Usted está aquí: viernes 23 de septiembre de 2005 Opinión El desnudo contra los naufragios

Rodrigo Moya

El desnudo contra los naufragios

Una notable exposición fotográfica en un viejo edificio en el sur del Centro Histórico aporta la mirada de diez fotógrafos sobre el desnudo. La orilla del Centro es un espacio que buscará mostrar trabajos fotográficos novedosos y de calidad a un público generalmente alejado de las galerías.

El nombre de la callecita en el extremo sur del Centro Histórico parece anunciar algo de lo que verán quienes se animen a entrar al número 15 de la calle Delicias, a unos cuantos metros de Salto del agua, entre López y Eje Central. El lugar, con más de medio siglo a cuestas, muestra en los anchos pasillos de sus dos primeros pisos casi un centenar de fotografías. Florián Sachs, destacado impresor fotográfico, quiso dar a conocer los heterogéneos enfoques de diez fotógrafos frente al cuerpo humano libre de ropas y complejos. La exposición, integrada a Fotoseptiembre 2005, aborda -con curaduría dificultosa por el exceso de imágenes- un tema más que manoseado por cualquier poseedor de una cámara, pero que sólo fotógrafos talentosos pueden rescatar del lugar común y sacarle a piel sus misterios y sus infinitas sugerencias.

El edificio de Delicias 15 ha pasado décadas como un barco a punto de naufragar, rodeado por puestos de vendedores ambulantes, olores y ruidos de toda índole. La parte baja la ocupa un billar de esos donde sólo se atreven los muy buenos o los muy valientes; sus cuatro pisos comunicados por un desvencijado elevador albergan espacios para oficinas, la mayor parte desocupadas o utilizadas por algunos comerciantes para guardar su mercancía por la noche. El extraño inmueble, entre el naufragio y la posible navegación futura, abre al público su primera exposición consistente en 100 fotografías -impresas, casi todas, en la emulsión clásica de gelatina de plata sobre papel-, que revisan el desnudo fotográfico, un género agotado a veces por el abuso.

Tres naufragios en uno

A este edificio llegó hace año y medio el alemán Florián Sachs, aclimatado desde hace quince años en Cuernavaca, donde ejerció las habilidades de impresor fotográfico de alta calidad adquiridas en su ciudad natal Stuttgart. Ahogado por un medio raquítico y la escasa demanda de impresiones finas en papel de fibra, decidió probar fortuna en la ciudad de México. Al mismo tiempo, otro fotógrafo, también de origen alemán, Max von Son, deja Cuernavaca y regresa a la capital, ante la escasez del trabajo profesional que ejerció durante años en el terreno de la foto comercial. Como a tantos otros fotógrafos o impresores de formación clásica, la revolución digital les cerró el camino, y casi en calidad de náufragos, emigraron a la capital.

Ambos artistas, amigos desde años antes, coincidieron en Delicias 15: Von Son como administrador del inmueble y Sachs ocupando espacios donde instaló, asociado con Eduardo Espinosa, una amplia gama de servicios fotográficos, desde impresiones finas en papel de fibra o resina, hasta la superficie de proyección más ancha de México para gigantescas transparencias Duratrans, o fotos murales en papel fotográfico a color. Así, un edificio decadente y dos fotógrafos huyendo del naufragio en una ciudad poco propicia, decidieron hacer algo más que ejercer sus renovadas profesiones. Y así nació el proyecto de una galería especializada en fotografía que, por su ubicación, acertadamente fue nombrada La orilla del Centro.

Un punto y aparte

Los pasillos y algunos despachos en este edificio de los años 40 del siglo pasado fueron remozados e iluminados cuidadosamente. A lo largo de ellos se montó la exposición con el chocarrero título de Calzón quitado, desconectado de la intención de la muestra. En ella alternan fotógrafos nóveles con maestros de ya larga carrera. Destaca la presentación como fotógrafo del pintor Rafael Cauduro. Dos grandes piezografías de 90 centímetros por casi 2 metros de alto, realizadas por Ricardo Espinosa a partir de dos desnudos masculinos tomados por el propio pintor, abren espectacularmente la muestra desde el primer descanso de las anchas escaleras. Luego, en el pasillo del primer piso, una serie de Max von Son, con Norka Korda como modelo, enseñan la madura belleza de una mujer desnuda recortada contra el cielo urbano, hendido por la torre de Teléfonos de México. Ricardo Garibay y Enrique Torres Agatón, fotógrafos que oscilan entre Cuernavaca y México, muestran series donde destacan el manejo de la luz del primero, y las puestas en escena del segundo. Jorge Claro León, con carrera larga en el periodismo, maneja sus desnudos con impecable técnica y una exquisitez teatral resaltada por la belleza y profesionalismo de sus modelos.

Korda, el ya fallecido autor de la imagen más difundida en la historia contemporánea, la del Che Guevara, presentó por medio de su hija Norka tres impactantes desnudos y un autorretrato de 1964 mientras fotografiaba a su modelo predilecta. En la galería superior se presenta con abundancia, como un punto y aparte del contexto colectivo, la obra de Ricardo Vinós, otro de los fotógrafos fugitivos del Distrito Federal y afincado en Cuernavaca. Con un espacio propio adjunto al pasillo superior, Vinós muestra su originalidad en dos docenas de imágenes, en las cuales vibra un erotismo atormentado junto a un misticismo con ecos del arte español impregnado de elementos profanos y sagrados. Daisy Loewenthal, joven documentalista danesa, quien ha visitado México varias veces, prefirió retratar parejas en lugar de cuerpos solos. Felipe Vázquez fotografió dos efebos en gran formato, y Víctor Hernández intentó descifrar los enigmas del desnudo mediante la foto digital. Quien esto escribe aportó cinco imágenes rescatadas de un archivo aún en exploración, donde el género desnudo parecía no existir.

La idea de los curadores de complementar las imágenes con un texto de cada autor, con el cual definieran sus ideas sobre el desnudo, enriquece la contemplación. No todos lo expresaron con claridad o amplitud, pero algunos textos se rescatan como originales definiciones personales. La orilla del Centro emprende así, en solitario y sin experiencia en el mercado, un camino sin prisas, pero con objetivos claros: difundir buena fotografía e implantarla en un sitio donde, por ahora, sólo hay ruido, vendedores ambulantes y los olores barrocos del cercano mercado de San Juan. Un camino difícil, pero prometedor...

La orilla del Centro está en la calle de Delicias 15, Centro Histórico, cerca del metro Salto del Agua. Se puede visitar de lunes a viernes de 9 a 19 hrs. Mayores informes al teléfono 5510 2311.

 
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