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EL ALFILER SE ACERCA AL GLOBO 12 de septiembre de 2005

Ronald Buchanan

"Compra terrenos. Ya no los fabrican", decía con ironía el humorista estadunidense Mark Twain. Más de un siglo después, sus paisanos ­y los habitantes de varios países europeos­ han tomado su consejo con entusiasmo. Tanto así que hay temor de una burbuja especulativa en los bienes raíces, que podría reventar y detonar una recesión mundial.

El tema se ha complicado más por los estragos del ciclón Katrina. Algunos de los centenares de miles de damnificados ya buscan afanosamente vivienda para rentar o comprar. Ciudades como Houston, Atlanta y Baton Rouge experimentan un alza de precios del tipo a que ya se habían acostumbrado Nueva York, Miami y Los Angeles en los últimos cinco años.

La demanda alta y la clausura de puertos han aumentado los precios de los materiales de construcción, de tal manera que la recién anunciada baja en los aranceles punitivos para las importaciones del cemento mexicano queda sin efecto en términos prácticos.

Para el legendario Alan Greenspan, en la recta final de sus 18 años como presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), el desafío es mayor. A Greenspan muchos lo culpan de lo que él mismo ha provocado, la "burbuja" en el mercado de los bienes raíces. La política de tasas de interés bajas que ha seguido la Fed para alentar la expansión de la economía ha sido un factor importante en la creación de la burbuja.

Como consecuencia, las hipotecas son baratas y, con precios que han subido en más de dos dígitos porcentuales al año, la vivienda ha representado una inversión excelente. Tanto que muchos de los compradores ya no buscan dónde vivir, sino que compran y venden casas como cualquier mercancía. En otros casos, alentados por planes hipotecarios que no requieren de un enganche para compra de vivienda económica en barrios menos solicitados, gente de relativamente pocos recursos ha entrado al mercado por primera vez.

Cualquier aumento abrupto en las tasas de interés, con su impacto en las hipotecas podría sacar a los compradores del mercado; a los especuladores, porque la vivienda ya no sería tan rentable como otras mercaderías, y a los de menores recursos, porque ya no podrían pagar la hipoteca.

El resultado sería una sobreoferta de casas y un desplome en sus precios. El poder de compra de los que mantienen sus viviendas también caería, y con ello la producción industrial. En fin, la recesión.

Pero si aumentar las tasas sería peligroso, también lo sería mantenerlas bajas. Katrina ha detonado los ya de por sí altos precios de los energéticos, causa de casi todas las recesiones que ha sufrido la economía de Estados Unidos en el último medio siglo. Y el único mecanismo con que parece contar Greenspan para detenerlos es un aumento de las tasas de interés.

Pero si Greenspan se encuentra en la cuerda floja, también lo están ­o pronto lo estarían­ varias de las autoridades financieras al otro lado del Atlántico. Alemania no ha sufrido un alza importante en los precios de la vivienda, pero sí otras economías, como la de España, Francia y Reino Unido. Sólo en mayo pasado las instituciones financieras españolas prestaron la cifra sin precedentes de 26 mil millones de dólares en hipotecas, 19 por ciento más que en el mismo mes de 2004. Los precios de la vivienda en España están subiendo a una tasa anual de 17 por ciento y, sin petróleo ni gas propios, sería una de las principales víctimas de un alza de los precios.

Tal vez hoy día, Mark Twain habría modificado su consejo a los especuladores: compra petróleo. Ya no lo fabrican  §


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