Usted está aquí: martes 13 de septiembre de 2005 Economist Intelligence Unit Katrina: oportunidad o desastre para Bush

Katrina: oportunidad o desastre para Bush

El mal manejo de la crisis puede hundir al presidente estadunidense, quien ha recibido duras críticas

Economist Intelligence Unit /The Economist

Ampliar la imagen El presidente George W. Bush, acompa� de funcionarios federales y locales, recorre la zona devastada por Katrina FOTO Reuters Foto: Reuters

Ampliar la imagen La lentitud en la ayuda a los afectados por el hurac� principal cr�ca a Bush FOTO Reuters Foto: Reuters

WASHINGTON. El huracán Katrina golpeó las costas del Golfo en el momento exacto en que la aprobación pública del presidente George W. Bush caía a su nivel más bajo de todos los tiempos. La forma en que maneje, a corto plazo, las consecuencias de la monstruosa tormenta podría contribuir a limpiar la imagen de su liderazgo presidencial en un momento en que algunos problemas que predominan en la mente de los votantes -entre ellos la violencia en Irak y los altos precios de la gasolina- parecen insolubles.

Pero la impaciencia pública que se extiende por todo el país ante la lentitud de la recuperación y la dolorosa secuela económica de la tormenta también surge como una amenaza política.

Bush suspendió sus vacaciones de un mes en Texas y regresó a Washington, sobrevolando el área devastada a bordo del Air Force One antes de reunirse con su gabinete para coordinar las operaciones de socorro. En declaraciones desde el Jardín de Rosas dijo al pueblo de Estados Unidos que "nos enfrentamos a uno de los peores desastres en la historia de nuestra nación", y luego enumeró una larga lista de respuestas gubernamentales, entr ellas despliegue de tropas y envío de equipo, alimentos y suministros. También apareció en una rara entrevista en vivo en el programa Buenos días, Estados Unidos, de la cadena ABC, para hablar sobre el desastre.

Los estrategas y los analistas políticos advierten que si bien estas acciones podrían favorecer la imagen del presidente, el alcance de la destrucción plantea enormes riesgos políticos para él y su partido. Los votantes podrían enojarse con Bush y con los líderes republicanos si los esfuerzos de la recuperación decaen, o si la desorganización estimula la recesión nacional, o si resultan ciertas las quejas de algunos funcionarios de la costa del Golfo de que el gobierno federal privó de financiamiento adecuado al sistema de diques de Nueva Orleáns.

Cualquiera de estas circunstancias debilitaría aún más la popularidad de Bush, haciéndole más difícil promover la ambiciosa agenda de su segundo periodo presidencial ante un Congreso cada vez más reacio; asimismo profundizaría las preocupaciones republicanas por las elecciones de 2006. El periódico conservador Manchester Union Leader, de Nueva Hampshire, criticó a Bush por pronunciar el 30 de agosto en San Diego un discurso acerca de Irak, en momentos en que el número de víctimas mortales del huracán Katrina continuaba en ascenso. "El sereno, confiado e intuitivo dirigente que demostró ser Bush en su primer periodo se ha desvanecido", señaló el periódico en su editorial del día siguiente.

Al menos por el momento, Katrina ha cambiado el tópico de conversación política en toda la nación. El drama que se despliega en Luisiana, Mississippi y Alabama, donde las familias luchan por sobrevivir después de perder todo, desplazó las notas de prensa relativas al fracaso de chiítas, kurdos y sunitas iraquíes en lograr una constitución. También desvió la atención de las protestas contra la guerra inspiradas por Cindy Sheehan, quien perdió un hijo en los combates en Irak y quien permanece en plantón a la entrada del rancho de Bush en Texas. Por último, las noticias sobre el cierre de refinerías en la costa del Golfo de México dieron un nuevo vuelco al aumento en los precios del gas.

Todo eso es un alivio para un gobierno que ha visto cómo se erosiona la confianza en la Casa Blanca. "Nos da un respiro", dijo un estratega de la cámara baja republicana, que pidió el anonimato en razón de la susceptibilidad política sobre el desastre. "Ahora se trata de integrar con rapidez un paquete de auxilio."

"Creo que esto ayuda bastante (a Bush)", indicó Richard Sylves, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Delaware, quien reunió información acerca de las respuestas de los presidentes de EU ante los desastres naturales y sus consecuencias. "En general, los casos de desastres en gran escala centralizan el poder en la presidencia y mejoran las calificaciones del presidente ante la opinión pública, sobre todo si es visto como quien conduce a las tropas", dice.

En varios sondeos recientes de opinión pública, las cifras de las encuestas sobre la presidencia de Bush han alcanzado su nivel más bajo de todos los tiempos, arrastradas por las crecientes bajas en Irak y los altos precios de la gasolina. El más reciente, una encuesta del Washington Post y de NBC News que se dio a conocer la semana pasada, la aprobación al desempeño de Bush era de 45%, el más bajo incluso en ese sondeo, con 53% que desaprueban la manera en la que Bush maneja su encargo. La semana pasada, la calificación aprobatoria para el presidente fue de sólo 40% en una encuesta de Gallup, nueva marca a la baja en esa firma, con 56% que expresaron desaprobación.

El huracán Katrina podría ofrecerle a Bush algunas oportunidades de tener un momento de inspiración, como cuando visitó la zona cero en Nueva York, después de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Ese día Bush produjo el momento público definitorio de su presidencia para millones de votantes. De pie, junto a una bandera estadunidense, mientras los bomberos excavaban en los escombros del Word Trade Center, el presidente juró solemnemente que los perpetradores "sabrían de Estados Unidos" y unió al pueblo estadunidense en el combate global contra el terrorismo.

El momento, dice Sylves, "fue la declaración más simbólica para el presidente y forjó una tremenda confianza en su habilidad de responder al ataque". Aunque Katrina podría brindar una oportunidad similar, "el problema", expresó Sylves, "es que es posible equivocarse": no ofrecer una respuesta lo suficientemente rápida y eficiente.

Eso le sucedió al padre del presidente, George H. W. Bush, en agosto de 1992, cuando su gobierno fue criticado por no responder con prontitud a la devastación ocasionada por el huracán Andrés en Florida. Bush padre vio caer su apoyo en Florida y apenas si ganó el estado durante la elección presidencial de ese año, la cual perdió frente a Bill Clinton.

La lección no fue desaprovechada por Bush hijo, quien respondió vigorosamente ante cuatro huracanes que azotaron Florida en 2004, en medio de su campaña de relección. Hizo varias visitas a las áreas dañadas por las tormentas, para entregar agua y alimentos a las víctimas y evaluar las tareas federales de auxilio. Ganó Florida por 300 mil votos en la elección.

En otro riesgo, el gobierno y el Congreso enfrentan el potencial desencanto de los votantes sobre el manejo de la prevención del desastre y los esfuerzos anteriores al ciclón para mejorar el sistema de diques alrededor de Nueva Orleáns. Las críticas van en aumento. El New Orleans Times-Picayune reportó que funcionarios de la costa del Golfo advirtieron durante años que el impacto directo de un huracán categoría 4 arrasaría los diques que protegían a la ciudad de inundaciones.

Una fuente del Senado familiarizada con el tema informó que el gobierno no satisfizo por completo las solicitudes presupuestales del Cuerpo de Ingenieros del Ejército durante los cinco años anteriores para dar mantenimiento a los diques que rodeaban a Nueva Orleáns. La fuente, que pidió el anonimato, dijo que aunque la delegación de Luisiana ante el Congreso cabildeó por un financiamiento completo, el gobierno redujo los requerimientos.

En su sitio web, el Cuerpo de Ingenieros detalla la brecha entre lo que se necesitaba para el mantenimiento de los diques, lo que el gobierno solicitó y lo que el Congreso finalmente aprobó para el año fiscal 2005. El requerimiento del gobierno fue de 3.9 mdd; el Congreso lo elevó a 5.5 mdd, pero el sitio de Internet del Cuerpo dice que aun eso fue insuficiente.

Keith Ashdown, del grupo de vigilancia del Congreso Contribuyentes por el Sentido Común, comentó que Katrina podría plantear "un gran riesgo no sólo para el presidente, sino para todas las dependencias involucradas" si las secuelas "no se manejan a la perfección". Después de todo, dijo, "los alcaldes han perdido el cargo después de una tormenta de nieve mal manejada".

FUENTE: EIU

 
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