Usted está aquí: lunes 26 de septiembre de 2005 Opinión La esencia

José Cueli

La esencia

Bebo cerveza y leo a Pierre Rey, y me llama la atención un párrafo que enlazo a las corridas de toros. "Sin saber por qué doy una mirada sobre la etiqueta de la botella. Leo; ingredientes: agua, azúcar, jugo de limón reconstituido (0.5 por ciento), acidificador, ácidos cítricos, aromas naturales de té limón, antiocígeno; ácido ascórbico, extracto de té (0.3 por ciento) y colorante E 150 D. Así creyendo haber bebido un té natural, un verdadero té, sólo absorbí más que un extracto al 0.03 por ciento diluido y coloreado al 150 D".

Tal es el toreo, tal es el amor. Un sentimiento intenso, profundo, exultante, más que verdadero, del que percibimos de repente los distintos fragmentos de que se componen, sin relación con la esencia -en el sentido de la esencia en un perfume- de la "casta" en los toros que creemos encontrar en las plazas de toros. Y por lo tanto la vivimos y luego nos decepcionamos.

Gozamos tanto de ese toreo impuro igual al del té tomado por puro. Recreado por su disfrute ilusorio. Pero ¿disfrutar no es recrear? El toreo hoy en día se compone de productos de síntesis: con lo falso (bravura con docilidad, nobleza con boyantía), en fin, esperanza, creencia y posterior desilusión. En el toreo al igual que el amor nos confundimos y cada uno descubre lo que quiere ver. Algunos creemos percibir la esencia, el aroma, el buqué de los lances de milagrería a un toro con su propia esencia encastada en el juego emocionante de la vida-muerte.

 
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