Usted está aquí: viernes 23 de septiembre de 2005 Opinión Cervantes y la deconstrucción

José Cueli

Cervantes y la deconstrucción

Salvador Rocha -sicoanalista ortodoxo- centró en unos versos el pensamiento de Jacques Derrida, el filósofo francés llamado a revolucionar el pensamiento de la época. ''Escribo gotas de sangre sobre tu piel/ antiguos códices/ leo lenguas lejanas/ abeja en mi cabeza". Verso que abreva las sombras en que se mueve Derrida, quien hereda de Freud, Nietzsche y Heidegger, la obsesión de encontrar las llaves que segundo a segundo nos abren las puertas del espíritu.

Esta línea de pensamiento en la que el verso de Rocha apunta hacia esa búsqueda de las puertas para llegar a la esencia del espíritu, me induce a pensar que Cervantes, con su ingenioso hidalgo, se inscribe como un digno antecesor del pensamiento deconstructivo.

Entre las sombras, más allá y por encima del magistral logro literario, la grandeza de la obra cervantina invoca a las sombras, a los antiguos códices, a las lenguas lejanas, a la imaginería irredenta que invoca una y otra vez el origen sin origen, la archihuella derridiana y la búsqueda incesante del ser qué, estructurado y desestructurado a la vez que busca, desde la melancolía constitutiva del ser que emerge desde la falta y el desamparo, abrir las puertas del espíritu en un juego incesante en pos de un sentido, de una quimera, de un sueño, de una fantasía de completud.

Cervantes escribe, en realidad, privilegiando la escritura interna en su incesante develamiento y ocultación, entre el misterio y la revelación. En ese hacerse y deshacerse del ser del que emerge el sujeto en su miseria y su grandeza.

Rocha descubre en su trabajo sobre Derrida, que yo pretendo enlazar con la obra cervantina, el misterio, el análisis del inconsciente que permite una verbalización de la escritura interna. Este análisis llamado ''deconstrucción" es un modo de filosofar, un estilo de pensamiento político, una forma de escribir y a la vez un análisis. En mi opinión todo ello plasmado en el pensamiento cervantino hace 400 años.

La deconstrucción se nos revela como un pensar en el que domina una jerarquía de los conceptos y los códigos exhaustivos y absolutos de verdad. Esta invierte la oposición clásica de causa-efecto. Así la secuencia temporal de los fenómenos no es entendida como un antes y un después, sino en una forma análoga con la construcción que del aparato síquico hace Freud: estratificación de planos de una huella neurológica que abre paso a la escritura síquica y de ahí la posibilidad de ser en el mundo.

Derrida complica las cosas al sostener que en la deconstrucción, la causa y el efecto pueden ocupar un lugar originario, donde el origen ya no es origen y pierde el valor metafísico asignado por el logofonocentrismo y la filosofía tradicional, al reducirse la forma entre significado y significante, sobre todo si consideramos la concepción ontológica del tiempo como una unidad lineal estática, propuesta por Heidegger, en la que todo advenir implica un haber sido.

Las ideas de Derrida son compatibles con la concepción freudiana del inconsciente y del a posteriori -Nachtraglichkeit- concepto del pensamiento sicoanalítico que enfatiza que el pasado actúa en presente, no como una causa remota, sino como agente determinado que rescritura al ser en un único plano ontológico.

Cervantes, genial deconstructor, hace de su Don Quijote un ser que rompe con el encasillamiento, que habla, se conduce y deja traslucir la escritura interna, que se inscribe como un ser sin temporalidad ni espacialidad fijas, que trasciende, se trasciende y nos trasciende, que apunta al origen propio y ajeno a sabiendas de que no hay origen sino tan sólo escritura interna que segundo a segundo, instante por instante, nos abre las puertas del espíritu.

 
Compartir la nota:

Puede compartir la nota con otros lectores usando los servicios de del.icio.us, Fresqui y menéame, o puede conocer si existe algún blog que esté haciendo referencia a la misma a través de Technorati.