanos (Pemex), Luis Ramírez Corzo, hizo un pronunciamiento importante. En adelante, dijo, la seguridad será la prioridad número uno de la empresa y, por ende, condición para la permanencia en el empleo.

Fue el principio de una campaña relevante ­a cargo de Marcos Ramírez Silva, director de Operaciones­ de seminarios para el personal de la empresa y de acuerdos con sus contratistas.

Llamó la atención la advertencia de que, en efecto, la empresa iba a correr a los responsables de accidentes. En una empresa normal sería ociosa la declaración, pero no en Pemex, donde no se sabe de un solo caso en que un funcionario haya perdido su puesto por haber causado un accidente por error o negligencia, no importa cuán desastrosas hayan sido las consecuencias (centenares de muertos en dos casos).

Pero, ¿qué pasó luego de tan importante declaración de Ramírez Corzo? Dos meses más tarde, tres trabajadores de Pemex perdieron la vida y tres más fueron heridos cuando se cayó un mástil en el complejo Jujo-Tecominoacán, en Tabasco.

Curiosamente, tratándose de que la seguridad ya es "la prioridad número uno", el único boletín de prensa del incidente provino de la representación de Pemex en Villahermosa y no de la torre en el Distrito Federal.

La información se dio de "forma preliminar", y nunca salió una versión definitiva. Aun así, se informó que la caída del mástil había sido "accidental".

Menos mal que la gente de Pemex no sale a trabajar con la intención de matarse unos a otros. Las principales causas de los accidentes, sin embargo, suelen ser los errores y los descuidos, motivos más que justificados para despedir a los responsables.

¿O fue de pura mala suerte? Se supone que no, ya que Pemex seguramente habría informado en caso de que se tratara de un fenómeno natural, como la caída de un rayo o una tromba, tal vez.

¿Hubo investigación de Pemex y ­como debe ser, tratándose de muertes violentas­ de las autoridades judiciales (pues, la negligencia puede llegar a ser asunto criminal)? ¿Cuáles fueron sus resultados?

Tampoco se supo ni, es de suponer, se sabrá. Así era Pemex antes, y así parece que sigue siendo.

Todavía estamos esperando los resultados de las investigaciones "a fondo" que prometió Adrián Lajous cuando ocurrieron accidentes bajo su mandato en Pemex el sexenio pasado. Todavía estamos esperando para ver lo que pasó en Nanchital, Veracruz, cuando un derrame de amoniaco mató a seis trabajadores de un contratista.

"En Nanchital pagará quien tenga que hacerlo, y eso sólo lo podrán determinar las autoridades competentes", anunció después Rafael Beverido, director de Pemex Petroquímica. ¿Quiénes eran "las autoridades competentes"? y ¿qué determinaron? Nunca se supo.

Lo que no paran son las declaraciones. Según Juan Bueno Torio, director de Pemex Refinación, "no podemos caer en la complacencia, ya que la vida de cada uno de los trabajadores está de por medio y es ahí donde la disciplina operativa tiene que entrar, y es ahí donde la conciencia de cada uno de nosotros tiene que actuar para hacer un trabajo profesional".

Con tal de que nadie nos eche la culpa a nosotros, habría añadido.

El premio Kim

En medio de la controversia verbal sobre los timbres de Memín Pinguín, Luis Ernesto Derbez acusó a algunos políticos estadunidenses de buscar protagonismos. Pues, sí. Así son los políticos por naturaleza, y los de aquí son verdaderos campeones del arte.

Pero el premio Kim Il Sung, por lealtad a su querido líder, lo han de llevar los de Comunicación Social de Pemex. Desde algún tiempo atrás no emiten un boletín que no empiece diciendo "Petróleos Mexicanos, que dirige Luis Ramírez Corzo...".

Y yo pensando que era George Bush  §


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