Usted está aquí: jueves 15 de septiembre de 2005 Ciencias Encuentran científicos claves genéticas para explicar adicciones

El gen llamado D2 está relacionado con efectos de alcohol y nicotina en el cerebro

Encuentran científicos claves genéticas para explicar adicciones

SIMON HADLINGTON THE INDEPENDENT

Muchos de nosotros disfrutamos de una bebida: una cerveza después del trabajo o un vaso de vino en la cena. Pero a algunos nos gusta más que a otros. Se calcula que uno de cada 20 adultos puede ser dependiente del alcohol, y que éste es causa de 4 por ciento de las muertes ocurridas cada año en el mundo.

También hay unos 765 millones de fumadores adultos en el planeta, y las enfermedades relacionadas con el tabaco matan a uno de cada 10 adultos, según la Organización Mundial de la Salud. Una pregunta que interesa a los sicólogos es: ¿por qué algunas personas pueden tomar y dejar el alcohol o el cigarrillo, mientras otras se vuelven adictas? Resolver este misterio podría ofrecer nuevas formas de ayudar a las personas a alejarse de las adicciones.

Nuevas investigaciones en las universidades británicas de Bristol y Oxford han agregado una pieza importante al complejo rompecabezas de la adicción, formado por sutiles interacciones entre factores moleculares, genéticos, sociales y ambientales. Los investigadores se enfocan en el neurotransmisor dopamina, sustancia química liberada en el cerebro en respuesta a actividades que asociamos con el placer, las cuales van desde comer y beber hasta el sexo.

La liberación de dopamina es la forma en que el cerebro nos recompensa por llevar a cabo funciones esenciales para nuestra supervivencia y nos motiva a seguir realizándolas. Sin embargo, ciertas sustancias, como la nicotina y el alcohol, pueden producir un torrente de dopamina, y lo paradójico es que tienen más probabilidad de dañarnos que de ayudarnos a sobrevivir.

"Con la comida, el sexo y otros estimulantes naturales, el cerebro nos recompensa con una liberación modesta de dopamina, para que aprendamos que vale la pena persistir en esas conductas", explica el doctor Marcus Munafo, sicólogo experimental de Bristol. "Con la nicotina o el alcohol obtenemos una descarga mucho más potente."

Causas de la adicción

Pero, ¿por qué no todos los que prueban el alcohol o el tabaco se vuelven adictos? Una línea de investigación que los científicos del mundo han seguido se basa en una variación natural de los sistemas de dopamina de las personas. Cuando la dopamina se libera en el cerebro, ejerce su efecto adosándose a moléculas específicas de proteína de las neuronas, llamadas receptores de dopamina. Hace varios años los científicos identificaron los genes que codifican estos receptores, de los cuales hay cinco tipos. Los estudios mostraron que uno de estos receptores, llamado D2, es el relacionado con los efectos de la nicotina y el alcohol.

Un dato importante fue el descubrimiento de que entre la población se da un pequeño número de variantes del gen D2. Algunas, entre ellas una llamada Taq1A, producen una densidad y una distribución relativamente más bajas del receptor D2, en tanto otras conducen a una densidad y distribución relativamente más altas.

"En el conjunto de la población, 30 por ciento de personas tendrán la versión de baja densidad de la Taq1A, y 70 por ciento la de alta densidad", señala Munafo. Hace unos 15 años un estudio en Estados Unidos examinó la relación entre el alcohol y el gen D2. Los investigadores descubrieron que las personas que tenían la versión del gen que produce menor densidad de receptores tenían más probabilidad de volverse alcohólicas.

"Una hipótesis era que el bajo número de receptores significaba que la persona obtiene menos gratificación al beber cierta cantidad de alcohol, y bebe más para compensar, lo cual puede conducir al alcoholismo", explica Munafo. Sin embargo, las nuevas investigaciones de científicos británicos confunden ese cuadro. Munafo y sus colegas tuvieron acceso a dos encuestas de salud, que contienen datos sobre los estilos de vida de las personas, inclusive sus hábitos de beber y fumar, y cuentan con muestras sanguíneas de todos los encuestados, lo cual resulta crucial.

Con modernas técnicas de análisis genético, los investigadores lograron detectar con rapidez qué variante del gen D2 poseía cada encuestado, y ver si se reflejaba en sus hábitos de bebida.

"En la muestra -menos de mil personas-, alrededor de 35 por ciento tenía el gen D2 que produce menor densidad de receptores, y 65 por ciento el de la versión de mayor densidad", refiere Munafo. "Lo que descubrimos fue que, en promedio, las personas con la variante de baja densidad bebían dos unidades de alcohol menos que las que tenían la de alta densidad. En otras palabras, si uno está en el grupo de baja densidad de receptores de D2, es probable que beba menos que los del grupo de alta densidad. Sin embargo, el primer grupo es el que tiene mayores probabilidades de producir alcohólicos."

No están claras las razones de esta aparente contradicción. "Podemos especular que, en general, las personas con menores receptores de dopamina del tipo D2 obtendrán menos placer del consumo del alcohol que los que tienen más receptores", señala Munafo. "La recompensa fisiológica que obtienen no es tan pronunciada, por lo que pueden sentirse poco inclinados a beber más: pueden tomarlo o dejarlo. Sin embargo, si recurren al alcohol para ayudarse a enfrentar sucesos estresantes de su vida, las personas con menos receptores podrían necesitar más alcohol para obtener el efecto deseado, y un consumo prolongado y creciente podría conducir al alcoholismo. Esto puede explicar que tanto bebedores sociales moderados como alcohólicos tengan la variante del gen que conduce a menos receptores. Por el momento, sin embargo, es pura especulación."

El hallazgo abre la posibilidad de que nuevas investigaciones examinen si existe correlación entre la propensión de un individuo a experimentar estrés, su sistema D2 de dopamina y la probabilidad de que si bebe tenga mayores probabilidades de ser gran bebedor.

Relación entre genética y conducta

Además de investigar la relación entre la genética y la conducta, Munafo y sus colegas tratan de descubrir si variantes particulares de dopamina pueden predecir la forma en que un individuo responderá a determinados programas para dejar de fumar. "Dado que algunas personas se vuelven dependientes de la bebida y el tabaco, y quieren dejarlos, ¿puede la genética decirnos qué tratamiento tiene más probabilidades de beneficio?"

En un estudio, los investigadores dieron seguimiento a personas que usaban parches para dejar de fumar. "Descubrimos que las personas con densidad reducida de receptores D2 se beneficiaban más de los parches, y que el efecto era especialmente fuerte en mujeres", informa Munafo.

Es concebible que en el futuro los médicos apliquen pruebas genéticas simples a personas que quieran dejar de fumar, y combinen esa información con datos sociales y personales para prescribir el régimen más eficaz para dejar el hábito.

Munafo acepta que tal investigación tiene importantes implicaciones éticas y sociales. "A veces las personas se preocupan de que las aseguradoras, por ejemplo, pudieran utilizar esos datos para decidir a quién otorgar una póliza. El hecho es que esas empresas han acordado no emplear datos de pruebas genéticas y, en todo caso, este trabajo se encuentra en una etapa muy temprana. No hablamos de enfermedades bien definidas; tratamos con efectos más sutiles, los cuales no van a obligar a nadie a portarse de tal o cual forma. Las aseguradoras cuentan con datos mucho más sólidos para basar sus evaluaciones.

"Sin embargo, sí es necesario abordar las cuestiones éticas y sociales. ¿Le decimos a una persona que su perfil genético indica que tiene probabilidades de volverse alcohólica? ¿Querrá saberlo? Si uno acude al médico para que le aconseje cómo dejar de fumar, y el médico prescribe un tratamiento basado en una prueba de ADN, y luego uno falla, ¿minará eso su confianza?

"Debemos avanzar con prudencia. Pero es un hecho que las personas se hacen adictas al alcohol y al tabaco, y si quieren evitarlo o dejar de fumar o de beber, y si podemos entender mejor algunos de los factores subyacentes que pudieran ayudarlas a lograr sus objetivos y mejorar su calidad de vida, me parece que sería bueno."

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.