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Desconocen autoridades efecto sobre pobladores y ambiente

Al aire libre, toneladas de desechos peligrosos, en BC

Clausurada en 1995 por la Profepa, el cascarón de Metales y Derivados sirve ahora de refugio a indigentes de Tijuana

ANTONIO HERAS CORRESPONSAL

Ampliar la imagen Predio donde estuvo Metales y Derivados, en Tijuana, Baja California FOTO Lluvia Mendez Foto: Lluvia Mendez

Tijuana, BC, 7 de septiembre. Entre seis y 10 toneladas de desechos tóxicos altamente contaminantes, residuos de plomo, cianuro, níquel, cadmio y zinc están abandonados desde hace años en 11 hectáreas de lo que fueron las instalaciones de la empresa Metales y Derivados, en la zona industrial de Tijuana. Autoridades locales y federales no conocen con precisión los efectos dañinos que este material tendrá sobre el medio ambiente y la población aledaña al predio, ubicado en la región de Mesa de Otay, al este de la ciudad.

Metales y Derivados se dedicaba al reciclaje de acumuladores; fue clausurada en 1995, luego de una inspección de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) por la que se determinó que sus procesos y las sustancias que manejaba eran nocivos a la zona industrial y a los habitantes del ejido Chilpancingo. Hoy, sus instalaciones son refugio de indigentes, quienes pepenan los escombros en busca de artículos con algún valor monetario, como cables de energía eléctrica, para venderlos y costear sus necesidades.

Para el delegado estatal de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Hugo Adriel Zepeda, el retiro de los desechos de Metales y Derivados "está muy adelantado". Consideró que luego de no hacer nada durante nueve años, de 2004 a la fecha se recogieron del lugar dos toneladas de residuos, los cuales se enviaron a Estados Unidos para su confinamiento final.

El traslado de plomo y demás elementos perjudiciales se inició con una aportación de casi 2.5 millones de pesos hecha por los gobiernos mexicano y estadunidense, por medio de la Semarnat y la Agencia para la Protección del Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés), respectivamente.

Zepeda sostuvo que "el problema mayor se encuentra casi resuelto en esta primera etapa, ya que los desechos tóxicos que se encontraban a la intemperie fueron trasladados, por lo que se considera que se quitó el riesgo superficial".

Indicó que la segunda fase de saneamiento consistirá en enterrar las toneladas de material que se encuentran a flor de tierra, meta que estaría cubierta a mediados de 2006, "siempre y cuando haya recursos suficientes para ello". Admitió que corregir la situación es cuestión de "voluntad y presupuesto".

Residentes de la contaminación

Para Zepeda, los indigentes que encontraron refugio en las áreas abandonadas de Metales y Derivados son un problema, porque "es difícil sacarlos, pues les importa poco vivir entre residuos peligrosos para la salud", pero acotó que el ayuntamiento local es la autoridad competente para retirarlos.

De esa área contaminada un puñado de tijuanenses ha hecho su dormitorio y su centro natural de reunión.

En medio de fragmentos de acumuladores, de desechos tóxicos, del abandono, un trío de jóvenes se guarece del sol y de la lucha por sobrevivir en una ciudad que los obliga, dicen, a encontrar cable eléctrico para vender el cobre que contiene.

Ricardo, El Richard, extravía la mirada hacia la otra Tijuana; de reojo mira hacia la zona donde habita su familia: el ejido Chilpancingo. Sabe que puede hacerle daño el contacto con material contaminante: "no ahorita ¿verdad? Pero con el tiempo... Es lo que dicen".

Este adolescente moreno, de mirada vidriosa y reflejos lentos, se pasa el tiempo en el cascarón de Metales y Derivados; se recuesta sobre una cobija tirada en el suelo y los restos de una lámina.

En torno a El Richard se desparraman restos de plomo que hacen estéril la tierra y todo augurio de vida. A unos cuantos pasos está un cuartucho derruido que alguna vez fue oficina, y hoy contiene un catre desvencijado, así como el asiento trasero de un coche.

Es la casa de El Barbas, un cuarentón que aparentemente se llama Gerardo y que durante el día vaga por la ciudad; por la noche descansa en la planta contaminada con plomo.

Entre los residuos peligrosos sobresalen botellas de aguardiente vacías. El mezcal sirvió para mitigar la necesidad de los indigentes que encontraron en Metales y Derivados un espacio dónde vivir su soledad.

Poco les importa el letrero promocional del gobierno de Baja California que anuncia que se utilizaron recursos públicos para la cerca perimetral del área contaminada, en la cual se advierten dos hoyos por los que se puede entrar.

Menos hacen caso a los carteles de advertencia de la Profepa sobre el peligro en la zona y su prohibición de adentrarse en el terreno, usado como estacionamiento por los trabajadores de fábricas contiguas, y como terminal por la línea de camiones urbanos Azul y Blanco.

 
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