Usted está aquí: martes 20 de septiembre de 2005 Opinión Montreal se inaugura con dos petardos franceses

Leonardo García Tsao

Montreal se inaugura con dos petardos franceses

Nuevo Festival de Montreal

Montreal, 19 de septiembre. Después de la paliza que es Toronto, las dimensiones más manejables del Nuevo Festival de Montreal vienen a significar un respiro. El hecho de tener una sección primordial de competencia sirve para establecer prioridades en las proyecciones del día. Asimismo, las proyecciones de las otras secciones -Planète Terre, Univers Latin, retrospectivas dedicadas a Michel Brault y Michel Deville- se repiten en diversos horarios en días distintos.

Todas las funciones se realizan en el animado Barrio Latino, que queda a unos 10 minutos de caminata del hotel donde están concentrados los invitados. A diferencia de Toronto, este festival no quiere que hagamos un mínimo de ejercicio, pues ofrece transporte continuo hacia esa zona.

No somos los únicos en establecer comparaciones con el competidor de Ontario. El delegado de programación Moritz de Hadeln ha repetido en diversas entrevistas que la selección de Montreal "ha privilegiado la originalidad y la calidad sobre la cantidad", una no muy sutil pedrada al abundante programa de Toronto. También ha insistido en comparar a esta edición, organizada en seis meses, a una "copia de trabajo", lo cual tampoco es una forma sutil de curarse en salud. Para 2006 se adelantarán las fechas, tal vez para hostigar aún más al viejo festival de Serge Losique. Por lo pronto, éste ya entabló demandas contra Telefilm, la compañía canadiense que ha respaldado al nuevo proyecto, y el propio De Hadeln, por haberlo comparado en alguna ocasión con Al Capone.

Dado que la francofonía es importante en Québec, la película de inauguración fue la francesa Les poupées russes (Las muñecas rusas), de Cédric Klapisch, secuela de su anterior L'auberge espagnole (hasta donde recuerdo, no estrenada en México). Habiendo aceptado la diversidad cultural del sentido del humor, debo confesar una férrea resistencia a la comedia francesa contemporánea, sobre todo la que quiere hacerse la ingeniosita al modo hollywoodense (en su versión sitcom), provocando grima en lugar de risa. Superficial de forma irremediable, Klapisch ha confeccionado algo que parece ser la unión de tres malos episodios de Friends, doblados al francés. Está bien que las películas inaugurales tiendan a ser simples divertimentos para dejar a los invitados de ánimo festivo, pero Les poupées russes invita más bien a cometer actos de vandalismo.

La otra proyección para la prensa fue de otra sangronada francesa, Le parfum de la dame en noir (El perfume de la dama de negro), de Bruno Podalydès, a su vez otra secuela de su anterior Mystère de la chambre jaune, ambas adaptadas de novelas de Gaston Leroux. A grandes rasgos, es la intriga de un fakir que se finge muerto para luego sustituir a quien se va casar con su viuda, mientras el hijo de ambos investiga el caso en una villa al lado del mar, donde intervienen varios otros personajes excéntricos. Si bien Podalydès hace un pastiche de los seriales viejos y consigue una que otra ocurrencia graciosa, toda la farsa se antoja innecesariamente elaborada. Este es del tipo de películas que emplean los 15 minutos finales para explicar cada detalle de los sucesos misteriosos antes mostrados, con el inconveniente de que no han inquietado a nadie.

Las dos desafortunadas películas se exhiben fuera de concurso, lo cual ha sido un aliviane para el jurado, presidido por Claude Lelouch, quizás el director francés más cursi de la historia, e integrado por el cineasta mexicano Felipe Cazals, el actor taiwanés Chang Chen, la actriz italiana Anna Galiena, el cineasta local Marcel Jean, el productor alemán Eberhard Junkersdorf y la checa Eva Zaoralová, directora del festival de Karlovy Vary. Por cierto, a Cazals se le dedicará un programa especial conformado por el estreno mundial de Las vueltas del Citrillo, su más reciente realización, y el clásico Canoa.

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