Usted está aquí: sábado 30 de julio de 2005 Disquero Divinidad y erotismo

Divinidad y erotismo

El instrumento más antiguo del mundo y que es el medio de expresión vital por antonomasia: la voz humana, protagoniza los capítulos más trascendentes de la historia del arte sonoro.

En la entrega anterior presentamos un recorrido por lo más reciente que se ha grabado en torno del formato canción. Revisemos ahora las novedades que giran alrededor del canto coral.

El disco más hermoso que ha llegado a México en estas semanas es el que contiene la Messe pour double cheur a capella de Frank Martin y los Cinq Rechants de Olivier Messiaen (discos Harmonia Mundi). La belleza descomunal de esta grabación realizada en una iglesia de Berlín se desparrama en distintas estancias.

La atmósfera inicial es irresistible: el coro de cámara RIAS berlinés, dirigido por Daniel Reuss, escancia el encanto hipnótico de la Misa para doble coro a capella del suizo Frank Martin, calvinista fervoroso que consiguió materializar en esta partitura el punto más elevado del espíritu humano. Un verdadero portento de obra y de interpretación. Pero es apenas el inicio, pues enseguida suenan cinco piezas de La Tempestad, representación escénica a partir del texto de William Shakespeare, y de esa partitura Frank Martin (1890-1974) seleccionó estos pasajes para titularlos Canciones de Ariel.

Todavía subirá la intensidad de este disco con una de las obras más importantes del siglo XX: Cinq Rechants, cuyo autor, Olivier Messiaen (1908-1992) la consideró como una de sus mejores obras. Escrita en la misma época en que creó ese monumento fascinante que es su Sinfonía Turangalila, la obra Cinq Rechants es un dechado de genialidad, inteligencia sensible, sensualidad a flor de piel. Tristán e Isolda, Orfeo, Barba Azul, Merlín, los óleos de Marc Chagall y los de Hieronymus Bosch, desfilan en esta épica etérea de extremada dificultad técnica y de grandes placeres para el escucha.

El profundo erotismo que plasma el gran compositor católico Messiaen lo ata con constantes cambios rítmicos, intensidades brillantísimas, acentos dinámicos y ataques ondulantes y cambiantes duraciones con efectos alucinógenos.

De hecho, Messiaen inventa aquí un alfabeto propio, por momentos inspirado en el sánscrito y en el quechua, para ponerlo en los labios de las 12 voces mixtas que ponen en órbita al escucha.

Para regresar al planeta Tierra está el track último, con una obra breve de intensidades también cronométricas: O sacrum convivium.

Realmente una experiencia religiosa.

Pablo Espinosa

 
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