Usted está aquí: domingo 2 de octubre de 2005 Opinión ¿El crudo no exportado? ¡Refinarlo!

Antonio Gershenson

¿El crudo no exportado? ¡Refinarlo!

Se está quedando una buena cantidad de petróleo crudo mexicano sin exportar. Las refinerías cerradas en la costa del Golfo de México en Estados Unidos no lo pueden procesar, y por lo mismo las compañías dueñas de esas instalaciones no compran lo que no pueden refinar.

En varios casos, el cierre no es por poco tiempo. Las cuatro refinerías dañadas por el primer huracán, Katrina, pueden estar cerradas hasta fines de año, o incluso hasta el año próximo. Las que fueron cerradas a partir del segundo, Rita, y no han abierto, están en su mayoría en el sitio por donde este huracán entró a tierra. Además de los daños en cada una de ellas, en la zona de Port Arthur no hay energía eléctrica, y se estima que se podrá restablecer en un mes. Tampoco hay electricidad en Lake Charles, la otra ciudad más afectada, y ahí el restablecimiento se estima en dos a tres semanas. Ambas ciudades están en la costa texana, cerca de Luisiana.

Además, un poliducto, que abastece normalmente el 10 por ciento de los refinados del medio oeste, desde Houston hasta Chicago, está cerrado. Las refinerías paradas por Rita normalmente producen más de un millón de barriles diarios de gasolina -más del doble de la producción conjunta de todas las refinerías de México-, y una cantidad un poco mayor de otros refinados.

Resulta que las refinerías de nuestro país son operadas a aproximadamente 80 por ciento de su capacidad. En otras épocas operaban hasta al 100 por ciento. En Estados Unidos, antes de los huracanes, el conjunto de las refinerías, ante la gran demanda y con los precios tan altos que ya entonces había, estuvo operando al 97 por ciento. O sea que no hay pretexto para no operar nuestras refinerías a mayor capacidad, con el crudo que, reconocen las autoridades, no podemos exportar.

Con eso importaríamos menos de esa gasolina, que está carísima, al punto de que Pemex pierde dinero al comprar allá y vender aquí. Además, al procesar más crudo nuestras refinerías producirían más combustóleo y diesel. Con ellos, las plantas alegremente convertidas a un gas natural que también está carísimo, y del cual importamos un alto porcentaje, pueden volver a operar como antes, por lo menos durante estos meses.

Con ese gas, en Estados Unidos el problema es tal vez peor que con la gasolina. Por falta de energía eléctrica en la región, el centro de distribución y comercialización Henry Hub, en Luisiana, ha suspendido sus operaciones, después de que el precio allí rebasó los 14 dólares por millón de BTU, siete veces el precio promedio de la segunda mitad de 1998. La producción de gas en la parte estadunidense del Golfo de México se paró en 100 por ciento. También fue cerrada una terminal de importación de gas natural licuado en Lake Charles.

En realidad, y como empezamos a ver en el artículo del domingo pasado sobre los precios, el sistema establecido por los tecnócratas para el manejo de los combustibles y otros hidrocarburos ya iba rumbo a la quiebra. Los huracanes sólo acortaron los plazos. Ya antes de los mismos, el valor de las importaciones de gas, refinados y petroquímicos casi alcanzaba al de las exportaciones de crudo, a pesar de los altos precios que éste alcanzó. Ahora, peor, y tal vez ya pesen más esas importaciones. El crudo sigue muy caro, pero no ha subido tanto, porque las refinerías cerradas, obviamente, no lo consumen. Los refinados y el gas natural sí, y este gas llegó en los días recientes al precio más alto de su historia.

No es sólo un problema económico, es un problema estratégico: estos energéticos son indispensables para la economía nacional. ¿Tenemos que esperar a que, tal vez en el invierno, con su aumento en el consumo de gas natural, nos limiten, o incluso nos suspendan el suministro, como le pasó ya a Chile con el gas que importa de Argentina?

Seremos un país petrolero, pero nos han llevado a depender de las importaciones de refinados, y sobre todo de gas, el cual es usado en cada vez más plantas generadoras de electricidad. Por eso es cada vez más importante que defendamos nuestra seguridad energética.

 
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