Usted está aquí: miércoles 17 de agosto de 2005 Opinión De antologías y autoantologías

Vilma Fuentes

De antologías y autoantologías

Sin duda, obra maestra en el género es L'Anthologie de l'humour noir, de André Breton. Desde luego, la selección de los textos fue también hecha con humor negro. Su prefacio es una joya de la crítica a la que sobra ese dejo de ironía silenciosa que vuelve un delicado lujo la crueldad.

Esta antología posee una misteriosa magia: quien la abre cae en la trampa, sin recurso alguno para poder ni querer escapar. Al contrario, se relee e incita a buscar más obras de sus autores. Clásicos como los consejos a los domésticos de Swift, el Vía Crucis a la manera de una carrera ciclista de Jarry, el testamento de Sade. Rescates de escritores auténticos pero desconocidos. Descubrimientos de contemporáneos.

Cierto, la selección de escritores ya desaparecidos parece más fácil: el tiempo ha llevado a cabo su labor y autores que causaron revuelo en vida quedaron sepultados junto con su obra. O, a la inversa, el tiempo ha labrado el terreno, limpiándolo de malas yerbas, donde crecen obras que, originales, extrañas a la tradición, crean caminos nuevos a los lectores.

No podría dejar de traducir una frase de Breton del prefacio de 1939, a propósito de uno de sus contemporáneos: ''El triunfo del humor, en su estado puro y manifiesto en el plano artístico, parece deber situarse en el tiempo mucho más cerca de nosotros y reconocer como su primer y genial artesano al artista mexicano José Guadalupe Posada, quien, en admirables grabados en madera, de carácter popular, nos vuelve sensibles todos los sacudimientos de la Revolución de 1910 (las sombras de Villa y de Fierro, en concurrencia con estas composiciones, deben interrogarse sobre lo que puede ser el paso del humor de la especulación a la acción), ese México, con sus espléndidos juguetes fúnebres, afirmándose al resto como la tierra de elección del humor negro".

Si Breton tuvo la decencia de no citarse en su Anthologie, la originalidad de su trabajo consiste en un hecho objetivo más importante: antes de ella, el humor negro, en tanto concepto, no existía. Fiel a sí mismo, Breton se quiso inventor, a semejanza del explorador o aventurero que descubre nuevas tierras, o inclusive un continente, y puede considerarse como el inventor de territorios ya existentes pero no conocidos antes de su intervención en la geografía universal.

En este sentido, el libro de Breton es el contrario absoluto de todas esas obras que se presentan como antologías. En vez de recopilar bajo la misma portada algunos extractos de autores más o menos de moda según las épocas, con el fin de proponer una lista de nombres que darán al lector la ilusión de tener en manos la mejor producción de un país o un siglo, cuando acaso no tiene más que las trivialidades de obras mediocres, reproducidas por costumbre o pereza, Breton tiene la audacia de emprender un viaje fuera de senderos trillados. Invita a descubrir algo distino a los lugares comunes que se hallan, de ordinario, en las antologías cuando sólo recogen lo que circula por todos lados.

Cada año aparecen nuevas antologías. Cuando se trata del Siglo de Oro, por ejemplo, todo parece fácil, inclusive si se sueña con la aparición de una mente capaz de cambiar el orden establecido y descubrirnos bajo otra luz la historia de los clásicos. Pero, cuando se trata de contemporáneos, casi todas las antologías, de un país a otro, hacen pensar en las baratas de las tiendas que proponen 10 productos desechables por el precio de uno durable.

Unos párrafos de Juan Rulfo y Carlos Fuentes o unos versos de López Velarde y Gorostiza, sirven de biombo para tratar de ocultar la mediocridad de los incluidos por ''amistad", compromisos o intereses -cuando no se autoantologan. Impostura que evoca la de las exposiciones colectivas donde, junto a una o dos litografías de Tamayo, Soriano, Toledo o Cuevas, se cuelgan los óleos disparados y sin creatividad, con raras excepciones, de ''jóvenes artistas". ¿Y por qué no una colectiva de trozos de esculturas, tal como se antologan trozos de novelas? Podría inclusive anunciarse un pedestal vacío como ''Los brazos de la Venus de Milo", sin un dejo de ironía. Pero para ello hace falta el humor negro.

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